Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

18 de mayo de 2026

Sobre la maravillosa sensación de sentirse amada

Cuando me ha tocado olvidar a alguien que quise mucho, me pierdo en buscar los "por qués"; que si hubiera sido mejor esto y otra cosa, que si debí ser más o menos tal cosa, que si quizás en alguna otra circunstacia hubiera resultado distinto. De ahí paso a buscar culpables: que si esta acción, que si esta decisión, que si esta palabra fue de esta o de la otra parte. De ahí, masticar un poco, asumir los errores y asumir el resultado (aunque no me guste); pucha, igual metí la pata, no actué bien, no hice lo que dije que iba a hacer, no me comporté a la altura, bla bla. Todo lo anterior ha sido lo común y me ha costado bastante tiempo en cada caso. 
Ahora, lo curioso, es que siempre siempre siempre, la conclusión final (que puede no ser real o sí, porque no tengo manera de saberlo y, aunque la tuviera, tampoco tendría la certeza de si me están diciendo la verdad o mintiendo) es "nunca me quisieron" y me deja bastante tranquila, es como si pensar que todo lo que viví no fue consecuencia del cariño, sino de otras cientos de cosas que no tienen nada que ver con el cariño ni el amor ni el compromiso o siquiera algo mínimamente lindo. 
Cuando pienso en el amor (ahora, hoy) pienso que no me han amado; no sé si es real o no, tampoco en qué medida, pero en serio me deja tranquila llegar a pensar "jamás me quisieron". Hay algunos hechos que son más sencillos de explicar cuando pienso en "jamás me amaron"; hay otras tantas cosas que son inexplicables a menos que me diga "jamás me amaron"; hay otras tantas que me siguen pasando y que solo puedo entender poniendo en el vacío "jamás me amaron". 

Hace rato (meses) que ando súper angustiada: triste, desganada, melancólica. Creo que ya no puedo achacarle el ánimo a mi trabajo: sí, tengo mucho trabajo; sí, me comprometí con más cosas de las que puedo cumplir sin descuidar mi vida; sí, me falta tiempo a veces para cumplir con ciertos trabajos; sí, hay cosas que no quiero hacer y que pateo hasta que ya no puedo hacerlo más, pero lo que siento no es producto del trabajo. Lo cierto es que tampoco puedo achacarle mi ánimo a mi situación familiar: puedo, sé que puedo, tengo la certeza de que lo que hago es lo mejor que puedo hacer y que estoy poniendo todo el corazón en ello, lo hago con cariño y es un placer, he aprendido mucho a graduar mi rudeza, a moderar mi frialdad, a ser honesta cuando necesito algo y a ser también agradable aunque estoy estresada, cansada y rabiosa por cosas que podría ignorar, pero en las cuales me siento obligada a involucrarme. La escritura, para mí, nació como un modo de "sacar" lo que sentía, aquello que no podía poner en palabras porque en mi entorno cercano no sentía confianza, apoyo o siquiera ganas de oíme hablar; después se transformó en ganas de que esas cosas que escribía para mí (por necesidad y que eran privadas) pudieran ser leídas por alguien -ser públicas- a quien yo no conociera; de ahí comencé a ganar plata con lo que escribía y así he podido generar parte de mi sustento, escribiendo, publicando y vendiendo. 


15 de mayo de 2026

La retroalimentación en las labores cotidianas

Me costó hartos años darme cuenta de que me gusta crear sola, pero con algunas condiciones. Escribo por gusto (en tres blogs), también porque siento un compromiso con la publicación en papel (libros, plaquettes y fanzines) y, en menor medida, -en el último tiempo- también escribo de cosas que siento que no puedo hablar con nadie (diarios íntimos). Mis momentos más prolíficos (en escritura) fueron cuando estuve trabajando con otras personas, algunas veces fueron editores, otras fueron ilustradores, músicos, fotógrafos, artistas visuales, etc.; momentos en que escribía todos los días en el blog, diario y para publicar, a veces para uno, a veces para dos, a veces para los tres; me consumía un montón de tiempo, no escribía tan rápido como ahora, estaba recién afinando la escritura más "bruta" (digamos escritura de corrido sin correcciones en el momento). 
Lo primero que noté cuando comencé a escribir mucho, fue que aprendí a escribir sin que se me cayeran las líneas en las hojas blancas. ¿Te pasó alguna vez que escribiste en una croquera y, a media línea, perdías la noción del espacio y la escritura se inclinaba? Creo que llené media croquera (50 hojas por el frente y el envés), hasta que dejó de pasarme; ahora puedo escribir en líneas paralelas en las hojas blancas, incluso cuando hay líneas en el cuaderno porque mi letra "en serio" es chiquita y puedo escribir dos líneas donde hay espacio para una. 
Otro asunto que me gustó (y que también noté mucho después) es que afiné mucho la letra. Al principio mi deseo era que mi letra escolar se pareciera lo más posible a la de mi papá porque es la letra legible más particular que he visto: mínima, simple, rápida de hacer, clara. A todo esto ni de cerca logré lo que quería, pero terminé con una letra que me gusta porque es mínima, simple, apretada, rápida de hacer (para mi mano) y, lo mejor, es que cuesta un poco leerla hasta que te acostumbras. 
Quizás algunos años después noté que tenía dos letras: la que había logrado a base de imitaciones y la que "me salía" cuando no me sentía bien (si estaba enojada, triste, deprimida, rabiosa). 
Dos veces en la vida me insultaron la letra: la que recuerdo bastante bien, pasó cuando yo tenía veintitantos y fue en público, con 40 estudiantes escuchando que mi letra "era endemoniada". En la misma sala de clases, en ese mismo semestre, me intoxiqué por experimentar con plantas y también recuerdo (con detalles) que tuve que salir de la sala porque me sentía muy muy mal. Me costó decidirme eso sí, estuve pensando en que podría morirme o desmayarme, después me imaginaba que estaba bien y que podía aguantarme, después me sentía terrible y, pasados algunos minutos desde que comenzó la clase, me levanté, caminé lento hacia la puerta porque sentía que me iba a caer hacia un lado y mi mano derecha -que iba colgando sin ningún control- chocó con la punta de una mesa y eso me puso nerviosa porque ahí sí me pusieron atención, pero nadie dijo nada. Caminé al baño, pero tuve que poner la mano en la pared para guiarme y sostenerme. Recuerdo haber visto un par de guardias (de reojo) que hablaron algo mientras apuntaban hacia donde yo estaba; no se acercaron. En el baño estuve, según yo, media hora; no podía vomitar, pero tampoco me podía recuperar. Apenas me sentí un poquito mejor me devolví a la sala, pero no entré. Me senté en el pasillo con la espalda apoyada en la pared. Sentí a algunas personas caminar por el pasillo, es posible que me miraran, pero nadie se me acercó. Quizás me dormí o me quedé quieta durante todo ese tiempo hasta que terminó la clase y todos salieron a hacer sus cosas. Una chica (muy linda, amable y atenta) que era amiga sacó mi mochila de la sala y recuerdo que me preguntó cómo estaba, pero no le expliqué nada (¿O sí?). Si hubiera pasado más tiempo con ella, durante más años, habría terminando enamorada de esta chica. En ese año me alcanzó a agradar, algunas vez me acarició la cabeza en alguna placita y lo disfruté más de lo que estuve dispuesta a aceptar por muchos años. Me dolió su ausencia cuando me fui, aunque yo fui la que me largué sin despedirme. A veces pienso que debí ser mejor persona y mejor amiga con ella, sé que ella me regaló esa mano amiga que acaricia en momentos de tristeza. 
Me gusta crear sola porque cuando estoy sola puedo enfocarme realmente en la escritura, sin embargo, necesito a otrx creador(x) a mi lado o cerca para sentirme bien escribiendo, incluso sentirme acompañada (aunque ese otro creador no escriba); me gusta saber que otrxs están creando al mismo tiempo, así siento que tengo una responsabilidad conmigo y también con otrx. 

Leyéndome, no logré explicarme bien. Lo siento.


14 de mayo de 2026

Tristeza por ver y tristeza por escribir

Siento una tristeza terrible cuando veo animé de mi época triste. Algunos quizás los he visto diez o quince veces (20 o 25 capítulos) a lo largo de 10 o 20 años. No me arrepiento, las veo con la misma curiosidad y emoción que la primera vez. Hay algunas que considero grandes obras, algo que me encantaría llegar a hacer -y con los años he comprendido que quizás nunca jamás pueda-; otras son obras "chicas", algo que estoy más cerca de conseguir.
Hace algunos meses me preguntaron por qué publicaba, le respondí que era por el dinero; no me permití explicar mi respuesta aunque vi que la chica mostraba un gesto entre decepción y tristeza. No puedo hacer nada y tampoco explicarlo cambia el asunto; me di por vencida, jamás escribiré una buena obra (considerando el poco avance que puedo lograr con el tiempo que me toma hacer algo medianamente decente). 
He estado con hartas ganas de escribir, no sé si atribuírselo al teclado (que suena muy bien) o a las ganas de volver a escribir con la emoción y la urgencia con que lo hacía a mis veinte.
No siento ganas de relacionarme de mal modo con las personas, aunque a algunas personas quisiera borrarlas de mi vista para siempre; coexistir no significa que las personas deban conversar o tratar siquiera, pero las formas se mantienen porque es mejor tener una relación de silencio y un trato de no agresión, antes que irse a los golpes o a las peleas, insultar o conspirar.
Siento unas ganas locas de escribir un manifiesto, pero creo que sería bastante ridículo (a menos que lo afine hasta que parezca una de tres cosas u, ojalá, las tres juntas: coherente, convincente y/o críptico), pero me parece que escribir "mis razones" presume que tú no las tienes y que podrías enganchar con las mías: primero creerlas y después destrozarlas. ¿Quiero mostrar/enseñar algo? ¿Tengo el cuero lo suficientemente duro para soportar que me destrocen las creencias (ex)puestas en un manifiesto?
En una de esas estoy en el transcurso de una despedida, quizás los últimos cortocircuitos de la escritura. Si es así ¿Debería asustarme o sentirme feliz?
Ayer le "avisé" a alguien que la iba a ir a webiar, me dijo que no podía visitarla porque estaría en una reunión. Yo sabía de esa reunión, ella misma me lo había contado unos días antes, cuando pasó eso y, después, cuando rechazó mi visita, sentí celos; me siento más mal por sentir celos que por intentar juntarme con ella porque me agrada más de lo que quiero que sepa que me agrada. 
Quiero mantener esto (la escritura, en general) porque saber que NO uso auxiliares (autocorrector o IA) para escribir, me regala una sensación de satisfacción tremenda; me cuesta y a veces duele escribir, pero prefiero que me cueste y que me duela, lo preferiría mil veces.

Ay, ya se me fue el tiempo. Son las 4:00. 

11 de mayo de 2026

A veces quisiera ser Yuki.

Si alguien me hubiera preguntado qué personaje (monito animado) me gustaría ser "de grande", le hubiera dicho Yuki. 
Creo que, en la época en que descubrí internet, era chica (demasiado joven) para haber descubierto tanta plataforma útil -pensando en que nadie de mi familia sabía qué porras era el internet ni tampoco sabían usar un computador-. Tuvimos acceso a una máquina armada, con sistema operativo pirateado y sin internet: ahí aprendí embarrándola (porque tampoco me hicieron "computación" en el colegio). Ese tarro llegó porque mi papá intuyó que nos serviría para los estudios, era algo que se compró y que nadie (excepto mi hermano) usaba; el internet llegó años después, también por instuición porque tampoco tocaban el computador (excepto mi hermano y mi hermana que ya estaba poquito más grande). No recuerdo bien si alguno de nosotros le preguntó a alguien sobre cómo usar un computador, yo no recuerdo haberlo hecho y tampoco recuerdo a alguien que supiera más que hacerse una cuenta de mail, buscar en Altavista o Google, tener un Fotolog y usar Messenger. ¿Cómo es que pasé de usar un emulador de juegos que venía instalado en el primer tarro a ocupar HTML para configurar blogger? ¿Por qué sentí curiosidad por esas cosas tan abstractas? ¿Cómo es que llegué a saber siquiera que existía el Torrent o el eMule? 
Muchos años después, una amiga me enseñó algunas cosas y me explicó otras; en ese momento no había perdido el interés, pero el foco estaba en la realidad (o eso tenía en mente en ese momento). Alguna vez, cuando estaba en primero medio, vi un cursillo de mecatrónica durante el verano (en Santiago) y sentía muchas ganas de ir, incluso hablé con mi familia, pero nijo me dejarían ir sola y tampoco nadie me iba a acompañar. A veces pienso que si hubiera ido, mi vida sería muy distinta, es como la piedra miliar de un futuro que jamás se concretó. Recuerdo esto de la mecatrónica porque hace unos años volví a ver la palabra y estuve (más de una vez) a punto de volver a ese lugar que me parece fantástico, solo para abrir esa puerta que permanece cerrada después de dos décadas y ver todo eso que quise aprender por las mías, pero que me es imposible hacerlo sola. Ahora mismo pienso mucho en eso porque me encantaría meterme en esa área, quizás es el único deseo que me queda por cumplir; ya he concretado los sueños que me parecían más difíciles de conseguir y me siento bien con eso, sé lo que significa haber tocado y tener en mis manos esas estrellitas que yo misma imaginé cuando era una escolar. 
Quizás también me hubiera encantado ser Nana, aunque me gusta más Yuki; al final soy más una Hachi o un Shuichi (con todo lo torpe de ambos incluido). Me pregunto si alguien más me ve con admiración, esa misma que se refleja en los ojitos de perrito de Hachi o los gestos aniñados de Shuichi. En estos años he tenido que torcer un poco los significados de "ser guay"; ya no deseo ser guay por no necesitar a alguien o ser muy seria o ser muy lista (eso se puede fingir, pero no puedes mantenerlo por mucho tiempo); quiero tirarme a los brazos de alguien y dejar de preguntarme qué diantres el mañana porque quien abra los brazos para mí estará solucionándolo mientras me permito la torpeza, la ternura y el dejarse querer. 

Me está costando pensar claramente, quizás estoy durmiendo muy poco.