Ahora, lo curioso, es que siempre siempre siempre, la conclusión final (que puede no ser real o sí, porque no tengo manera de saberlo y, aunque la tuviera, tampoco tendría la certeza de si me están diciendo la verdad o mintiendo) es "nunca me quisieron" y me deja bastante tranquila, es como si pensar que todo lo que viví no fue consecuencia del cariño, sino de otras cientos de cosas que no tienen nada que ver con el cariño ni el amor ni el compromiso o siquiera algo mínimamente lindo.
Cuando pienso en el amor (ahora, hoy) pienso que no me han amado; no sé si es real o no, tampoco en qué medida, pero en serio me deja tranquila llegar a pensar "jamás me quisieron". Hay algunos hechos que son más sencillos de explicar cuando pienso en "jamás me amaron"; hay otras tantas cosas que son inexplicables a menos que me diga "jamás me amaron"; hay otras tantas que me siguen pasando y que solo puedo entender poniendo en el vacío "jamás me amaron".
Hace rato (meses) que ando súper angustiada: triste, desganada, melancólica. Creo que ya no puedo achacarle el ánimo a mi trabajo: sí, tengo mucho trabajo; sí, me comprometí con más cosas de las que puedo cumplir sin descuidar mi vida; sí, me falta tiempo a veces para cumplir con ciertos trabajos; sí, hay cosas que no quiero hacer y que pateo hasta que ya no puedo hacerlo más, pero lo que siento no es producto del trabajo. Lo cierto es que tampoco puedo achacarle mi ánimo a mi situación familiar: puedo, sé que puedo, tengo la certeza de que lo que hago es lo mejor que puedo hacer y que estoy poniendo todo el corazón en ello, lo hago con cariño y es un placer, he aprendido mucho a graduar mi rudeza, a moderar mi frialdad, a ser honesta cuando necesito algo y a ser también agradable aunque estoy estresada, cansada y rabiosa por cosas que podría ignorar, pero en las cuales me siento obligada a involucrarme. La escritura, para mí, nació como un modo de "sacar" lo que sentía, aquello que no podía poner en palabras porque en mi entorno cercano no sentía confianza, apoyo o siquiera ganas de oíme hablar; después se transformó en ganas de que esas cosas que escribía para mí (por necesidad y que eran privadas) pudieran ser leídas por alguien -ser públicas- a quien yo no conociera; de ahí comencé a ganar plata con lo que escribía y así he podido generar parte de mi sustento, escribiendo, publicando y vendiendo.