Lo primero que noté cuando comencé a escribir mucho, fue que aprendí a escribir sin que se me cayeran las líneas en las hojas blancas. ¿Te pasó alguna vez que escribiste en una croquera y, a media línea, perdías la noción del espacio y la escritura se inclinaba? Creo que llené media croquera (50 hojas por el frente y el envés), hasta que dejó de pasarme; ahora puedo escribir en líneas paralelas en las hojas blancas, incluso cuando hay líneas en el cuaderno porque mi letra "en serio" es chiquita y puedo escribir dos líneas donde hay espacio para una.
Otro asunto que me gustó (y que también noté mucho después) es que afiné mucho la letra. Al principio mi deseo era que mi letra escolar se pareciera lo más posible a la de mi papá porque es la letra legible más particular que he visto: mínima, simple, rápida de hacer, clara. A todo esto ni de cerca logré lo que quería, pero terminé con una letra que me gusta porque es mínima, simple, apretada, rápida de hacer (para mi mano) y, lo mejor, es que cuesta un poco leerla hasta que te acostumbras.
Quizás algunos años después noté que tenía dos letras: la que había logrado a base de imitaciones y la que "me salía" cuando no me sentía bien (si estaba enojada, triste, deprimida, rabiosa).
Dos veces en la vida me insultaron la letra: la que recuerdo bastante bien, pasó cuando yo tenía veintitantos y fue en público, con 40 estudiantes escuchando que mi letra "era endemoniada". En la misma sala de clases, en ese mismo semestre, me intoxiqué por experimentar con plantas y también recuerdo (con detalles) que tuve que salir de la sala porque me sentía muy muy mal. Me costó decidirme eso sí, estuve pensando en que podría morirme o desmayarme, después me imaginaba que estaba bien y que podía aguantarme, después me sentía terrible y, pasados algunos minutos desde que comenzó la clase, me levanté, caminé lento hacia la puerta porque sentía que me iba a caer hacia un lado y mi mano derecha -que iba colgando sin ningún control- chocó con la punta de una mesa y eso me puso nerviosa porque ahí sí me pusieron atención, pero nadie dijo nada. Caminé al baño, pero tuve que poner la mano en la pared para guiarme y sostenerme. Recuerdo haber visto un par de guardias (de reojo) que hablaron algo mientras apuntaban hacia donde yo estaba; no se acercaron. En el baño estuve, según yo, media hora; no podía vomitar, pero tampoco me podía recuperar. Apenas me sentí un poquito mejor me devolví a la sala, pero no entré. Me senté en el pasillo con la espalda apoyada en la pared. Sentí a algunas personas caminar por el pasillo, es posible que me miraran, pero nadie se me acercó. Quizás me dormí o me quedé quieta durante todo ese tiempo hasta que terminó la clase y todos salieron a hacer sus cosas. Una chica (muy linda, amable y atenta) que era amiga sacó mi mochila de la sala y recuerdo que me preguntó cómo estaba, pero no le expliqué nada (¿O sí?). Si hubiera pasado más tiempo con ella, durante más años, habría terminando enamorada de esta chica. En ese año me alcanzó a agradar, algunas vez me acarició la cabeza en alguna placita y lo disfruté más de lo que estuve dispuesta a aceptar por muchos años. Me dolió su ausencia cuando me fui, aunque yo fui la que me largué sin despedirme. A veces pienso que debí ser mejor persona y mejor amiga con ella, sé que ella me regaló esa mano amiga que acaricia en momentos de tristeza.
Me gusta crear sola porque cuando estoy sola puedo enfocarme realmente en la escritura, sin embargo, necesito a otrx creador(x) a mi lado o cerca para sentirme bien escribiendo, incluso sentirme acompañada (aunque ese otro creador no escriba); me gusta saber que otrxs están creando al mismo tiempo, así siento que tengo una responsabilidad conmigo y también con otrx.
Leyéndome, no logré explicarme bien. Lo siento.
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