Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

17 de agosto de 2024

Embriagada.

Hay algunas experiencias que me brindan un profundo sentimiento de goce. Hace décadas (me encanta cuando puedo usar esta expresión), las buscaba forzándome a aguantar asuntos que no me gustaban para alcanzar una experiencia de goce, pero casi siempre terminaba tan exhausta que esa emoción intensa me duraba poquito -lo suficiente para sonreír, pero no para recordarla o disfrutarla-; ahí prefería volcarla o, mejor, transformarla en algo concreto como un cuento o una entrada en el blog. De este modo sería capaz de mantenerla en la memoria, aún si no alcanzaba a disfrutarla o entregarme completamente a esa experiencia; una descripción, una historia, una idea, cualquier prueba escrita de que yo lo había vivido. Hay un montón de entradas que quedaron "congeladas" porque pocas veces volví, no regresé a leer, no los modifiqué (o corregí), no las he buscado ni tampoco creo recordar la gran mayoría; ahí continúan. Hay otras tantas a las cuales regreso y regreso, vuelvo, uso, recuerdo, desempolvo, revivo y vuelvo a experimentar (aunque solo sea en la memoria, amablemente guiada por mis propias palabras que brindan al recuerdo una abreviatura del hecho que escribo). Es como ver el avance de una película, ver un "cortito" con el que piensas que quieres verla, pero no lo suficientemente bueno como para ir a verla; al final no es que no quiera verla, sino que no puedo verla... quizás no es un buen ejemplo. 

Hoy, en particular, fui acogida por gente amable, fui oída como un igual, fui aceptada e integrada; todo sin esfuerzo, sin aguantarme cosas desagradables, sin estar buscando una experiencia de goce y la alcancé. Gracias. 

 

2 de agosto de 2024

Necesito quejarme y juro que solo es eso.

¿Sabes? me siento muy enojada por un montón de cosas, pero siento más el enojo porque me ha tocado tragármelo aun sin quererlo... sintiendo también ganas de hablar de esto, pero sin tener a alguien que me escuche. Sé bien que me quejo re-mucho, pero necesito quejarme "pa juera", no así con mis asuntos felices, esos me los puedo comer bien y disfrutar en soledad (y sacarlos como cartitas sorpresa cuando quiero que alguien sienta culpa o se arrepienta de weás que ha dicho). 

Desde el 2021 he sentido ganas de volver a reunirme con Los Viajeros y no necesariamente con los Viajeros que conozco, extraño mucho conversar con otras personas que quieran escribir cuentos porque siempre aprendo de los que conozco (sean jóvenes o mayores, hombres o mujeres, conocidos o no, tengan un largo camino escribiendo o apenas empiecen a hacerlo). Supongo que es el roce social, tener un tema común, aprender, conocer, conversar, desafiar a alguien, mirarlos a la cara y hacerlos sentir incómodos, que me odien y sigan yendo; me encanta y lo extraño. Ahora, eso de extrañarlos, me hace sentir un poco triste y poco más. Lo que me enoja bastante es la poca interacción o interés. No sé por qué siento tanta rabia cuando he oído a alguien decir "esto me encanta", "esto es mi sueño", "no dejaría de hacer esto", "quiero seguir", "¿cuándo volvemos?"... y después ni sé de ellos en años, desaparecen o hacen otra cosa y siento que me estaban mintiendo cuando los escuché. Pienso en el momento en que yo los escuché y me sentí feliz, sentí el corazón caliente porque ellos manifestaban abiertamente una decisión, una firme convicción, verbalizando un deseo intenso de hacer algo, mientras a mí me cuesta un montón tomar decisiones, decir "amo esto", "me gusta hacer esto", "este es mi sueño", "esto me apasiona". Creo que me enojo porque siento que se traicionan, dicen algo, luego hacen otra cosa y yo lo interpreto como una mentira porque siento envidia de la convicción que muestran otras personas, justo porque carezco de ese deseo intenso de hacer algo. Sé que es difícil de comprender, imagina lo que me tomó entenderlo y dejar de perderme en esas emociones; revisarlo y destriparlo para comprender. Ahora sé que no tiene sentido exigir a otras personas que mantengan fijos esos deseos porque las personas crecen y cambian, viven otras cosas y sufren otras cosas, no hay cosas "fijas". Yo me sigo enojando por weás, pero ahora no lloro por eso y tampoco lo hablo, tampoco termino odiando tanto a esas personas; ahora me lo guardo hasta que me dan ganas de quejarme acá.

Me demoré mucho escribiendo lo anterior y ya se me olvidaron las otras quejas. Santo remedio.      

20 de junio de 2024

Estoy reclamando (otra vez)... ¿por qué el mismo día, una después de la otra?

Un día, según yo del 2018, alguien me tomó una foto mientras presentaba en la Feria del Libro de La Serena (verano), en el sector café (no en el escenario principal) junto a Tomás y Guisela. En la foto salgo de pie y puede que las otras personas estén sentadas o de pie igual que yo, pero eso no lo recuerdo. Poquísimas veces me han tomado fotos de lado, no de frente, de lado, de pies a cabeza, completa, pero de costado. Veo mi cuerpo y se me hace extraño, aunque sé perfectamente por qué me veo tan extraña y por qué -en serio- estaba tan fuera de mí, con una forma nueva y extraña que no había tenido nunca en mi vida, incluso en mi juventud veinteañera o en mi etapa escolar. Además de esa figura trastocada, el vestuario ajustado y el color -gris y negro-, además de los tacones y la sobriedad de todo el momento (aunque no era solemne la presentación) me transmiten una sensación tétrica... además sé en qué andaba y por qué me veía así. Me sentía débil físicamente, me sentía quebrada y a punto de derrumbarme en el aspecto mental/psicológico. Por otro lado, percibirme delgada y usando la ropa adecuada (casi hecha a la medida del cuerpo que tenía en ese momento) que me hacía notar que otros me miraba "mucho", más que siempre, quizás demasiado y eso me brindaba un poquito más de seguridad en mí misma. Me sentía agradecida porque esas miraditas que percibí como agradables, me daban las fuerzas que me faltaban en ese momento. Durante la presentación miré el reloj varias veces, no podía excederme del tiempo asignado porque algún organizador puso esa presentación a las 18:00 y otra -ambas conmigo en escenario- a las 19:00... terminar a la hora una de ellas -la que acabo de describir-, disculparme y echar a correr para recoger mi mochila, medio esconderme detrás de un módulo y cambiarme la ropa, respirar y salir corriendo a dejar la mochila, correr al camarín, cruzar palabras con los músicos y salir porque era el momento. Apenas supe el programa de la feria, me pregunté cómo me las arreglaría para hacer algo a las 18:00 y terminar a las 18:45; comenzar lo siguiente a las 19:00 y terminarlo bien; el mismo día, la misma tarde, en la misma feria. Yo entiendo que no soy la participante más conocida de todas las personas que presentan en la feria (durante dos semanas en esos años), entiendo también que a alguien se le ocurriera agendarme dos presentaciones el mismo día porque 2x1 y ¿sale más barato porque tengo que pagar un solo pasaje?... no entiendo la lógica que usan para agendar las presentaciones de la feria del libro y debo declarar que los organizadores me conocen, saben que voy todos los días a la feria y que siempre he presentado a la hora y he cumplido con lo que he prometido hacer. 

Me pregunté, en el momento, cómo es que me agendaron dos presentaciones, una después de la otra, el mismo día, y lo atribuí a un error o comodidad de la organización (o pensar "weno, los otros autores se acomodaron, ella igual")... este año me pasó de nuevo y ya parece webeo porque además de agendarme dos presentaciones (una en la mañana y una en la tarde), mi participación vino con lluvia, corte de luz y escándalo. Debes saber que la más mínima gotita, humedad excesiva o lluvia es catastrófica en las ferias del libro: la municipal, la del ministerio, la de la red, cualquiera; no podemos hacer las ferias con lluvia en esta ciudad. En la última feria del libro me agendaron dos presentaciones: una en la mañana y una en la tarde. La de la mañana se canceló porque cayó poquita agua y colapsó ¿todo? no lo sé, pero no había luz y me llamaron como dos horas antes para cancelar mi presentación. Llegué y tampoco tenía claro qué hacer, ya que pensaba que sería imposible reagendarla dentro de la misma feria (quedaban pocos días)... a darle, total, me imaginaba que asistirían súper pocas personas (como siempre) y que, me sintiera como me sintiera, tenía que hacerlo igual. Así y todo, hice lo que pude, lo que estaba dentro de mis posibilidades, lo que podía hacer después de tantos días y tanto correr por toda la feria. No le deseo a nadie que le toquen dos presentaciones el mismo día, tampoco con una hora de diferencia; hay demasiado que pensar, mucho que coordinar, detalles que se convierten en problemas y estupideces que podrían no ocurrir (pero pasan igual). 

Después de todo, cuando ya estaba medio aliviada de mis tareas obligatorias (esas que no puedo delegar), me fui bien a la chucha. Alguien podría decir que me conoce, que sabe lo que hago, que está al tanto, que está pendiente y le diría que está mintiendo. Alguien también me podría cuestionar sobre mis labores públicas (a la vista de todos, pero no necesariamente que tengan que ver con presentaciones), sobre la urgencia que me impongo o el actuar apresurado, sobre mis momentos de descanso o mis segundos de ocio; le diría que me siento muy sola aunque esté rodeada de personas y que nadie me acompaña todas las horas del día que dura la feria (esa feria y las otras) como para decir algo -bueno o malo- al respecto. Por algunos asuntos que no elegí y otros tantos que sí, he estado acumulando una carga grande sobre mí (durante años); a veces, cuando muchos factores se acumulan y me siento sola y no he hablado con nadie y el tiempo no me permite ausentarme y pasan cosas que no deberían suceder; me colapso. No alcanzo a "verlo venir", no alcanzo a hacer algo. Me pasan treinta mil cosas en la cabeza y en el cuerpo, no puedo pensar, no puedo decidir bien, no puedo hablar bien, no puedo actuar bien. Me demoro bastante en recuperarme (horas, a veces días) y la vida sigue, la feria continúa, las personas no se detienen y yo tengo que seguir ahí porque me voy al cierre (aunque no tenga ganas, aunque no me sienta bien, aunque no quiera). Aunque me siento sola muchas veces, sé que no estoy sola; al irme a la chucha me ayudaron cuatro personas; cuatro personas me ayudaron en lo que podían y de la forma que sabían o podían ofrecer. Sin pensarlo, sin masticarlo mucho o intentar entenderlo, me ayudaron. Gracias, muchas gracias. 

 
 *Descubrí este tema y me parece guay. 

30 de noviembre de 2023

¿Yo pongo el tema o me sale el tema?

Estoy juntándome con una persona que hace rato conozco, pero con quien no había tenido el placer de conversar largo y tendido. Es raro que ahora estemos en contacto cercano porque su rostro lo he visto quizás cientos de veces (porque nos dedicamos a los libros, pero en distintos rubros) y ni se me había pasado por la cabeza la posibilidad de que pudiéramos conversar de temas comunes, pero también de temas personales o de opiniones que no tienen que ver con libros. En particular la idea de que todxs estamos viviendo con stress post-traumático... escoge la razón que más te parezca porque hay varias.

Tengo una amiga que con frecuencia me encarga "peguitas" y, como le gusta lo que hago, me encarga también otras cosas que son divertidas de hacer porque son cosas que poco hago. También, en algún momento, llegamos a hablar de que todxs estamos viviendo con stress post-traumático... acá puedes escoger otra razón o repetir la anterior. 

En circunstancias distintas (quizás) yo no hubiera tenido esas conversaciones, me imagino que tampoco existía la posibilidad de que habláramos bajo estas condiciones: tecito, casa, jardín, cigarros, "conversá relajá". Esas conversaciones han sido distintas y me obligan un poco a pensar, a dialogar de otro modo, a sacar temas que no toco con frecuencia porque siento, casi siempre, que hay cosas de mí que no vale la pena escuchar, o sea, que otra persona desee escuchar esas cosas que encuentro que a nadie le interesan. Ojito acá, no es temas de pega (ahí todo bien), tiene que ver con asuntos personales que en mi entorno cercano no puedo plantear o no quiero plantear o me da miedo plantear o siento que no soy digna de ser escuchada cuando hablo de esos temas; tiene que ver conmigo y el modo en que los clasifico (resguardo o expongo) según experiencias previas. 

A modo de dato: quien más me gustaría que me oyera hablar sobre estos temas es mi entorno más cercano. 

Yo pongo el tema personal y también se me sale el tema personal: esos que me vi en la necesidad de "poner" por escrito porque en ese momento no creí posible hablarlos y perdí la oportunidad de indagar más al respecto. Ahora que, con naturalidad y más madurez, hablo de esto y aquello, ya no duele tanto. 

24 de noviembre de 2023

Avanzando a punta de patadas en el culo

A veces reviso la cantidad de "vistas" que tienen mis entradas y es espeluznante saber que 10 o más visitas son de la misma persona; no la misma en todas las entradas, pero sé que uno u otro visita más esa entrada porque se ve ahí, se recuerda y lee aquello que se quedó en el tiempo, detenido y rancio.

Los primeros cuatro años teniendo este blog sentía, con frecuencia, que quería eliminarlo; pensaba mucho en eso, masticaba la idea y me atormentaba preguntándome si algún día tendría más de dos visitas. Después de esos cuatro primeros años (mi primer blog no existe), este es el segundo personal (2017) y ya ni pienso en eliminarlo, pero tengo una respuesta para esa sensación: cuando alguien invierte mucho tiempo en algo, aunque fracase (esto también corre para relaciones personales), cuesta un montón dejarlo porque "pucha, es pésimo todo esto, pero he invertido tanto tiempo y esfuerzo que es más doloroso dejarlo que borrarlo; representa mi esfuerzo su existe, si deja de existir me sentiría miserable".

Me alegro (aunque no lo parezca por el párrafo anterior) que las personas que me conocen y me aprecian (o quieren, poco o mucho) puedan leer de mí acá... claro, cada tantos meses, pero sé que leen. Gracias.

No voy a comprometerme con más entradas porque me ha pasado que me comprometo y escribo cosas y blablabla, pero después pasan cosas o decido que no quiero hacerlo y ahí queda; no me comprometo, pero siento que me pican las manos por escribir y esta plataforma es ideal. No prometo nada. 


1 de julio de 2022

Te extraño.

He estado bastante apartada de todo: de las visitas a mis amigxs (por salud mental), de las salidas sin planificación (para salir de la rutina), de las salidas al patio (para distraerme con el jardín); cosas así, detalles que pasaron a ser insignificantes en la memoria de las personas que me conocen -tan insignificantes, que quizás olvidaron que disfruté mucho de todo eso tan simple-.

Dudar de las capacidades propias, aún cuando tienes años de experiencia en algo (una labor, una pega) ha sido un tormento constante los últimos meses: me pasa con talleres, con libros, con ferias, con gestión, con formularios, con conversaciones. Me llama la atención porque si bien me había pasado en algún momento, no con tanta frecuencia ni tampoco para generarme preocupación y mucha ansiedad. 

Por necesidad he aceptado pegas sin sentirme lo suficientemente capaz para hacerlas bien, por necesidad y nada más, porque necesitaba sentir que tenía algún tipo de control sobre algo y nada más, porque necesitaba sentir cierta independencia (aunque jamás he sido independiente del todo) y nada más. A estas alturas me parece tonto escribir de esto, por eso les dejo una analogía en vez de explicarlo: tener una bicicleta y poder usarla cuando no te gusta caminar, sí que hace la diferencia.

No quiero que alguien venga, después de leer esto, a hablarme como si supiera de lo que escribo porque las entradas de este blog son resúmenes de pensamientos vagos, implícitos y latentes, sumados a que no soy capaz de hablar con nadie (porque, de verdad, creo que no puedo ser completamente sincera con alguien)... no, no quiero que nadie me hable después de leer esto.

Recuerdo que en varias oportunidades he dicho de mí (me he referido o he escrito) que soy negligente y es cierto. Ahora noto que también me insulto -con palabras diversas en connotación y grado de violencia- con bastante frecuencia (aunque pueda solucionar o subsanar el error); cuando uno se insulta constantemente, te haces daño. Estoy más allá del "saberlo", primero porque me lo hicieron notar y, luego, porque aprendí a ponerle atención; muchos años después -ahora- entiendo que lo aprendí de alguien cercano y es como una forma de desviar o canalizar mejor la frustración porque no está permitido fallar (pensando en la lógica dentro de este mismo aprendizaje). No, no me agrada. 

Por segunda vez, un profesional, me mandó a una evaluación con otro profesional. No puedo precisar las veces en que amigos me han sugerido lo mismo. Hasta ahora no le hice caso a ninguno. 

Me llené de pega por necesidad, no sólo de dinero, sino como un modo fiable de ocupar la mente; no puedo leer (como pasatiempo) y tampoco puedo escribir como antes (en mis libretas de asuntos importantes), se me hace esquivo disfrutar de una película o serie, se me hace complejo disfrutar la comida aunque sea algo que me guste comer, se me hace difícil decidir ir a dormir porque despierto como si hubiera estado toda la madrugada viendo pesadillas que no soy capaz de recordar; algunas sí y son feas; y no recuerdo la última vez que tuve un sueño grato o mínimamente tranquilo. 

No quiero que alguien venga, después de leer esto, a hablarme como si supiera de lo que escribo porque las entradas de este blog son resúmenes de pensamientos vagos, implícitos y latentes, sumados a que no soy capaz de hablar con nadie (porque, de verdad, creo que no puedo ser completamente sincera con alguien)... no, no quiero que nadie me hable después de leer esto.

Extraño a Guise, la extraño mucho aunque sí estoy juntándome con ella, pero la necesito más, necesito más tiempo con ella, verla por más tiempo, beber más tazones de café amargo y comer más postres caseros sin azúcar, arreglar más lámparas, atar más pantallas, parchar alguna weaíta, saber que puedo ayudarla en algo para que se me olvide todo en esa casita tan lejana y colorida, llena de objetos para ver, llena de detalles en otros idiomas, llena de palabras. Es porque me escucha, me ha escuchado siempre, me escuchó sin importarle sus propios pensamientos, juicios o preguntas.  

Si estás leyendo esto, lo escribí hace meses; recuerda que se pueden programar entradas para que se "autopubliquen" en el futuro.

29 de abril de 2022

Recuerdos que había olvidado

Cuando comencé este blog, no tenía muy claro sobre qué deseaba escribir (teniendo en cuenta que quedaría en internet dando vueltas un buen rato o hasta que decidiera eliminarlo -pero llegó un punto en que sería doloroso perder todo esto-). Escribía mucho sobre lo que me sucedía porque todo lo que viví era nuevo y maravilloso, como que hasta que comencé a escribir no había vivido o quizás no me gustaba lo que viví antes. Me cuesta escribir de mis recuerdos antes de vivir acá, aunque me han recomendado "sacarle jugo" a todo eso que vi, que sé, que recuerdo, que he intentado olvidar. 

No tengo claro cuál es la razón de comenzar a recordar cosas que no quiero recordar, pero me pasa mucho en los últimos meses; la mayor parte de los recuerdos son malos recuerdos. ¿Qué puedo hacer con todo esto si me cuesta mucho escribir? Antes lo ponía en cuentos o proyectos, usaba los recuerdos (malos recuerdos) para crear escenarios o adornar lo que escribía. Hay malos recuerdos que se mezclan con asuntos presentes y tengo sueños inquietos, muchos sueños inquietos. 

Me cuesta hacer las cosas, me cuesta dedicar tiempo a mis pegas, me costó un montón lidiar con la feria del libro (y eso que apenas pude cumplir con algunas jornadas), me costó levantarme y acostarme, me costó conducir la moto una y otra vez a lo largo y ancho de la ciudad para cumplir con todo lo que debía cumplir. 

El apoyo emocional de mis amigxs ha sido fundamental, poder hablar con ellxs, poder hablar con ellxs sin ocultar piezas o partes, sin miedo de que se me juzgue. Gracias. Quiero más valor, quiero sentirme valiente.

Yo creía que estaba sanando, que estaba mejor, que estaba bien... quizás porque no me perdía en emociones cuando hablaba con mis amigxs... nah, bastó con que hablara con alguien y que me insistiera e insistiera más allá de lo cómodo, para que se escurriera fuera de mí todo el pesimismo, ira, tristeza, frustración, cansancio... 

Los recuerdos -los malos recuerdos-, pienso, habían sido olvidados porque eran malos recuerdos; ahora regresan para atormentarme porque siento preocupación y cansancio, es como si hubiera perdido el control o la llave de ese cofre tan sucio que había enterrado tan bien (y que ahora está abierto). 

Tengo mis registros y conozco el modo de volcar recuerdos -para olvidar y superar-, pero tengo dificultades para escribir, para recordar aquello de lo cual necesito deshacerme; sin embargo, recuerdo aquello que es doloroso y que debió desaparecer hace décadas. 

15 de febrero de 2022

La teterita

Cuando llegué al lugar en donde vivo ahora, si bien había hartas cosas (que mi familia mandó), faltaban muchas otras de primera necesidad. En ese tiempo trabajaba en talleres y recibía un sueldo mensual; compré hartas cositas que necesitaba en este lugar. Mi primera tetera era pequeña, lo justo para una persona, era redondita y fácil de limpiar (incluso era fácil sacarle el sarro y pulir el exterior). Pasaron los años y mi tetera seguía impecable, la limpiaba con cierta regularidad y continuaba prestado un buen servicio hirviendo agua todos los días. Cuando llegó mi familia, la tetera no alcanzaba para hervir el agua necesaria para servir cinco tazas de té después del almuerzo y mucho menos para hacer más de siete por la tarde; me cambiaron mi tetera por una mucho más grande y ni me avisaron (porque las necesidades de aguar hervida para la familia era mucho más importante que conservar la tetera que yo había comprado para cubrir la necesidad de agua hervida para mis tecitos diarios). Mi tetera está en el patio, se me ocurrió que -para no botarla, porque estaba en muy buen estado- podía transformarla en algo más para conservarla, aunque no fuera en la cocina; le puse tierra dentro y puse una plantita. Esa tetera era algo muy lindo, tenía el tamaño perfecto y funcionaba bien, la forma me gustaba harto; lamenté perder esa tetera.

Me ausenté varios meses del lugar donde vivo y, cuando volví, noté que esa nueva tetera grande de marca estaba tan deteriorada que ni puliéndola y sacándole el sarro funcionaba bien: se soltó el mango (volviéndola peligrosa), ya no suena cuando hierve el agua y está oxidada por fuera porque la base y el cuerpo tiene dos piezas que, al parecer, estaban mal enganchadas desde el principio (esas mismas piezas impiden que se pueda limpiar totalmente el sarro que se acumula dentro). Por más que la limpié por dentro y por fuera, por más que le saqué la grasa pegada y la pulí, por más vinagre que le echara dentro; la tetera conservaba ese aspecto sucio y viejo que no recordaba, mostrando un deterioro propio del mal uso. No estoy culpando a nadie, esa tetera no debió reemplazar a mi teterita; me gustaba mi teterita redonda, era linda mi teterita. 

Me costó pensar en reemplazar la tetera, porque quería una igual a la que tenía al principio y hacía tantos años que la había comprado que era imposible encontrar una igual. Busqué por ahí y no me gustaron, tampoco busqué tanto, pero ya de regreso se me ocurrió un lugar en donde podía encontrar alguna alternativa más parecida a lo que yo recordaba. Me tuve que quedar mucho rato fuera del lugar y después dentro -mirando los productos- porque había clientes comprando mil cosas y alargaron la atención dando cháchara el muchacho que los atendía. Ese rato que estuve mirando, me enamoraba más de una teterita para té y, vagamente, comenzaba a encontrar similitudes con mi tetera que ahora es macetero; la misma forma, el mismo mango, la misma canastilla metálica para remojar té que se podía sacar y no usar. Había muchos colores para escoger y me quedé con "el original", la tetera metálica gris pulida de toda la vida; entre todos los colores yo buscaba con la mirada alguna que no estuviera pintada y ahí estaba, la misma teterita. La compré con gusto y me la llevé a casa. 

Al usarla por primera vez, noté que no suena (hay que adivinar cuándo está hirviendo o escuchar con mucha atención los sonidos que provienen de la teterita) y se ve exactamente igual a mi tetera, quizás tiene menos capacidad o quizás ya no recuerdo bien la primera que tuve: me pregunto si la otra sonaba o no, me pregunto si la ponía en el quemador grande o en el pequeño, me pregunto si la capacidad era suficiente o si la ponía a hervir dos veces para llenar mi termo. ¿Cómo es que olvidé detalles de un objeto tan querido del cual no me quise deshacer? Me quiero quedar con la idea de que esta nueva tetera es igual a mi querida tetera macetero, razón por la cual no compararé su tamaño y tampoco las pondré cerca una de la otra, para no saber si son iguales en realidad o si son iguales en mi memoria. 

Me siento un poco como esa tetera, sirve para hervir agua, pero no suena; tal como una tetera grande, pero no avisa cuando cumple su propósito. Tampoco es una tetera para hervir agua, sino para remojar té; es algo que, sacando una pieza, se puede usar para otra cosa. Recién estoy mirando cosas perdidas y estoy escogiendo perder muchas otras, ordenando un poco y aprovechando que pude tomar un lápiz y escribir algo más menos coherente; pasará tiempo en todo caso.

8 de enero de 2022

17 de diciembre de 2021

Hola y bienvenidx (otra vez) a la cuarta centena de entradas.

Es complicado dimensionar el concepto "400 entradas", incluso sabiendo que las he subido desde hace muchos años. Cuando las series llegan a "x" hitos, se celebra, se hace un capítulo especial o algo así; pienso en Los Simpson o en Doctor Who. Ahora mismo me siento cansada y es lo único que deseaba sentir hoy -para dormir bien-; alguien me hizo sentir culpa y me arruinó el ánimo (cansancio más culpa se transformó en tristeza). No acostumbro sentir culpa, casi no la padezco si estoy sola; sin embargo, cuando converso con algunas personas, me hacen sentirla y me entristece. No pretendo escribir mucho de esto, pero creo que dejar unas palabras al respecto me harán sentir mejor... especialmente cuando las personas que me hacen sentir culpa no están dispuestas a escucharme. Por el cansancio que siento ahora mismo, evito pelear, pero no puedo dejar de responder cuando algo me parece doloroso, cuando siento miedo o cuando me hacen sentir culpa. He dicho esto: "¿por qué me haces sentir culpa?", "qué miedo lo que acabas de decir". 

Ahora mismo, lo único que me falta hacer y deseo hacer es escribir en mi diario; no he podido durante meses y ahora se me hace esquivo aunque me siento más tranquila. Comenzaré por el diario de intercambio, es más sencillo escribir sabiendo que otra persona lo leerá, contestará y me dará una respuesta que no me obligará a sentir culpa.