Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

27 de diciembre de 2025

Quejas navideñas

Me regalaron una caja (madera con vidrio) llena de un té que no he probado (no es el que me gusta). Me sorprendí por el contraste: yo pensé en un regalo para cada persona de mi familia, fui a comprarlos, los envolví y los regalé... A mí me dieron una caja para té (que no necesito), llena de té (una marca que no me gusta). Ok. No tengo ni un problema en no recibir un regalito, en ese caso me da lo mismo. Esta cajita tampoco hubiera sido problema, pero el que me la regaló tenía que agregar: "no te portaste bien este año". No se me ocurrió ninguna razón para que lo dicho fuera válido... Lo que se me ocurrió fue mi falta de tiempo y, como consecuencia, reunirme poco con mi familia; por lo tanto respondí "he estado trabajando". De inmediato lanzó de vuelta: "todos trabajan". No sé por qué tuvo que agregar palabras al dichoso regalo, no había ninguna necesidad de agregar algo más. Se hubiera quedado todo (en mi cabeza) como un regalo inútil, innecesario y torpe: hace muchos años que no me regalan algo que me guste, algo que me haga pensar que me conocen, ponen atención a mis gustos o siquiera se toman un poquito de tiempo para elegir algo que pudiera gustarme. Hasta ahí parece exagerado ¿O no? Acá viene. 
La gente adulta en mi casa ¿aborrece mi trabajo? En mayor o menor medida, lo que he escuchado (de frente y dicho a otros) y también se les ha "salido".
1.- Hace un par de años, escuché (en un cumpleaños) que mi madre le contaba a alguien de la familia (extendida) que mi padre se sentía decepcionado de mí. Yo no estaba escuchando a escondidas o fue por casualidad, mi mamá estaba a menos de un metro de mí y contó eso como si fuera lo más normal del mundo. 
2.- Un día cualquiera, peleando de seguro (aunque no recuerdo por qué), me dijo que me consiguiera un trabajo de verdad. 
3.- A lo largo de los años, me han dado a entender que no saben lo que hago y tampoco saben de dónde chucha saco plata. 
4.- Varias veces he tenido que escuchar: no me interesa lo que hagas, no me interesa tu trabajo. 
Me sorprende que estar muy ocupada y tener poco tiempo (por mi trabajo) sea equivalente a "nada". Me dolió.
¿Sabes? El otro año voy a hacer lo que se me antoje y no volveré a comprar regalos de navidad y tampoco pienso pasar otra jodida fiesta en esa casa. 
PD: hasta ahora y desde que trabajo en Taller Editorial Me pego un tiro (2013), 2025 ha sido mi mejor año. 

26 de diciembre de 2025

Deseando el amor

¿Sabes? El domingo pasado me reuní con un amigo, él se irá a otro país dentro de poco. Debo declarar que es más que un buen amigo, es maravilloso haber tenido la oportunidad de conocerlo. 
Desde que recuerdo, me han llamado la atención las personas que saben cosas que yo no: en música, literatura, arte, lo que sea en realidad. Tampoco es que yo me considere experta en algún área, o sea, no es que codicie los datos que desconozco en mi área de interés (tampoco es envidia o celos lo que siento); es algo que, creo, es cercano a la admiración. Cuando escucho a las personas hablar de lo que saben, siento felicidad; quizás me gusta la sensación de felicidad que me produce que alguien hable de lo que sabe, además (por supuesto) de tener la oportunidad de saber algo más, "obtener" un dato es un detalle dentro de la experiencia de oír a las personas que admiro. 
Con este amigo me pasó mucho. En algún momento parecía que, cada vez que nos veíamos, decía algo que yo desconocía y lo amaba por eso; nombres, escritores, datos, cosas curiosas, de todo un poco, algo liviano mezclado con datos precisos que me llevaban a preguntarme a qué hora este ser humano había dado con esto o aquello. 
Ahora mismo me siento muy triste porque se va, es un sentimiento que tiene que ver completamente conmigo, con el amor que siento por él, con la admiración que se me desborda y el gran vacío que me veré obligada a sentir. Me cuesta poner "el sentimiento positivo" por delante -en serio se me dificulta-, ese sentimiento de orgullo, de amor profundo y admiración, una sensación de felicidad porque se va, porque no estará solo y porque continuará escribiendo maravillas. 
Quizás la admiración tiene que ver con que escribe y ha publicado, pero no se da color: no habla de sí mismo como alguien que escribió tal o cual cosa, como el que es  reconocido y ha sido premiado, sino que continúa siendo el mismo que conocí. 
Me gusta porque es ambicioso, metódico, enfocado y terco; yo no tengo lo suficiente (de ninguna caacterística) como para lograr lo que él ha logrado.
A todo esto, con esta despedida tan reciente, veo esa diferencia y me produce tristeza. Insisto: me siento feliz por él, pero siempre aparece la tristeza por delante.
No se me ocurre otra manera de expresar lo que siento ahora mismo. Intenté explicarlo, pero hasta acá no me quedó como quería... Quizás para la próxima. 

19 de diciembre de 2025

Me caí de culo tres veces en 2025

 Hace algunos meses "un pajatito" (como lo denominó el amigo de la grúa de motos) me botó de mi moto mientras estaba circulando a bajísima velocidad, iba a visitar la casa de mi familia. Yo no lo vi venir, iba como siempre, incluso aliviada porque en la misma calle a veces me sale un perro estúpido -que me odia- y ese día estaba encerrado. Yo venía sola por mi lado de la vía y el autito verde metálico del pajarito venía detrás de un auto que yo vi de frente, cerquita, casi pegado a la cola. Cuando deje de ver el auto que venía de frente, pero en la vía contraria, apareció el auto chiquito y viró sin fijarse. Me golpeó el lado izquierdo de la moto, en la parte de atrás y yo caí de culo en el cemento. Creo que mi "conchetumare" se oyó a muchos metros, mi voz se ha hecho más grave con los años y llevo como tres años gritando "aló" desde muchos antejardines serenenses y coquimbanos porque hago delivery de libros; mi voz se ha hecho más audible. No estaba insultando al pajarito, grité al cielo insultando quizás a mi mala suerte, pues yo no había provocado el accidente, tampoco se me ocurrió pararme a pelear con el pajarito, tampoco es que me doliera o sintiera que algo había dejado de funcionarme... además quedé de espaldas, con una pierna en el suelo y la otra encima del asiento de mi moto ladeada. 

Cuando hay accidentes, caídas o choques en la vía pública, quien más siente empatía por tu estado es el conductor que maneja el mismo vehículo que tú. Me ayudan (u ofrecen ayuda) peatones cuando me caigo en la calle caminando. Me ofrecieron ayuda motoqueros cuando me quedé botada en el paso sobre nivel de Peñuelas. En bici quizás es la excepción, una vez me levantó un curao, otra me levantó un bombero de una bencinera y, en la otra, el muchacho con el cual choqué de frente -bici contra bici-. Ahora me vieron varias personas mayores (hombres) y por el susto no atiné a pararme al tiro o a aceptar su ayuda. Les dije que me dieran un minuto y me disculpé con el pajarito porque ese insulto fuerte no era para ella y noté que también estaba muy asustada -además sabía que había sido su culpa-. 

Al rato me paré, me ayudaron a levantar mis cosas y la moto. No pusimos más lejitos del cruce de las calles en donde me había botado el pajarito y hablamos tranquilamente. No fue grave, no nos fue mal. Después del susto la moto no encendía, así es que llamé al amigo de la grúa y le dije al pajarito el valor  y que la contactaría para cobrarle los costos (si es que la moto estaba dañada). Me transfirió 30.000 y quedamos en contacto. Se fue. Cuando llegó el amigo de la grúa, me pidió permiso para revisar la moto y me explicó que no encendía porque estaba "ahogada"; quemó un poco de bencina y la echó a andar. Me cobró 20.000 por el pique y el arreglo, si hubiera usado la grúa me habría costado 25.000. Agradecí al amigo de la moto y a un caballero que me ayudó a parar la moto, luego seguí con mi asuntos. En la noche le escribí al pajarito para contarle que la moto estaba bien, que el amigo me había cobrado menos y que me tomaría un buen café con el resto del dinero; me agradeció que le contara el final de toda la historia. Demás que seguía nerviosa (aunque le mesanjeé horas después), me agradeció el gesto y me deseó un buen cafecito.

A pesar de que me caí sobre una de mis nalgas y no me golpeé el resto del cuerpo, me sentía un poco apaleada, el susto decía yo. Al otro día y durante una semana tuve un moretón, pero sentía el cuerpo renovado; cuando le conté a mi hermana sobre la caída, mencioné que se me había realineado "para bien" el cuerpo o algo como que se me habían alineado los chakras (no recuerdo bien), pero el punto era que no sentía más achaques de los que tenía antes del golpe, sino menos. Yo no sé si seré masoquista o algo, pero esos tres elementos: golpe, susto y alivio, como que me hacían falta y mi cuerpo lo agradeció curándose y mi cabeza me agradeció olvidando cualquier mierda irrelevante que me estaba quitando atención de los asuntos importantes. 

Hace un par de semanas me caí en el patio. Una caída muy tonta. Se me resbaló un pie en una bajada de tierra (que tenía algunas piedrecitas sueltas) y quedé sentada; me golpeé el culo y el codo del brazo derecho. Tenía un vaso con café en la otra mano y apenas se derramó porque caí con el torso recto. Me asusté un poco por mi torpeza, no recuerdo haberme caído así, resbalándome por un camino que conozco bien, que incluso puedo recorrer con los ojos cerrados o por la noche sin usar linterna. Me sentí un poco "vieja" ¿acaso me estaban fallando las piernas? ¿acaso me sentía tan cansada que no estaba poniendo atención? ¿acaso estaba tan colapsada por el cansancio que mi cerebro había olvidado esa bajadita? ¿estaba distraída? No sé, pero me pasó lo mismo, me sentí aliviada después del sustito; me sentía mejor que antes de la caída; aliviada de la cabeza y sin dolor en el cuerpo.

Hace unos días me caí en una escalera, en una tienda del centro. Una mala combinación entre suelas lisas y resecas de unos zapatos viejísimos; una escalera antigua y resbalosa de piedra; una distracción entre una llamada y una búsqueda infructuosa en un bolsillo; y, por último, no poner atención y poner el piloto automático para hacer algo que creía poder hacer a ojos cerrados porque me siento muy cansada. Estaba súper preocupada por la persona que iba a mi lado más que de mí. La escalera tenía quizás 20 peldaños y me resbalé a la mitad, mi trasero me hizo rebotar hasta el último. Fui muy rápido como para alcanzar a actuar, así es que miré a la persona que iba a mi lado y le pregunté si estaba bien. Todo bien aunque se golpeó un brazo. ¿Me puedes abrazar? le pregunté. Y me dijo que no quería porque estaba bien. Insistí en que me diera un abrazo y le dije que era yo quien lo necesitaba. Dentro de todo, me alegré que no hubiera nadie más, que nadie me viera ni nadie intentara ayudarme; creo que me hubiera puesto a llorar de la vergüenza. Finalmente lo mismo, alivio. 

Pensándolo un poco, quizás y solo quizás, lo que he estado viviendo estos últimos meses -en mi trabajo- ha sido tan repetitivo y poco desafiante que estas caídas sorpresivas le han brindado a mi cerebro algo de estímulo ¿positivo? ay, no sé cómo explicarlo. Creo que sentiría un alivio enorme si estos pequeños accidentes fueran "medianos", si estos machucones fueran cortes o huesos rotos, si las caídas se transformaran en reposo, largas horas de sueño o un poco de atención.  

4 de diciembre de 2025

A propósito de Confesión I

En el último año me ha tocado –desgraciadamente- pensar harto en el concepto de amor. Por una u otra lectura (por pega o por placer), por escuchar (con o sin intención), por verlo en donde pongo la mirada. En algún momento pensé mucho en la clase de amor que he vivido y en la clase de amor que me gustaría vivir; en qué me gustó y qué aborrecí. De ahí aparece lo del posteo anterior. No recuerdo otra etapa de mi vida en que me fijara tanto en las expresiones de amor público, donde miro las veo y siento tristeza por no haberlas vivido antes. Creo que la vergüenza ha teñido cualquier intento de declarar amor, cualquier muestra de afecto mínimamente abierta al ojo de algún extraño. ¿Acaso es otro asunto el que ha impedido ese breve goce afectivo?

Quizás es algo que viene desde muy atrás, incluso desde antes que alguien me viera el cuerpo. Cuando era escolar me comparaba mucho con las chicas “deseadas”, las que casi todxs considerábamos lindas (en su aspecto exterior); yo era un asco en comparación. Encontraba lindas a las bailarinas –había una academia de danza en el colegio- porque eran delicadas, suaves en los gestos incluso fuera de la clase. Encontraba lindas a las chicas delgadas (onda, como referencia, el cuerpo de la Britney colegiala), quizás porque ellas usaban ropa más ajustada, se sentían mejor con su cuerpo y no sentían vergüenza de sí mismas, porque se les veía más piel y podía seguir con la mirada esa silueta definida que yo no encontraba en mí. Encontraba lindas a las chicas que usaban falda porque ni se preocupaban de nada, vestían falda como la propia piel, con elegancia y comodidad. Me gustaban las chicas con piercing, con tatuajes, con aros, con pelo largo, con seguridad de andar con poleras ajustadas o con el valor de llevar algo encima algo “fuera del reglamento”… al final todas tenían algo que admirar o encontrar lindo, pero yo no lo tenía. Ni gracia ni talento ni buenas notas ni buen carácter ni amor propio ni falda ni piercings, no destacaba en nada, no era querida por nada, no era buena amiga ni sabía algo que me hiciera útil. Si no reconocía nada bueno en mí, nada deseable o admirable ¿quién iba a querer o amar algo de mí (o amarme, quererme, admirarme)? Qué imbécil fui. Por supuesto que tampoco dije “me gusta este o aquel, incluso esta o aquella”, si yo era una vergüenza con patas, quien me gustara también iba a cargar con esa vergüenza, con el asco y todo eso; la gente se burlaría (aunque me rechazaran), decidí dejarlo en mi cabeza. “Los bonitos con las bonitas, los músicos con las cantantes, las excelentes con los destacados”. 

¿Por qué no me atreví siquiera a vivir un amor adolescente? Sería mucho peor la vergüenza que sentía de ser yo, el pánico de que la gente supiera (ya sea por éxito o fracaso), el que yo creyera firmemente que la privacidad en el ambiente escolar no existía, la seguridad del rechazo y de la burla, casi imaginando la burla constante a mi espalda y a la espalda del pobre desgraciado sobre el que pusiera mi ojo de monstruo. 

Hace un par de años (me parece), hablando con una amiga mayor, me preguntaba cómo era posible que una muchacha sintiera asco de sí misma. Me explico, ella conocía a una escolar y le oyó decir eso de sí misma; en algo que escribí, percibió esa misma idea, por eso hablamos el tema. Ella veía linda a la escolar, también a mí (no en el mismo contexto, por supuesto); tenemos algo que ella ya no percibe en sí misma, pero que vivió y gozó cuando fue escolar y cuando tenía treinta y tantos años. Hablé harto con ella, pero no creo que entendiera lo que intenté explicarle. 


30 de noviembre de 2025

Confesión I

 Hace unos meses, delante de un grupo de personas más jóvenes que yo –si acaso a la que conocía más, quizás llevábamos menos de 5 años en contacto amistoso-, entre tragos de vino y decenas de cigarros de colores y sabores, confesé casi llorando que no me habían mostrado con orgullo (ahora mismo no lo vas a entender, pero lo explicaré, aunque todavía me produce una profunda pena). 

No recuerdo bien si yo guié el tema por esos caminos, esos que te obligan a contar experiencias en el amor; ve tú a saber, no puedo retener tantos detalles. El asunto es que hace tiempo (años o quizá una década) que arrastro un montón de sensaciones bastante asquerosas dentro del pecho y la guata. Sé que no es bueno (para mí ni para otros) darle “vuelta” a los asuntos que no pude resolver en el pasado o que me dolieron (pero que decidí dejar ahí en suspenso), porque al final era menos doloroso ponerle stand-by antes de intentar siquiera solucionar. Y ahí se quedaron esos asuntos que me provocaron dolor y que aún me duelen profundamente. Mencioné que quizás yo guié la conversación hacia el tema porque, desde mucho antes, quería contarle algo a alguien (quien fuera), pero también sentía que tenía que pasar fugaz, quería que se recordara en medio de la bruma alcohólica, en medio de la turbiedad de una conversación casual; no sé si lo planteé, no sé si llegamos ahí porque comencé a preguntar (“casual”) o porque a alguien le dio por hablar porque quería hablar. Quizás –pensándolo un poco- hasta me aproveché del momento. Me dije: bien, total ¿quién se va a acordar de esto? ¿quién podría preguntar más o indagar? ¿para qué? Yo tampoco es que recuerde mucho, pero me quedé con la impresión de que el chique más joven simplemente soltó algo a medias –tan honesto y sencillo que casi voy a abrazarle-; hay otro que habló (y siempre habla) con un cariño que no puedo compartir, un amor que te atraviesa de lado a lado el corazón y te hace sentir una envidia tremenda, lo entiendo y lo envidio, pero no sería capaz de amar como él ama; otra chica, la que conozco más, es determinada, valiente, hizo un compromiso consigo misma y lo cumplió –a pesar de lo difícil que es cumplirse en la adolescencia-, admirable a todo esto. Yo solté un recuerdo, un “hecho” digamos, que se ha repetido varias veces: ¿saben? ¿les puedo contar algo? –les dije, intentando provocar algo de complicidad con ellxs, creo-. He tenido “parejas” en la vida, más bien “personas” con las que he entablado una relación más íntima y personal, pero ninguno me ha mostrado con orgullo; no me han tomado la mano en público, no me han anunciado como “es mi pareja”, “es mi compa” o “estamos saliendo”, “andamos”, “nos amamos”. ¿En serio?, me preguntó la chica; en serio y creo que sintieron vergüenza de estar conmigo, creo que nunca fui lo suficientemente linda, atenta, amorosa, dedicada, honrada, leal, decente, preocupada, abnegada, honesta; no sé, como que no estaba a la altura de una relación o no era digna de reconocimiento público. Por supuesto que eso no lo estaba pensando cuando me pasó, solo eran recuerdos, no impuse el trato que deseaba recibir, sino que me adapté al trato que querían darme; no fui exigente con las “demostraciones públicas” (no me interesaba realmente). Una vez no pasa nada, cada uno tiene sus particularidades; tampoco es culpa de nadie, no fue algo que se habló, acordó o pensó siquiera (o eso creo recordar). Todo esto me comenzó a hacer ruido mucho mucho tiempo después, digamos este año (a mediados de año, creo). No fue una, fueron varias y eso me preocupó, me hizo desempolvar esos recuerdos y preguntármelo. No había una buena razón, tampoco una mala razón; no había algo hecho, sino algo que no se hizo y, lo que fue curiosidad al principio, se convirtió en tristeza. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué no a mí? ¿En dónde está mi jodida historia de amor? ¿en dónde están mis recuerdos del amor público? 

Quizás por eso sentía envidia cuando un amigo me contaba (y se daba el trabajo de explicarme) que con x chica eran compañerxs –y no “su pareja”, no “su polola”. Por eso me dio tanta rabia cuando otra chica se fue y yo casi le pego a su pareja porque ella caminaba a casa y él había decidido quedarse bebiendo conmigo (¡No weón! El amor es lo más importante, yo pago la cuenta, después invitas tú. Corre, anda, alcánzala); ahí no sentí envidia, sino pena, ganas de llorar. Cuando estos chicos me contaron las historias de amor, sentí ganas de llorar de felicidad; pensar que terminaría amando esas historias de amor público y orgulloso. El otro chico, hace poco, hablándome –demostrando que era algo cotidiano y natural para él- sobre el amor que le tenía a su polola, que la amaba, que la adoraba, que tomaba acciones a diario para cuidar ese amor. Convencida de que debía decir algo porque admiro ese tipo de amor en la misma medida que lo envidio, dije que era hermoso cómo se expresaba de su polola y de su relación con un tono de voz incorrecto, como queriendo matarlo mientras lloro y me imagino todo lo que cuenta. Ah. 

Me dolía (y de seguro va a seguir doliendo), pero al decirlo, lo exorcicé un poco, lo vomité entre humo y gotitas de saliva con tinto, solo para comprender que –si me vuelvo a involucrar con alguien- me adaptaría al designio de la otra persona, no pelearía, me sometería a la clase de amor que quisiera darme porque aún no sé nada del amor.          

2 de julio de 2025

Una y otra vez

Hace algunos años recordé un animé que nunca vi completo, tenía algunos recuerdos de la trama y, según yo, me había gustado; lo busqué, encontré y lo vi… me arrepentí mucho. En ese entonces prometí no volver a ver monos viejos de los cuales tenía un buen recuerdo, pero algunos años después lo volví a hacer (esta vez con un mono que debí ver más chica, pero no encontré en ese momento); también fue un error, me volví a arrepentir. 

En youtube hay un montón de monitos viejos (de los 90) completos y algunos en “latino”, pero lo pienso antes de ver alguno. En los dosmiles vi algunos que recuerdo mejor, o sea, no tengo excelentes recuerdos de la trama, pero ese recuerdo es más fiel a mis recuerdos de infancia sobre este o es monito. 

No me pasa con las series y las películas que me gustaban mucho, esas sí las he visto de nuevo y las sigo encontrando geniales; de eso escribiré algún día, si es que recuerdo hacerlo. 

Hay algunos monitos que vi en mi veintes y me gustaron harto, yo flipaba en colores en ese tiempo y ahora me siguen gustando mucho, he visto varias series muchas veces (más de 15 veces) y me quedaré siempre con ese gustito porque me siguen gustando. 

Hay un monito que me gusta en particular. Hasta hace poco también leí el manga (que ni idea que existía) y eso no lo volvería a leer. El monito sí lo veo mucho, me gusta un montón y no es una trama complicada, tampoco es buena la animación, de hecho es bastante lejano el animé del manga; aun así me gusta bastante. 

Yo creo que me gustó porque ahí aparece un personaje que se me hacía el ideal para “replicar” en la memoria, en mis fantasías sobre el futuro, la idea de “me encantaría ser así”. Es bastante seductora la idea de poder ser alguien más sin pasar por lo que pasó ese personaje para ser así (al final sé que es un mono animado y forjamos el cómo somos por lo que nos pasa, no por lo que le pasa a otra persona). 

Así me la paso pensando en que me encantaría ser así, pero cada año es más difícil soñar con ser alguien así; aunque no me deja de gustar la idea. En mi casa, mientras hago una que otra cosa para la satisfacción personal, me imagino en su pellejo, haciendo lo que hace (en el animé) y creyendo vivir algo que remotamente se parece. A veces me gustaría haber sido otra persona (no alguien en particular, tampoco ese personaje), se me queda la idea en la cabeza y puedo disfrutar esas fantasías que todxs debiéramos permitirnos disfrutar

28 de junio de 2025

Sobre los detalles

Vi a alguien, más bien la observé, haciendo esas cosas que son propias de las personas mientras conversan, sin pensar mucho, sin fijarse en los gestos que les son tan naturales porque no los notan. Evité mirarla mucho porque sentía vergüenza, me sentía rarísima. Sentía que no merecía tanta atención, no merecía esos abrazos tan cálidos, ese ofrecimiento constante de té o café; es más, tampoco lo que le estaba contando me parecía que debía escucharlo (aunque lo hizo), son temas que me complican un montón, ahora siento que no debí contarle.

Hace algunos días le pregunté si podía ir a “webiarla”, me dijo que no. Un par de horas después, me dijo que sí podía ir al día siguiente o al siguiente; terminó su mensaje escribiendo que me extrañaba. Yo estaba con alguien más y sentí que se me calentaban las mejillas, me reí porque me sentí nerviosa. En ese momento, aunque estaba con alguien más (de mucha confianza).

Estuve pensando todo el día en que quería ir a verla, era lo único en que podía pensar. Llegué medio aturdida por cansancio, por quedarme mucho rato en la calle, entre que terminé el taller y llegué a su casa. Me sentía muy feliz hasta que comenzamos a hablar de esas cosas que no debí contarle (y le conté por desesperación) y otras que tratan de trabajo (esos asuntos sí que debo compartirlos y conversarlos con ella). Después de hablar de esos temas incómodos, ya no pude disfrutar esa larga conversación, me di cuenta cuando se tomó el pelo y lo sujetó brevemente (me gusta ver su rostro, pero se veía muy distinta con el pelo tomado). En algún momento dejé de mirarla, sentí vergüenza de mostrarme tan vulnerable, asustada, aterrorizada por un asunto en que no debí involucrarla. 

Sí que tiene el rostro lindo. Con el pelo tomado se le notan más las líneas del hueso de la mandíbula. Lo hizo dos veces o lo hizo más, pero lo noté dos veces porque no podía mirarla por sentirme rara. Esa extrañeza con el propio cuerpo, desear esa conversación, pero no poder disfrutarla. 

Quizás ni debí bajarme de la moto, quizás era mejor quedarme ahí un rato a pensar mientras respiraba para decidir mejor. Estacioné “chueca” la moto, me bajé y me apuré para encontrar la puerta de su casa; anhelaba ese abrazo que me parece gigante, que me regala porque siento que, de algún modo, me quiere. Ahí noté que no disfruté ese abrazo. ¿Qué pasó? 

No sé si estoy tomando distancia porque me he tomado dos años analizando fracasos personales en relaciones de todo tipo; en una de esas me dejé llevar demasiado y me dio resaca química; quizás va más allá de la vergüenza; podría ser que solita me estoy conteniendo pa no embarrarla. 


24 de junio de 2025

Necesito más compañía de la que estoy dispuesto a aceptar

Tuve un montón de tiempo para pensar en asuntos varios, esos temas que incomodan o duelen, esos que no consideré pensar ni un segundo más porque era más importante mi trabajo o mis amistades o comer, dormir, cualquier cosa para no pensar en eso. Hace poco, durante dos semanas, me vi arrinconada. Afortunadamente tengo amigxs con los que puedo hablar, contarles, incluso llorar. No sé si hablar, mientras sucedía todo, me ayudó o hizo de esto algo más profundo y complejo, ahora mismo me siento relativamente aliviada. 

Por mi trabajo me muevo en moto y, a veces, debo recorrer grandes distancias por la carretera. Pensando en estos asuntos desagradables, no salí a tiempo de la carretera y tuve que devolverme muchos metros más allá, por lo mismo también me asusté y llegué justo a la hora (a los talleres no puedes llegar “justo” porque siempre hay algo que hacer antes y todo se atrasa). En el camino pensaba en todos los malos recuerdos que había enterrado, en toda la violencia y el trauma que aún me duele, aquello que me hizo daño y que me tragué, en ese tiempo, porque comencé a enterrarlo apenas llegué a mi casa. Todo eso que me asquea y que no entiendo cómo pude vivirlo hace más de diez años, ahora me recuerdo débil y demasiado estúpida para encontrar la forma de defenderme, también siento culpa aunque no debería. 

Hay un chico al que agradezco infinitamente que tenga la paciencia de escucharme, sé que no es fácil sentarse a escuchar mis ataos porque son largos y complicados, me voy en detalles, se hacen eternos y muchas veces siento que ni siquiera debería estar hablando de todo eso. Lo siento, amigo, te agradezco la paciencia. Asumo que hemos conversado tanto a lo largo de los años que todo aquello que le cuento, aquello que yo creo no haberle contado, él ya lo sabe porque ya se lo conté y lo recuerda, yo no soy buena recordando detalles de las historias que me cuentan (y no es porque no me interese o porque no ponga atención). 

En toda esta revuelta de recuerdos enterrados, me llegué a preguntar si realmente alguna vez alguien me amó lo suficiente, pues no. Estoy segura que el amor no significa que uno deba recibir daño, que uno tenga que golpear o morder para defenderse, que uno tenga que vivir con miedo o cuidando sus pasos. No recuerdo cosas buenas del amor. 

Entonces ¿alguna vez me he enamorado? Quizás en un entendimiento amplio del asunto, pues sí. He sentido el corazón alborotado y he sentido las mejillas calientes, he decidido también hacer cosas extraordinarias (cosas que no hubiera podido hacer por y para mí), decidí algunas veces entregarme completamente y acá estoy lamentando profundamente haberlo hecho. 

Los recuerdos dolorosos tienen sangre y vergüenza, dolor profundo, cicatrices. ¿Tan difícil será olvidar todo esto? Se siente muy cercano, muy vívido aunque esos recuerdos ya hace mucho los había enterrado. Quizás eso fue, no me di el tiempo de sufrirlos, lo enterré y pensé que era suficiente. 

Me atormenta este asunto. ¿Qué debo hacer para olvidarme de tanta mierda? Ya está doliendo y me está asustando. 


18 de junio de 2025

Uso y abuso

Por rabia, por pura rabia, en un tritrás me arme un show. Pongámosle performance, pero improvisada y movida por la rabia. Me sorprende a todo esto que sea siquiera capaz de contar una historia más o menos larga, de memoria, pudiendo imprimirle gracia y drama, emociones muy reales, acciones impactantes. Aunque no lo sé con certeza, no me estaba mirando y tampoco estaba pensando en cómo me veía. Miré un par de veces a alguien que estaba justo delante de mí, sentado, pero poco más. En las presentaciones y lecturas me cuesta bastante mirar a alguien en particular porque me distraigo; creo que esas pocas veces que miré el rostro de alguien, era para verificar el efecto de lo que estaba contando, insisto que solo lo creo. 

Lo he contado y varias personas (que conozco) estaban ahí. Las personas ahí vieron esa parte y he contado lo mismo, quizás acotando un poco o alargando un poco para dar contexto. Algunas me miraron con curiosidad, me comentaron algunas cosillas y poco más. Uno me retó y le encuentro todo la razón: “es mejor agarrarse a combos (con otros) que dañarse (uno mismo) por rabia”, me dijo. 

Inmediatamente después de la perfo, pasaron un montón de cosas “públicas”; la gente siguió mirándome, internamente también pasaba mucho. 

Salí de ahí junto a unas personas valiosas para mí, pagaron un vehículo y le pidieron que me dejara cerca de donde me estaba quedando, se fueron juntas porque se estaban quedando en el mismo lugar. Caminé un buen tramo porque mentí en la ubicación, necesitaba caminar un rato. Llegando al lugar (una hostal), hice lo de siempre, lo que hago todas las noches. La gran diferencia fue una consecuencia de la perfo y me pregunté hasta cuándo sería capaz de hacer cosas así, hasta cuándo podrían aguantarme las manos. Desde ahí me reservo lo sucedido, aunque al día siguiente fui –nuevamente– “pública”. 

¿Sabes? Tengo esas imágenes bien claras en la memoria, podría contarlo en alguna reunión con amigxs o contárselo a alguien cuando sienta ganas. Lo más probable es que lo ocupe en algún cuento, como hago con esas cosillas que no son tan públicas, aquellas que siento y oculto entre las cosas que digo. 

Quizás te preguntes por qué tanto silencio (en este blog) y es porque me están acosando. El blog se convertirá en algo “privado”.