Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

10 de junio de 2026

Acá va. Un segundo intento.

Me revienta que grupos de escritores manejen (o promuevan) actitudes sectarias. No sé realmente si ellos -siquiera- comprenden a lo que se están sometiendo (referido a lo que replican) y tampoco sé si quienes lo promueven estén conscientes de lo que hacen/provocan/premian/promueven. Acá va, bien en bruto.
Por la tierra en la que vivo hay un tipo con poder. Carreteo (en 2010) con algunos miembros de ese grupo, la pasamos bien; considero continuar yendo a "reuniones", lecturas y coffee´s. Durante una feria del libro, noto que me saludan cuando el JEFE no está presente; noto que NO me saludan cuando el JEFE está en el mismo lugar (aunque no esté prestando atención a todo -al mismo tiempo-). Increpo al saco´e wea que carretió conmigo, que me contó chistes y me hizo reír, que me cayó bien, ese mismo weón que -por estar presente su JEFE- NO me saluda... "¡Ey! ¿No me vai a saludar más? ¡No vuelvas a hablarme!" -Eso le dije y jamás volví a verlo-. Eso lo hice para dos personas, en los mismos minutos. El par de weones estaba conversando y dos por uno, pensé. A uno le dije lo que acabo de contar, a la otra (porque estaba yo vendiéndole fanzines, mientras la weona decidió dejar de saludarme porque la lealtad estaba con otro amigo, quizás 10 o 15 años mayor que yo, un poeta trucho y abusador). "¿Voh tampoco me vai a saludar?" y ahí corté el trato con ella. Váyanse a la conchetumare, sectarios y la reconchetumare -eso último lo pensé. Como escribí: al tipo nunca más lo vi, la mujer volvió a hablarme porque "necesitaba que le sacara un poemario".  

El año pasado... A versh... A finales de 2024 me mandaron a hacer unos plaquettes (nada fuera de lo común), los terminé, los entregué y tuve una desavenencia con la persona que me encargó la publicación: al final se arregló con unos cuantos mensajes de audio, un par de "tu culpa" y era (o eso pensé yo).
En verano del 25, en la feria de Coquimbo, comencé a notar algo rarísimo. Veía pasar -al frente de mi módulo- gente que conocía, pero no se acercaban a saludar, tampoco a ver lo que tenía en el mesón. Aclaro que entiendo (perfectamente) si van a una presentación y justo no PUEDEN saludar -ya sea por tiempo, por nervios, por lo que sea-; también entiendo (¡Exijo, perra!) que pasada la presentación, bien podrían volver, saludar, mirar, conversar ALGO... No sé... ¿Es mucho pedir un saludo? Porque les ESTOY SACANDO Y VENDIENDO PLAQUETTES, LIBROS, COSAS (porque la necesidad, a veces, se huele y yo -la weona- me presto pa "vender").

Me encontré, por casualidad, a la mujer que me pagó por hacer los plaquettes y me hizo la desconocía, caminó de frente y, al levantar la vista, me vio y quiso mirar pa otro lao, me acerqué y la saludé ("a la fuerza"); recién ahí me miró y me aceptó el encendedor y me saludó y conversamos porque ¿¡Qué weá?! Un malentendido, un conflicto, una desavenencia, una weá ¡Ya fue! ¡Pasó! Se arregló con plata y tampoco es que yo fallara, tamos; aunque fallara yo, me disculpo, voh dale, no sé. Ok, arreglado, pensé; no hay problema, pensé.  

...continuará...

  

7 de junio de 2026

Lloré por una weá, pero igual me siento triste.

El fin de semana pasado estuve en una feria tremenda por primera vez. 
Por casualidad, en el verano en Coquimbo, me enteré de que un amigo se había ido a vivir a Santiago, él prácticamente había cortado comunicación conmigo aunque conozco su casa, a su familia y a su hermana, ella me ha ayudado un montón en muchas cositas (y le agradezco mucho aunque, por tiempo, no he podido ir a verla). 
En Santiago (o en cualquier lugar realmente), espero no encontrarme con nadie conocido... Digamos que sería ideal que nadie me conociera, me siento más tranquila. 
Allá, al final del jueves o viernes, no sé realmente, lo vi de reojo: está viviendo en la ciudad, quien lo aloja estaba con sus libros en el mesón a mi lado, era medio seguro que pudiera ir. 
Allá voy sola, dejo todo en casa y encargado para retomar cuando regrese. No me gusta viajar (me cuesta moverme, me incomoda moverme), pero acepté ir a esta feria aunque sentía miedo más que cualquier otra cosa. 
Con la persona que aloja a ese amigo tuve un problema (no algo grave), pero pensé que habíamos arreglado el asunto cuando nos vimos en verano, sin embargo, ese acercamiento (luego de meses sin verla en persona) me hizo repensar algo que había estado "masticando" desde que tuve ese problema con ella y nos mensajeamos enojadas (ambas). 

Hace un montón de años conocí a una mujer súper interesante, la quería un montón. Por un problema que no tenía que ver conmigo, ella tomó distancia de mí; otra mujer (su amiga) tuvo un problema con una organización de la que las tres éramos parte. Esta otra persona se sintió mal por una respuesta, mi amiga se sintió mal también por el trato (a su amiga) y a mí, esta amiga que quería mucho, me hizo "la cruz". Ellas dejaron la organización, yo opino que todo eso fue un malentendido y un pelín de estrés y hartazgo; una dejó la organización y MI AMIGA, la que quería mucho, tomó una distancia rara, algo que yo percibí, pero que no entendía. 
Yo realmente quería a esa mujer, me encantaba, la quería mucho, la quiero todavía. 
Después de unos meses (creo) de webiarla para que nos juntáramos, ella accedió. Yo le hablé como siempre, convencida de que el tiempo era lo que faltaba para que pudiera juntarse conmigo -como antes- y hablé un buen rato. Ella casi no habló, pero lo hizo en algún rato para decirme que su amiga era importante, que el trato que había recibido no estaba bien y que su lealtad estaba con su amiga; no con la organización (ok, bien), no conmigo (¡¿Ah?!). 
Me costó entender porque soy imbécil pa ciertos asuntos. Esta amiga que yo amaba y admiraba, escogió dejar de relacionarse conmigo porque su amiga tuvo problemas con la organización en que las tres estábamos; yo seguía en la organización, su lealtad estaba con su amiga, yo no tenía nada que hacer con ella si no me ponía de "su lado". Perdí a una amiga querida y lloré un montón, no volví a insistirle para que nos juntáramos, siempre iba a perder frente a su amiga. Le di muchas vueltas al asunto porque me provocó mucho dolor y la dejé (no le insistí más) porque deduje que sería imposible que me tratara como antes, que me hablara como antes, que me escuchara como antes porque eligió a su amiga y, finalemente, era lógico ¿Quién chucha apostaría por la amiga "reciente" antes que la amiga "antigua"?
Ahí quedó y cuando lo recuerdo siento mucha pena, pero no hay caso y está bien; si está bien para ella, está bien para mí (aunque me sigue doliendo). 

Este amigo y esta amiga tienen en común que se conocen y sienten que el DEBER para con un amigo es UNA RESPONSABILIDAD INELUDIBLE. Ambos tienen a esta persona como amiga en común, la misma con la que tuve el atao y terminé enojada. 

Voy acá y me entiendo muy poco. Quizás, cuando deje de doler, pueda escribirlo como se debe.
Lo siento. 
  

18 de mayo de 2026

Sobre la maravillosa sensación de sentirse amada

Cuando me ha tocado olvidar a alguien que quise mucho, me pierdo en buscar los "por qués"; que si hubiera sido mejor esto y otra cosa, que si debí ser más o menos tal cosa, que si quizás en alguna otra circunstacia hubiera resultado distinto. De ahí paso a buscar culpables: que si esta acción, que si esta decisión, que si esta palabra fue de esta o de la otra parte. De ahí, masticar un poco, asumir los errores y asumir el resultado (aunque no me guste); pucha, igual metí la pata, no actué bien, no hice lo que dije que iba a hacer, no me comporté a la altura, bla bla. Todo lo anterior ha sido lo común y me ha costado bastante tiempo en cada caso. 
Ahora, lo curioso, es que siempre siempre siempre, la conclusión final (que puede no ser real o sí, porque no tengo manera de saberlo y, aunque la tuviera, tampoco tendría la certeza de si me están diciendo la verdad o mintiendo) es "nunca me quisieron" y me deja bastante tranquila, es como si pensar que todo lo que viví no fue consecuencia del cariño, sino de otras cientos de cosas que no tienen nada que ver con el cariño ni el amor ni el compromiso o siquiera algo mínimamente lindo. 
Cuando pienso en el amor (ahora, hoy) pienso que no me han amado; no sé si es real o no, tampoco en qué medida, pero en serio me deja tranquila llegar a pensar "jamás me quisieron". Hay algunos hechos que son más sencillos de explicar cuando pienso en "jamás me amaron"; hay otras tantas cosas que son inexplicables a menos que me diga "jamás me amaron"; hay otras tantas que me siguen pasando y que solo puedo entender poniendo en el vacío "jamás me amaron". 

Hace rato (meses) que ando súper angustiada: triste, desganada, melancólica. Creo que ya no puedo achacarle el ánimo a mi trabajo: sí, tengo mucho trabajo; sí, me comprometí con más cosas de las que puedo cumplir sin descuidar mi vida; sí, me falta tiempo a veces para cumplir con ciertos trabajos; sí, hay cosas que no quiero hacer y que pateo hasta que ya no puedo hacerlo más, pero lo que siento no es producto del trabajo. Lo cierto es que tampoco puedo achacarle mi ánimo a mi situación familiar: puedo, sé que puedo, tengo la certeza de que lo que hago es lo mejor que puedo hacer y que estoy poniendo todo el corazón en ello, lo hago con cariño y es un placer, he aprendido mucho a graduar mi rudeza, a moderar mi frialdad, a ser honesta cuando necesito algo y a ser también agradable aunque estoy estresada, cansada y rabiosa por cosas que podría ignorar, pero en las cuales me siento obligada a involucrarme. La escritura, para mí, nació como un modo de "sacar" lo que sentía, aquello que no podía poner en palabras porque en mi entorno cercano no sentía confianza, apoyo o siquiera ganas de oíme hablar; después se transformó en ganas de que esas cosas que escribía para mí (por necesidad y que eran privadas) pudieran ser leídas por alguien -ser públicas- a quien yo no conociera; de ahí comencé a ganar plata con lo que escribía y así he podido generar parte de mi sustento, escribiendo, publicando y vendiendo. 


15 de mayo de 2026

La retroalimentación en las labores cotidianas

Me costó hartos años darme cuenta de que me gusta crear sola, pero con algunas condiciones. Escribo por gusto (en tres blogs), también porque siento un compromiso con la publicación en papel (libros, plaquettes y fanzines) y, en menor medida, -en el último tiempo- también escribo de cosas que siento que no puedo hablar con nadie (diarios íntimos). Mis momentos más prolíficos (en escritura) fueron cuando estuve trabajando con otras personas, algunas veces fueron editores, otras fueron ilustradores, músicos, fotógrafos, artistas visuales, etc.; momentos en que escribía todos los días en el blog, diario y para publicar, a veces para uno, a veces para dos, a veces para los tres; me consumía un montón de tiempo, no escribía tan rápido como ahora, estaba recién afinando la escritura más "bruta" (digamos escritura de corrido sin correcciones en el momento). 
Lo primero que noté cuando comencé a escribir mucho, fue que aprendí a escribir sin que se me cayeran las líneas en las hojas blancas. ¿Te pasó alguna vez que escribiste en una croquera y, a media línea, perdías la noción del espacio y la escritura se inclinaba? Creo que llené media croquera (50 hojas por el frente y el envés), hasta que dejó de pasarme; ahora puedo escribir en líneas paralelas en las hojas blancas, incluso cuando hay líneas en el cuaderno porque mi letra "en serio" es chiquita y puedo escribir dos líneas donde hay espacio para una. 
Otro asunto que me gustó (y que también noté mucho después) es que afiné mucho la letra. Al principio mi deseo era que mi letra escolar se pareciera lo más posible a la de mi papá porque es la letra legible más particular que he visto: mínima, simple, rápida de hacer, clara. A todo esto ni de cerca logré lo que quería, pero terminé con una letra que me gusta porque es mínima, simple, apretada, rápida de hacer (para mi mano) y, lo mejor, es que cuesta un poco leerla hasta que te acostumbras. 
Quizás algunos años después noté que tenía dos letras: la que había logrado a base de imitaciones y la que "me salía" cuando no me sentía bien (si estaba enojada, triste, deprimida, rabiosa). 
Dos veces en la vida me insultaron la letra: la que recuerdo bastante bien, pasó cuando yo tenía veintitantos y fue en público, con 40 estudiantes escuchando que mi letra "era endemoniada". En la misma sala de clases, en ese mismo semestre, me intoxiqué por experimentar con plantas y también recuerdo (con detalles) que tuve que salir de la sala porque me sentía muy muy mal. Me costó decidirme eso sí, estuve pensando en que podría morirme o desmayarme, después me imaginaba que estaba bien y que podía aguantarme, después me sentía terrible y, pasados algunos minutos desde que comenzó la clase, me levanté, caminé lento hacia la puerta porque sentía que me iba a caer hacia un lado y mi mano derecha -que iba colgando sin ningún control- chocó con la punta de una mesa y eso me puso nerviosa porque ahí sí me pusieron atención, pero nadie dijo nada. Caminé al baño, pero tuve que poner la mano en la pared para guiarme y sostenerme. Recuerdo haber visto un par de guardias (de reojo) que hablaron algo mientras apuntaban hacia donde yo estaba; no se acercaron. En el baño estuve, según yo, media hora; no podía vomitar, pero tampoco me podía recuperar. Apenas me sentí un poquito mejor me devolví a la sala, pero no entré. Me senté en el pasillo con la espalda apoyada en la pared. Sentí a algunas personas caminar por el pasillo, es posible que me miraran, pero nadie se me acercó. Quizás me dormí o me quedé quieta durante todo ese tiempo hasta que terminó la clase y todos salieron a hacer sus cosas. Una chica (muy linda, amable y atenta) que era amiga sacó mi mochila de la sala y recuerdo que me preguntó cómo estaba, pero no le expliqué nada (¿O sí?). Si hubiera pasado más tiempo con ella, durante más años, habría terminando enamorada de esta chica. En ese año me alcanzó a agradar, algunas vez me acarició la cabeza en alguna placita y lo disfruté más de lo que estuve dispuesta a aceptar por muchos años. Me dolió su ausencia cuando me fui, aunque yo fui la que me largué sin despedirme. A veces pienso que debí ser mejor persona y mejor amiga con ella, sé que ella me regaló esa mano amiga que acaricia en momentos de tristeza. 
Me gusta crear sola porque cuando estoy sola puedo enfocarme realmente en la escritura, sin embargo, necesito a otrx creador(x) a mi lado o cerca para sentirme bien escribiendo, incluso sentirme acompañada (aunque ese otro creador no escriba); me gusta saber que otrxs están creando al mismo tiempo, así siento que tengo una responsabilidad conmigo y también con otrx. 

Leyéndome, no logré explicarme bien. Lo siento.


14 de mayo de 2026

Tristeza por ver y tristeza por escribir

Siento una tristeza terrible cuando veo animé de mi época triste. Algunos quizás los he visto diez o quince veces (20 o 25 capítulos) a lo largo de 10 o 20 años. No me arrepiento, las veo con la misma curiosidad y emoción que la primera vez. Hay algunas que considero grandes obras, algo que me encantaría llegar a hacer -y con los años he comprendido que quizás nunca jamás pueda-; otras son obras "chicas", algo que estoy más cerca de conseguir.
Hace algunos meses me preguntaron por qué publicaba, le respondí que era por el dinero; no me permití explicar mi respuesta aunque vi que la chica mostraba un gesto entre decepción y tristeza. No puedo hacer nada y tampoco explicarlo cambia el asunto; me di por vencida, jamás escribiré una buena obra (considerando el poco avance que puedo lograr con el tiempo que me toma hacer algo medianamente decente). 
He estado con hartas ganas de escribir, no sé si atribuírselo al teclado (que suena muy bien) o a las ganas de volver a escribir con la emoción y la urgencia con que lo hacía a mis veinte.
No siento ganas de relacionarme de mal modo con las personas, aunque a algunas personas quisiera borrarlas de mi vista para siempre; coexistir no significa que las personas deban conversar o tratar siquiera, pero las formas se mantienen porque es mejor tener una relación de silencio y un trato de no agresión, antes que irse a los golpes o a las peleas, insultar o conspirar.
Siento unas ganas locas de escribir un manifiesto, pero creo que sería bastante ridículo (a menos que lo afine hasta que parezca una de tres cosas u, ojalá, las tres juntas: coherente, convincente y/o críptico), pero me parece que escribir "mis razones" presume que tú no las tienes y que podrías enganchar con las mías: primero creerlas y después destrozarlas. ¿Quiero mostrar/enseñar algo? ¿Tengo el cuero lo suficientemente duro para soportar que me destrocen las creencias (ex)puestas en un manifiesto?
En una de esas estoy en el transcurso de una despedida, quizás los últimos cortocircuitos de la escritura. Si es así ¿Debería asustarme o sentirme feliz?
Ayer le "avisé" a alguien que la iba a ir a webiar, me dijo que no podía visitarla porque estaría en una reunión. Yo sabía de esa reunión, ella misma me lo había contado unos días antes, cuando pasó eso y, después, cuando rechazó mi visita, sentí celos; me siento más mal por sentir celos que por intentar juntarme con ella porque me agrada más de lo que quiero que sepa que me agrada. 
Quiero mantener esto (la escritura, en general) porque saber que NO uso auxiliares (autocorrector o IA) para escribir, me regala una sensación de satisfacción tremenda; me cuesta y a veces duele escribir, pero prefiero que me cueste y que me duela, lo preferiría mil veces.

Ay, ya se me fue el tiempo. Son las 4:00. 

11 de mayo de 2026

A veces quisiera ser Yuki.

Si alguien me hubiera preguntado qué personaje (monito animado) me gustaría ser "de grande", le hubiera dicho Yuki. 
Creo que, en la época en que descubrí internet, era chica (demasiado joven) para haber descubierto tanta plataforma útil -pensando en que nadie de mi familia sabía qué porras era el internet ni tampoco sabían usar un computador-. Tuvimos acceso a una máquina armada, con sistema operativo pirateado y sin internet: ahí aprendí embarrándola (porque tampoco me hicieron "computación" en el colegio). Ese tarro llegó porque mi papá intuyó que nos serviría para los estudios, era algo que se compró y que nadie (excepto mi hermano) usaba; el internet llegó años después, también por instuición porque tampoco tocaban el computador (excepto mi hermano y mi hermana que ya estaba poquito más grande). No recuerdo bien si alguno de nosotros le preguntó a alguien sobre cómo usar un computador, yo no recuerdo haberlo hecho y tampoco recuerdo a alguien que supiera más que hacerse una cuenta de mail, buscar en Altavista o Google, tener un Fotolog y usar Messenger. ¿Cómo es que pasé de usar un emulador de juegos que venía instalado en el primer tarro a ocupar HTML para configurar blogger? ¿Por qué sentí curiosidad por esas cosas tan abstractas? ¿Cómo es que llegué a saber siquiera que existía el Torrent o el eMule? 
Muchos años después, una amiga me enseñó algunas cosas y me explicó otras; en ese momento no había perdido el interés, pero el foco estaba en la realidad (o eso tenía en mente en ese momento). Alguna vez, cuando estaba en primero medio, vi un cursillo de mecatrónica durante el verano (en Santiago) y sentía muchas ganas de ir, incluso hablé con mi familia, pero nijo me dejarían ir sola y tampoco nadie me iba a acompañar. A veces pienso que si hubiera ido, mi vida sería muy distinta, es como la piedra miliar de un futuro que jamás se concretó. Recuerdo esto de la mecatrónica porque hace unos años volví a ver la palabra y estuve (más de una vez) a punto de volver a ese lugar que me parece fantástico, solo para abrir esa puerta que permanece cerrada después de dos décadas y ver todo eso que quise aprender por las mías, pero que me es imposible hacerlo sola. Ahora mismo pienso mucho en eso porque me encantaría meterme en esa área, quizás es el único deseo que me queda por cumplir; ya he concretado los sueños que me parecían más difíciles de conseguir y me siento bien con eso, sé lo que significa haber tocado y tener en mis manos esas estrellitas que yo misma imaginé cuando era una escolar. 
Quizás también me hubiera encantado ser Nana, aunque me gusta más Yuki; al final soy más una Hachi o un Shuichi (con todo lo torpe de ambos incluido). Me pregunto si alguien más me ve con admiración, esa misma que se refleja en los ojitos de perrito de Hachi o los gestos aniñados de Shuichi. En estos años he tenido que torcer un poco los significados de "ser guay"; ya no deseo ser guay por no necesitar a alguien o ser muy seria o ser muy lista (eso se puede fingir, pero no puedes mantenerlo por mucho tiempo); quiero tirarme a los brazos de alguien y dejar de preguntarme qué diantres el mañana porque quien abra los brazos para mí estará solucionándolo mientras me permito la torpeza, la ternura y el dejarse querer. 

Me está costando pensar claramente, quizás estoy durmiendo muy poco. 

7 de abril de 2026

Me veo en todxs

La última vez que hable con Tomás (en diciembre del año pasado), le conté que en la última junta de las Disversas (en septiembre) me había visto en muchas de las chicas que fueron. Llegué temprano, me fui relativamente tarde -no muy avanzada la madrugada-. Hice de todo: bailé, canté, comí torta, canté cumpleaños feliz, jugué pool, me reí, conversé con gente conocida y con gente que conocí ahí, jugaron a adivinarme la edad, invité cervezas y papas fritas, menos unirme a los juegos de mesa (en general no me gustan). 
Le conté a Tomás que me dediqué también a mirar mucho, más bien a observar: las chicas a las que miré más eran jóvenes (veinteañeras) y, muchas veces, me pasó que me vi en ellas. Es difícil de escribir, lo intentaré, ojalá se entienda. 
Si yo estaba a un lado de la mesa, al otro había una chica conversando y bebiendo chela; en ese momento me vi en ella, me recordé con veintitantos, bebiendo chela, conversando y siendo más risueña de los que soy ahora. Después me pasó con otra chica que, por primera vez, se animaba a jugar pool. Luego con una chica que tenía que irse en un par de horas, pero que no sabía en qué irse. Luego con otra fumadora en la barra. Luego con la cumpleañera. Luego con la que iba medio entoná y se reía sola. Así durante horas y horas, así mirando uno y otro rostro. 
No es nostalgia la que siento, tampoco es tristeza (aunque mis veinte no fueron muy felices); es verse ahí, recordarse porque los gestos que hice a los veinte ya los perdí, las sonrisas ligeras, la felicidad ingenua, la inocencia nocturna... Todo aquello jamás volverá en mí, pero siempre puedo revivirlo si miro a mi alrededor y encuentro que mi sonrisa perdida en el tiempo es la misma de las chicas que recién están saliendo por la noche. 
Ya no soy tan torpe hablando, ya sé perfectamente cómo continuar una conversación. Sé cuando me siento cómoda y sé cuanto tiempo puedo sostener una actividad distinta en ese contexto. Me siento tranquila, me siento feliz; disfruto mucho ver a otras sonreir conmigo o con otras; me gustan todas, las veo y me desbordo en alegría.

Hace algunos días fui a la siguiente junta, llegué eufórica (aunque un poco tarde). Volé en la moto desde La Serena a Coquimbo, iba súper rápido porque deseaba llegar lo más pronto posible. Entré casi gritando, casi con ganas de agarrar a alguien y bailar, saltar, no lo sé; era tanta felicidad que no sabía bien qué hacer. Me pregunté (al otro día) si fui impertinente, pero no sintiéndome mal, sino pensando en que quizás asusté a más de alguien. Ay, me encantaría que esas juntas fueran mensuales.
Gracias. 

18 de marzo de 2026

Gané tres veces y perdí tres veces.

A veces, cuando estoy esperando el semáforo verde en calle Balmaceda con Cordovez, dirigiéndome al norte y como primera en la calle, por la noche, cuando ambas aceras solo están iluminada por las farmacias 24/7 y las luces amarillas intermitentes de los vehículos, mis pensamientos vuelan a los instante de gloria y éxito que ahora -creo- tuve en el pasado. No sé por qué en ese lugar y bajo esas condiciones, pienso en eso.
Se me vienen a la cabeza las presentaciones (no las "normales", sino las performance), los colores fríos de las luces del escenario, la música, la cara de las personas que me acompañaron en el escenario; esos momentos que ahora pienso como mi punto más alto: publicación reciente y lista para mis lectores, visibilidad, escenario a mi disposición, carrera (literaria) en ascenso, vigencia, relevancia. A modo de dato extra, nadie me cuestionaba o me preguntaba qué iba a hacer; no había dudas de que el espacio que me daban se "pagaría" con todas las sillas llenas, incluso el espacio de los escalones, los pasillos y los lugares cercanos a los módulos editoriales. Tenía un montón de compromisos antes y después de presentar, apenas terminaba me hablaba alguien de prensa (de inmediato) y a las personas -en general- les gustaba mi puesta en escena; jamás pude enganchar una venta de libros decente (o sea, vender más de cinco libros, provocar que la presentación se tradujera en difusión real de mis libros o de las revistas que estaba confeccionando). No importaba mucho la venta, pero era un tema al cual le di muchas vueltas; tampoco está resuelto (creo que podría escribir al respecto en otra entrada). Esos fueron mis momentos "altos" y, hasta entonces, no me imaginaba que podía decaer en visibilidad; no por mi falta de ganas, sino porque el contexto cambió (se borro y reescribió), estoy pensando en octubre de 2019 y marzo de 2020. 
También recuerdo que muchas personas, conocidas o no, me invitaban a leer en cafés y otros eventos: colegios, charlas, entrevistas y otras. Mi visibilidad me permitía saltarme hacer mi propia publicidad como autora porque ya era pública, visible y tenía una historia concreta, comprobable (libros publicados, revistas en que estaban mis cuentos, plaquettes, fanzines y publicaciones colaborativas). Esa visibilidad que ahora es fácil ver en RRSS en perfiles completos dedicados a que otros vean tu cara, escuchen tus problemas (como creador), vendiendo tu cara porque eso se traducirá en ventas (se supone que sí, pero en la práctica es más complicado de lo que parece). No creía necesario mostrar mi cara antes de que la gente conociera mis publicaciones, los cuentos iban por delante. No era necesario que yo presentara o tuviera tantos espacios, finalmente la pega estaba hecha; ya tenía mis publicaciones a la venta y si alguien quería conocerme, estaba yo ahí vendiendo mis libros (y con muy buena disposición a conversar). Cada día me da más pudor que me tomen fotos, no lo creo necesario, no me gusta, me siento súper incómoda y siento también que arruino la imagen. Me salté mi época narcisista, me salté la época Fotolog, me salté los años de (auto)exposición en las primeras redes sociales que tuve, no practiqué mis caras, no identifiqué mi perfil bueno; no puedo ocultar mi incomodidad, no soy capaz de actuar que es grato posar para una foto porque no puedo mentir con la cara completa. Tampoco me ayuda mi aspecto: hace décadas tengo unas ojeras que un día se instalaron y no desaparecieron; tampoco ayuda que fume como carretonero porque ese veneno acentúa lo menos favorable en mi cara (a ojos de quien mira). Lejos de sufrir por esto -aunque te parezca que me quejo-, amo mi cara, amo mi pelo, amo mis manos (solo me refiero acá a las partes más visibles y públicas de mi cuerpo); no me cambiaría ninguno -en su totalidad- y tampoco modificaría algo chiquito. Lo siento, me di una vuelta que no iba al tema. 
En el semáforo pienso que alguna vez tuve mi punto más alto y no lo supe identificar en el momento en que pasó, tampoco nadie podría identificarlo en el momento ya que solo se aprecia en perspectiva; observando tu historia desde el presente, entiendes o, mejor, ves perfectamente -por contraste y resultados- cuál fue tu momento más bajo y cuál fue el más alto. No lamento no haber podido identificarlo o no haberlo disfrutado más; voy a que me inquieta pensarlo mirando al futuro. ¿Cuál será el punto más alto (en la totalidad de mi carrera literaria)? ¿Cuánto más alto comparado a estos momentos altos que son del pasado (o cuánto más bajo será en el futuro)? ¿Me alcanzará el tiempo para mirar al pasado y admirar esos momentos con tranquilidad? 
Estas últimas semanas me he pillado diciendo: "mi estilo de vida es mi plan de retiro", refiriéndome a que no pienso en un futuro donde viva mucho, por lo tanto no estoy tampoco preparándome para mi vejez. Quiero morirme de una vez, un cuetazo único. Eso también significa que no tengo tanto tiempo y quisiera alcanzar a mirar con tranquilidad -tanto al pasado como al futuro- todo aquello que recuerde; lo pésimo, lo malo, lo normal, lo bueno y lo excelente; quiero una experiencia amplia (todo lo que pueda vivir) con respecto a vivir (y mantenerme) como creadora. 
Por supuesto volví a perder el hilo. 
Gracias por leer.

8 de febrero de 2026

¿Qué harías si supieras que te queda poco tiempo?

Hace poco más de un año, oí a una mujer joven hablar sobre los reclamos de su madre por no encontrar un momento de tranquilidad para escribir. Quizás la palabra "tranquilidad" no es la apropiada o la exacta, pero por ahí me sirve para esta entrada.
Esta joven contaba que su madre, cuando estaba viva, reclamaba cuando estaba escribiendo (o intentando escribir), porque ella y su padre la interrumpían con asuntos caseros. La madre era autora y bastante joven cuando dejó el mundo. Quizás se quejó tanto o más que cualquier madre en cualquier parte del mundo: no poder sentarse un momento porque ELLA es la que resuelve el problema de todos, a toda hora, incluso asuntos domésticos que podría solucionar cualquier persona que comparta hogar con esa madre. Fuimos guaguas y niñxs, fuimos adolescentes y jóvenes, todxs molestamos a nuestra madre por asuntos absurdos (más de alguna vez), pero quizás no lo percibimos como "molestia" hasta que gritó o se enojó en serio, hasta que explotó en llanto o en ira. Alguna vez, todxs, hartamos a una madre. 
A veces pienso que se nos carga con demasiado, pero lo que escondemos o intentamos ocultar (desde asuntos importantes hasta asuntos ínfimos) tiene que ver con la idea de "no molestar". No molestes porque ayer sí necesitabas ayuda, pero hoy ya no la necesitas. No molestes porque ayer eras una niña, pero ahora eres adolescente y algo debiste aprender de tanto ver que tu madre hacía todas las cosas en casa y ¿qué diablos? se supone que sabes lo que debes hacer o pensar o, por último, deberías saber que casi todo lo que haces o dices, en algún momento lleva a tu madre al hartazgo. Ellas mismas se aguantan calladitas, tú también aprender que es mejor aguantarse calladita -aunque tú no decidiste eso, solo lo aprendiste porque lo viste y tu madre lo vio también y su madre y su madre-. ¿Alguna vez tu madre te dijo que la tenías harta? ¿Alguna vez te gritó para que dejaras de molestarla porque estaba haciendo algo importante mientras tú solo estabas creciendo y no sabías cómo lidiar con eso porque eras una niña o una adolescente. 
¿Hubiera cambiado algo si esta chica hubiera entendido (a tiempo, en su infancia) que su madre necesitaba tiempo para hacer algo que amaba, algo que la llenaba, algo que le era imposible hacer tranquila porque estabas tú? ¿Habría sido más amable la madre si hubiera sabido que le quedaba poco tiempo? ¿Hubiera elegido escribir más o abrazarte más? ¿Hubiera cambiado algo saber que te quedaba poco tiempo? 
Yo me callo, pero también digo mucho. Creo que decir -tal cual- cuáles son tus deseos (de tiempo a solas, de tiempo para tus pasatiempos, de tiempo para escribir, de tiempo -incluso- para hacer nada) no es dañino, siempre y cuando se diga siempre, desde el primer momento. Es terrible pensar que jamás notaste que tu madre tenía una vida que no giraba en torno a tu crianza o a la pareja o al cuidado del hogar, que también sentía miedo o que quería estar sola esa tarde o durante esa semana en que te gritó porque no dejabas de hablar y pedir y correr por la casa o ese día en que no fuiste capaz de lavar una taza o encerrarte un rato en tu pieza.
En algún punto de la vida igual noté que harté a mi propia madre. 
No es malo decir, expresar, transmitir (desde el primer momento) que necesitas un momento a solas, que quieres que todos desaparezcan (aunque sea solo un día), que es humano desear hacer algo por ti y para ti sin que sea útil a un hijo o a una pareja (o a un hogar). ¿Por qué tanto silencio? ¿Para qué esperar a que alguien te colme la paciencia para decirle "estoy ocupada"? 
No tengo la razón, pero tampoco estoy equivocada. 
No quiero haberme callado algo que me gusta, quiero que lo sepan todos quienes me rodean y quienes están cerca; quiero que las personas que me importan sepan lo que me gusta hacer; quiero que no sea "una sorpresa" cuando ya no esté aquí. Todos es "quiero, quiero" porque solo puedo expresarte esa parte, no puedo meterme en tu cabeza para accionar(te) como yo lo haría. 
No quiero irme sin que escuchen -con mi voz y de mi boca- lo que me gusta hacer y lo que no. Interrumpe, no hay problema, pero sabiendo lo que hago y lo que hago es importante. 

PD: son las 6:42 (am), puede que no pueda escribir bien mis ideas -a esta hora-.







19 de enero de 2026

Epifanías u ¿horrores?

Hace rato ya que debí escribir esta y otra entrada, pero me demoré y quedará como una especie de reflexión doble.
1.- Un día pensé en que ya había pasado mi momento más high, o sea, el momento en que fui muy conocida, en que hacía de todo (digamos presentaciones guays) y que solo me había dado cuenta porque, mirando atrás, ahora estaba más calmada y no sentía muchas ganas de pegarme el show. De todos modos esta epifanía llegó a finales del 23 y a mediados del 24 me pegué otro show (aunque improvisado) y creo que traumé a algunas personas, tanto como el último show que me pegué en la feria del libro de la serena en... no recuerdo en qué año, pero sé que ese año presenté "Viaje cianótico". 
2.- Jamás sabré cuál será mi momento más "alto" y cuál será mi momento más "bajo". Cuando muera no podré saberlo tampoco porque no seré capaz de revisar mi historia, lo harán otros (si es que despierto el suficiente interés para que alguien revise mi historia). También me pasará con los libros publicados, jamás sabré cuál será el mejor y el peor, no podría jamás comparar o ponerme a evaluar porque no sabré nunca cuál será mi último libro; es más ¿alguien publicará algo mío después de que muera? ¿Cuál será el último libro que alcance a publicar en vida? 

No piensen mucho en eso, todavía estoy preguntándome si estoy es importante o triste.