Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

10 de junio de 2026

Acá va. Un segundo intento.

Me revienta que grupos de escritores manejen (o promuevan) actitudes sectarias. No sé realmente si ellos -siquiera- comprenden a lo que se están sometiendo (referido a lo que replican) y tampoco sé si quienes lo promueven estén conscientes de lo que hacen/provocan/premian/promueven. Acá va, bien en bruto.
Por la tierra en la que vivo hay un tipo con poder. Carreteo (en 2010) con algunos miembros de ese grupo, la pasamos bien; considero continuar yendo a "reuniones", lecturas y coffee´s. Durante una feria del libro, noto que me saludan cuando el JEFE no está presente; noto que NO me saludan cuando el JEFE está en el mismo lugar (aunque no esté prestando atención a todo -al mismo tiempo-). Increpo al saco´e wea que carretió conmigo, que me contó chistes y me hizo reír, que me cayó bien, ese mismo weón que -por estar presente su JEFE- NO me saluda... "¡Ey! ¿No me vai a saludar más? ¡No vuelvas a hablarme!" -Eso le dije y jamás volví a verlo-. Eso lo hice para dos personas, en los mismos minutos. El par de weones estaba conversando y dos por uno, pensé. A uno le dije lo que acabo de contar, a la otra (porque estaba yo vendiéndole fanzines, mientras la weona decidió dejar de saludarme porque la lealtad estaba con otro amigo, quizás 10 o 15 años mayor que yo, un poeta trucho y abusador). "¿Voh tampoco me vai a saludar?" y ahí corté el trato con ella. Váyanse a la conchetumare, sectarios y la reconchetumare -eso último lo pensé. Como escribí: al tipo nunca más lo vi, la mujer volvió a hablarme porque "necesitaba que le sacara un poemario".  

El año pasado... A versh... A finales de 2024 me mandaron a hacer unos plaquettes (nada fuera de lo común), los terminé, los entregué y tuve una desavenencia con la persona que me encargó la publicación: al final se arregló con unos cuantos mensajes de audio, un par de "tu culpa" y era (o eso pensé yo).
En verano del 25, en la feria de Coquimbo, comencé a notar algo rarísimo. Veía pasar -al frente de mi módulo- gente que conocía, pero no se acercaban a saludar, tampoco a ver lo que tenía en el mesón. Aclaro que entiendo (perfectamente) si van a una presentación y justo no PUEDEN saludar -ya sea por tiempo, por nervios, por lo que sea-; también entiendo (¡Exijo, perra!) que pasada la presentación, bien podrían volver, saludar, mirar, conversar ALGO... No sé... ¿Es mucho pedir un saludo? Porque les ESTOY SACANDO Y VENDIENDO PLAQUETTES, LIBROS, COSAS (porque la necesidad, a veces, se huele y yo -la weona- me presto pa "vender").

Me encontré, por casualidad, a la mujer que me pagó por hacer los plaquettes y me hizo la desconocía, caminó de frente y, al levantar la vista, me vio y quiso mirar pa otro lao, me acerqué y la saludé ("a la fuerza"); recién ahí me miró y me aceptó el encendedor y me saludó y conversamos porque ¿¡Qué weá?! Un malentendido, un conflicto, una desavenencia, una weá ¡Ya fue! ¡Pasó! Se arregló con plata y tampoco es que yo fallara, tamos; aunque fallara yo, me disculpo, voh dale, no sé. Ok, arreglado, pensé; no hay problema, pensé.  

...continuará...

  

7 de junio de 2026

Lloré por una weá, pero igual me siento triste.

El fin de semana pasado estuve en una feria tremenda por primera vez. 
Por casualidad, en el verano en Coquimbo, me enteré de que un amigo se había ido a vivir a Santiago, él prácticamente había cortado comunicación conmigo aunque conozco su casa, a su familia y a su hermana, ella me ha ayudado un montón en muchas cositas (y le agradezco mucho aunque, por tiempo, no he podido ir a verla). 
En Santiago (o en cualquier lugar realmente), espero no encontrarme con nadie conocido... Digamos que sería ideal que nadie me conociera, me siento más tranquila. 
Allá, al final del jueves o viernes, no sé realmente, lo vi de reojo: está viviendo en la ciudad, quien lo aloja estaba con sus libros en el mesón a mi lado, era medio seguro que pudiera ir. 
Allá voy sola, dejo todo en casa y encargado para retomar cuando regrese. No me gusta viajar (me cuesta moverme, me incomoda moverme), pero acepté ir a esta feria aunque sentía miedo más que cualquier otra cosa. 
Con la persona que aloja a ese amigo tuve un problema (no algo grave), pero pensé que habíamos arreglado el asunto cuando nos vimos en verano, sin embargo, ese acercamiento (luego de meses sin verla en persona) me hizo repensar algo que había estado "masticando" desde que tuve ese problema con ella y nos mensajeamos enojadas (ambas). 

Hace un montón de años conocí a una mujer súper interesante, la quería un montón. Por un problema que no tenía que ver conmigo, ella tomó distancia de mí; otra mujer (su amiga) tuvo un problema con una organización de la que las tres éramos parte. Esta otra persona se sintió mal por una respuesta, mi amiga se sintió mal también por el trato (a su amiga) y a mí, esta amiga que quería mucho, me hizo "la cruz". Ellas dejaron la organización, yo opino que todo eso fue un malentendido y un pelín de estrés y hartazgo; una dejó la organización y MI AMIGA, la que quería mucho, tomó una distancia rara, algo que yo percibí, pero que no entendía. 
Yo realmente quería a esa mujer, me encantaba, la quería mucho, la quiero todavía. 
Después de unos meses (creo) de webiarla para que nos juntáramos, ella accedió. Yo le hablé como siempre, convencida de que el tiempo era lo que faltaba para que pudiera juntarse conmigo -como antes- y hablé un buen rato. Ella casi no habló, pero lo hizo en algún rato para decirme que su amiga era importante, que el trato que había recibido no estaba bien y que su lealtad estaba con su amiga; no con la organización (ok, bien), no conmigo (¡¿Ah?!). 
Me costó entender porque soy imbécil pa ciertos asuntos. Esta amiga que yo amaba y admiraba, escogió dejar de relacionarse conmigo porque su amiga tuvo problemas con la organización en que las tres estábamos; yo seguía en la organización, su lealtad estaba con su amiga, yo no tenía nada que hacer con ella si no me ponía de "su lado". Perdí a una amiga querida y lloré un montón, no volví a insistirle para que nos juntáramos, siempre iba a perder frente a su amiga. Le di muchas vueltas al asunto porque me provocó mucho dolor y la dejé (no le insistí más) porque deduje que sería imposible que me tratara como antes, que me hablara como antes, que me escuchara como antes porque eligió a su amiga y, finalemente, era lógico ¿Quién chucha apostaría por la amiga "reciente" antes que la amiga "antigua"?
Ahí quedó y cuando lo recuerdo siento mucha pena, pero no hay caso y está bien; si está bien para ella, está bien para mí (aunque me sigue doliendo). 

Este amigo y esta amiga tienen en común que se conocen y sienten que el DEBER para con un amigo es UNA RESPONSABILIDAD INELUDIBLE. Ambos tienen a esta persona como amiga en común, la misma con la que tuve el atao y terminé enojada. 

Voy acá y me entiendo muy poco. Quizás, cuando deje de doler, pueda escribirlo como se debe.
Lo siento.