Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

28 de junio de 2025

Sobre los detalles

Vi a alguien, más bien la observé, haciendo esas cosas que son propias de las personas mientras conversan, sin pensar mucho, sin fijarse en los gestos que les son tan naturales porque no los notan. Evité mirarla mucho porque sentía vergüenza, me sentía rarísima. Sentía que no merecía tanta atención, no merecía esos abrazos tan cálidos, ese ofrecimiento constante de té o café; es más, tampoco lo que le estaba contando me parecía que debía escucharlo (aunque lo hizo), son temas que me complican un montón, ahora siento que no debí contarle.

Hace algunos días le pregunté si podía ir a “webiarla”, me dijo que no. Un par de horas después, me dijo que sí podía ir al día siguiente o al siguiente; terminó su mensaje escribiendo que me extrañaba. Yo estaba con alguien más y sentí que se me calentaban las mejillas, me reí porque me sentí nerviosa. En ese momento, aunque estaba con alguien más (de mucha confianza).

Estuve pensando todo el día en que quería ir a verla, era lo único en que podía pensar. Llegué medio aturdida por cansancio, por quedarme mucho rato en la calle, entre que terminé el taller y llegué a su casa. Me sentía muy feliz hasta que comenzamos a hablar de esas cosas que no debí contarle (y le conté por desesperación) y otras que tratan de trabajo (esos asuntos sí que debo compartirlos y conversarlos con ella). Después de hablar de esos temas incómodos, ya no pude disfrutar esa larga conversación, me di cuenta cuando se tomó el pelo y lo sujetó brevemente (me gusta ver su rostro, pero se veía muy distinta con el pelo tomado). En algún momento dejé de mirarla, sentí vergüenza de mostrarme tan vulnerable, asustada, aterrorizada por un asunto en que no debí involucrarla. 

Sí que tiene el rostro lindo. Con el pelo tomado se le notan más las líneas del hueso de la mandíbula. Lo hizo dos veces o lo hizo más, pero lo noté dos veces porque no podía mirarla por sentirme rara. Esa extrañeza con el propio cuerpo, desear esa conversación, pero no poder disfrutarla. 

Quizás ni debí bajarme de la moto, quizás era mejor quedarme ahí un rato a pensar mientras respiraba para decidir mejor. Estacioné “chueca” la moto, me bajé y me apuré para encontrar la puerta de su casa; anhelaba ese abrazo que me parece gigante, que me regala porque siento que, de algún modo, me quiere. Ahí noté que no disfruté ese abrazo. ¿Qué pasó? 

No sé si estoy tomando distancia porque me he tomado dos años analizando fracasos personales en relaciones de todo tipo; en una de esas me dejé llevar demasiado y me dio resaca química; quizás va más allá de la vergüenza; podría ser que solita me estoy conteniendo pa no embarrarla.