Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

18 de marzo de 2026

Gané tres veces y perdí tres veces.

A veces, cuando estoy esperando el semáforo verde en calle Balmaceda con Cordovez, dirigiéndome al norte y como primera en la calle, por la noche, cuando ambas aceras solo están iluminada por las farmacias 24/7 y las luces amarillas intermitentes de los vehículos, mis pensamientos vuelan a los instante de gloria y éxito que ahora -creo- tuve en el pasado. No sé por qué en ese lugar y bajo esas condiciones, pienso en eso.
Se me vienen a la cabeza las presentaciones (no las "normales", sino las performance), los colores fríos de las luces del escenario, la música, la cara de las personas que me acompañaron en el escenario; esos momentos que ahora pienso como mi punto más alto: publicación reciente y lista para mis lectores, visibilidad, escenario a mi disposición, carrera (literaria) en ascenso, vigencia, relevancia. A modo de dato extra, nadie me cuestionaba o me preguntaba qué iba a hacer; no había dudas de que el espacio que me daban se "pagaría" con todas las sillas llenas, incluso el espacio de los escalones, los pasillos y los lugares cercanos a los módulos editoriales. Tenía un montón de compromisos antes y después de presentar, apenas terminaba me hablaba alguien de prensa (de inmediato) y a las personas -en general- les gustaba mi puesta en escena; jamás pude enganchar una venta de libros decente (o sea, vender más de cinco libros, provocar que la presentación se tradujera en difusión real de mis libros o de las revistas que estaba confeccionando). No importaba mucho la venta, pero era un tema al cual le di muchas vueltas; tampoco está resuelto (creo que podría escribir al respecto en otra entrada). Esos fueron mis momentos "altos" y, hasta entonces, no me imaginaba que podía decaer en visibilidad; no por mi falta de ganas, sino porque el contexto cambió (se borro y reescribió), estoy pensando en octubre de 2019 y marzo de 2020. 
También recuerdo que muchas personas, conocidas o no, me invitaban a leer en cafés y otros eventos: colegios, charlas, entrevistas y otras. Mi visibilidad me permitía saltarme hacer mi propia publicidad como autora porque ya era pública, visible y tenía una historia concreta, comprobable (libros publicados, revistas en que estaban mis cuentos, plaquettes, fanzines y publicaciones colaborativas). Esa visibilidad que ahora es fácil ver en RRSS en perfiles completos dedicados a que otros vean tu cara, escuchen tus problemas (como creador), vendiendo tu cara porque eso se traducirá en ventas (se supone que sí, pero en la práctica es más complicado de lo que parece). No creía necesario mostrar mi cara antes de que la gente conociera mis publicaciones, los cuentos iban por delante. No era necesario que yo presentara o tuviera tantos espacios, finalmente la pega estaba hecha; ya tenía mis publicaciones a la venta y si alguien quería conocerme, estaba yo ahí vendiendo mis libros (y con muy buena disposición a conversar). Cada día me da más pudor que me tomen fotos, no lo creo necesario, no me gusta, me siento súper incómoda y siento también que arruino la imagen. Me salté mi época narcisista, me salté la época Fotolog, me salté los años de (auto)exposición en las primeras redes sociales que tuve, no practiqué mis caras, no identifiqué mi perfil bueno; no puedo ocultar mi incomodidad, no soy capaz de actuar que es grato posar para una foto porque no puedo mentir con la cara completa. Tampoco me ayuda mi aspecto: hace décadas tengo unas ojeras que un día se instalaron y no desaparecieron; tampoco ayuda que fume como carretonero porque ese veneno acentúa lo menos favorable en mi cara (a ojos de quien mira). Lejos de sufrir por esto -aunque te parezca que me quejo-, amo mi cara, amo mi pelo, amo mis manos (solo me refiero acá a las partes más visibles y públicas de mi cuerpo); no me cambiaría ninguno -en su totalidad- y tampoco modificaría algo chiquito. Lo siento, me di una vuelta que no iba al tema. 
En el semáforo pienso que alguna vez tuve mi punto más alto y no lo supe identificar en el momento en que pasó, tampoco nadie podría identificarlo en el momento ya que solo se aprecia en perspectiva; observando tu historia desde el presente, entiendes o, mejor, ves perfectamente -por contraste y resultados- cuál fue tu momento más bajo y cuál fue el más alto. No lamento no haber podido identificarlo o no haberlo disfrutado más; voy a que me inquieta pensarlo mirando al futuro. ¿Cuál será el punto más alto (en la totalidad de mi carrera literaria)? ¿Cuánto más alto comparado a estos momentos altos que son del pasado (o cuánto más bajo será en el futuro)? ¿Me alcanzará el tiempo para mirar al pasado y admirar esos momentos con tranquilidad? 
Estas últimas semanas me he pillado diciendo: "mi estilo de vida es mi plan de retiro", refiriéndome a que no pienso en un futuro donde viva mucho, por lo tanto no estoy tampoco preparándome para mi vejez. Quiero morirme de una vez, un cuetazo único. Eso también significa que no tengo tanto tiempo y quisiera alcanzar a mirar con tranquilidad -tanto al pasado como al futuro- todo aquello que recuerde; lo pésimo, lo malo, lo normal, lo bueno y lo excelente; quiero una experiencia amplia (todo lo que pueda vivir) con respecto a vivir (y mantenerme) como creadora. 
Por supuesto volví a perder el hilo. 
Gracias por leer.