Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

26 de septiembre de 2020

Su reclamo piola.

Ya han pasado varios meses. Es gracioso que en las entradas comunes y corrientes tenga siete u ocho visitas durante la primera semana desde la publicación, ya pasado el mes acumulan alrededor de quince, pasados los años tienen sobre 20 y de ahí no pasa. Entradas comunes y corrientes en las que cuento cosas que quiero dejar escritas, sobre mí, sobre mi entorno, sobre las cosas que vivo. Hay algunas que han rebotado más allá del blog, de boca en boca y de link en link; aquellas que hablan de otros de modo desfavorable, las que caen en el reclamo y el odio, las que son largas y pesadas. Me parece gracioso que la única oportunidad en que este blog existe para quien NO acostumbra leer lo que escribo es cuando se siente ofendido -con o sin razón-. 

En el verano, hablando con alguien que conozco poco -por compromiso más que con convicción-, tuve que decir algo que estoy acostumbrada a ocultar porque me incomoda; tuve que reconocer en público que me pesaba que no me leyeran; no por cantidad de lectores, sino por alcance. Así, a grandes rasgos, porque ir más lejos significaría escribir algo que no estoy preparada para escribir. 
En verano también, antes de lo que cuento en el párrafo anterior, acompañaba a Nury en la inauguración de la feria del libro; nos gusta ir a picotear y conversar ahí, nos reímos y molestamos porque es chistoso sentirse un trapezoide entre "personalidades literarias y políticas"... hasta escribirlo me resulta gracioso. La actividad es comer y beber gratis, escuchar y conversar, sobre todo reírnos mucho y fuerte (aunque eso último siempre pasa cuando me junto con Nury). En algún momento llegó un periodista y escritor bastante conocido en Serena, Nury me cuenta que este escritor reclamaba en facebook algo relacionado con los escritores jóvenes (algo así como "dónde están" o "quiénes son"), luego me cuenta que ella comentó en la misma plataforma para recordarle algunos nombres. Es irrelevante decir que Nury conoce a mucha gente, pero es muy importante decir que ella conoce escritores de todas las edades y es porque a ella le importa saberlo. El primer punto cuestionable es que ese escritor también es periodista, por lo tanto es fácil pensar que si desea leer a escritores "nuevos" sería capaz de buscarlos por su cuenta y no sería tan inocente como para escribirlo en redes sociales; como pensando en que nadie le contestaría o que no habían. Dale. Por otro asunto, él se acercó a nosotras y comenzó a comentarme algo muy aleatorio, luego Nury le recordó el posteo y la respuesta, le dijo que existían y que estaban ahí; los nombró y todo. Ahí otro punto cuestionable: "a ese lo he leído", "a ese lo he leído y bieeen", "a ese lo he leído, pero no lo entiendo... y cuando no se entiende es porque algo hay", "no, a ti no te he leído" (los cuatro comentarios iban para cuatro personas distintas, dos de entre veinticinco y treinta, los otros dos de treinta y tantos); el resto de los mencionados tienen sobre 35 y no se comentó más que "los conozco". ¿Los conoce y no los lee? ¿no los conoce, por lo tanto no los lee? ¿no los conoce, pero tampoco quiere conocerlos/leerlos? De nuevo, es periodista y escribe, le gusta la literatura y tiene mano para indagar, investigar, conseguirse libros incluso y no, nada de nada. 

Al parecer hay sólo uno que comparte conmigo la edad, por lo menos de los circuitos más visibles. Conozco a pocos cuentistas locales publicados, ninguno es cercano a mí en edad. Los que más compran mis libros y plaquettes, son amigos y familia, además de Viajeros y unos pocos "fans" (lectores que no conozco). Tengo dos libros publicados que no he elaborado yo, uno por fondo editorial y otro a través de una editorial independiente. Tengo dos publicaciones colaborativas (mitad del contenido ilustrado y la otra mitad escrito) con ilustradores locales mucho más célebres que yo. Me siento conforme porque lo que escribo es leído, tengo la posibilidad de publicar y estoy presente en cada etapa de cada publicación que saco. No me siento contenta por el poco alcance que tiene lo que hago, pero sí me siento muy feliz de que las personas que me leen aprecian lo que hago. Hace una década no me imaginaba lo que podría estar haciendo a los treinta, hace cinco años no sabía si continuaría haciendo lo que estoy haciendo ahora, hace un año sentí que estaba perdiendo el tiempo y, por lo mismo, renuncié a algo muy importante. Quizás en algún momento flipé con la idea de que estaba haciéndome conocida, supongo que a todxs, tarde o temprano, se nos pasa la idea por la cabeza. Pienso mucho en que llevo harto tiempo bien involucrada en esto (en todo lo que puedo, de hecho) y es desproporcionada la relación entre "el tiempo que invierto en esto" versus "lo que obtengo por hacer esto": soy más conocida como encuadernadora que como cuentista. Conozco a la mayor parte de las personas que me leen porque yo misma les vendo las publicaciones, estoy consciente de quiénes y cuándo y por qué y qué, sé lo que les interesa de lo que hago. Sentí pánico cuando alguien me miró en la calle y me dijo "ah, tú eres Arco Camaleón", porque confirmaba -aunque de modo parcial- que era más conocida por otras cosas y no por escribir [toma tu bici y pedalea hasta tu casa, corazón]. Siento un pequeño alivio cuando pienso en que no soy muy leída en círculos formales, pero es como vivir sobre una isla de hielo: incierto, frío e impreciso. Me siento bien cuando pienso en las historias que escribo, porque sé que son leídas por gente que me interesa; los plaquettes llegan a personas que pueden leer estas historias y pueden sentir cariño por estas historias. Me ha dado por pensar que es estúpido continuar escribiendo. Me ha dado por intentar hacer otro tipo de cosas y he obtenido resultados mediocres y, a pesar de eso, si enfoco mis energías en actividades recreativas soy capaz de disfrutarlas. 

Con los días, las semanas y los meses viviendo en este absurdo que se nos presentó, asumo que todos nos hemos ido en la profunda, pensando en muchas cosas para las cuales no teníamos tiempo antes, cuestionando hechos de los cuales fuimos parte, replanteando el modo de vivir y, quizás, pensando más allá en el tiempo, "proyectarse" en otros escenarios. 

Si me preguntaran para quién escribo, no sabría responder. Si me preguntan cuántas publicaciones mías quisiera vender, tampoco sabría responder. No creo que el éxito se pueda medir con ejemplares vendidos o más publicaciones en tu historia; entendiendo por éxito: "alcanzar lo que cada autor desee obtener cuando escribe". Si me preguntan qué quiero, tampoco puedo responder; quizás podría decirte que me siento feliz de que me lean, aunque sean siete u ocho por acá y alrededor de cincuenta por cada plaquette publicado (lo sé porque puedo vender cincuenta copias de cada plaquette). Ahora, cuando pienso en que llevo muchos años teniendo la misma cantidad de lectores, no me siento tan feliz. 

No nos ha pasado mucho este año, algunas cosas cambiaron a virtual y algunas otras desaparecieron. La entrada más picante e incómoda de este año juntó sesenta y tantas visitas en un par de semanas, sólo porque alguien se encargó de pasar el link y decir "ey, acá hablan de ti" y no se detuvo ahí, continuó copiándose el link y la entrada siguió siendo visitada. Por los motivos equivocados, una entrada que no es común y corriente tuvo un alcance extraordinario por algunas semanas; el resto del blog, que existe desde el 2007, es aburrido para esos lectores que llegaron de rebote por las razones equivocadas. 

Hace algunos años, también por las razones equivocadas (desear participar en un fondo editorial), me dediqué un par de meses a escribir "Aguas Pesadas". Fuera de este blog, todo lo que es escribo es ficción, mis cuentos son ficciones que a mí me parecen guays -la idea, independiente del resultado... que no siempre es bueno-. Con Aguas Pesadas hice una excepción, tenía muchas cosas atravesadas que deseaba dejar escritas y, ojalá, publicadas. En algún rato me preguntaron por qué lo había escrito y respondí lo mismo: son cosas que tengo atravesadas y quiero que se publiquen. Más allá de eso no tenía mucha noción de lo que estaba haciendo, mucho después pensé que eso destacaba mucho de entre mis otros textos porque era un género distinto: un libro de género referencial. Ya cuando pensé en que ese texto era poco común (comparado a mis otros textos), pensé también en que sí tenía razones para escribirlo: quería que la gente supiera eso, quería sacarme la rabia y la pena, contar que la historia personal puede cambiar, contar que también he sido feliz y me siento contenta aunque tengo un carácter más bien pesimista. No quería que la gente lo comprara por los motivos equivocados, no quería que se buscaran ahí ni que se lo pasaran de mano en mano porque les parecía picante. Pensé en no publicarlo yo y tampoco que fuera en esta región, por casualidad me encontré con un amigo en Valpo y se lo presenté pensando en que iba a aceptar lo que me dijera; si me decía que le interesaba, pues bien; si me decía que no le interesaba, también estaría bien. Afortunadamente le interesó y trabajamos juntos para corregirlo y editarlo, ampliarlo y limpiarlo. El libro se vendió acá, pero mucho menos pensando en que yo no tuve nada que ver con la venta del mismo; me sentí bien porque el alcance que tuvo no fue consecuencia de las razones equivocadas, alguien allá afuera pensó que era interesante y que se debía publicar, así de sencillo. No siento que lo que escribí sea una realidad muy local y particular, pienso que muchas de las cosas que cuento pasan en muchos lugares del país; tampoco pienso que esto resuelva lo malo y realce lo bueno, es un testimonio parcial en mi historia y puede ser común a otrxs; no sé si lo publiqué porque pensaba que serviría a alguien (no lo recuerdo), pero sí fue una respuesta para la pregunta "¿por qué quieres publicarlo?".     

Quisiera que las personas leyeran mi blog y mis plaquettes por las razones correctas, pero ¿cuáles son las razones correctas?

24 de septiembre de 2020

Anhedonia musical, catalizadores y disparadores.

En algún momento, mientras experimentaba mis últimas vueltas por las publicaciones de facebook, me topé con un artículo sobre la Anhedonia musical (el link va para Wikipedia, pero hay varios artículos al respecto). Yo pensé que podría padecer de esto porque tengo problemas para decir "la música me produce felicidad", sé poco de música, no sé tocar instrumentos, me cuesta aprender nombres y retener grupos, no entiendo que la gente vaya a conciertos o que se conmueva con la música. Ya, es mucho, entiendo que me estoy yendo al extremo y, pensándolo, claro que estaba exagerando. No puedo decir que me guste oír algo en particular, tengo música para cada cosa que hago: música para blogguear, música para plaquette, música para cocinar, música para el karaoke, música para bailar, música para fumar, música para encuadernar. Lo que me cuestionaba era que no tenía música para oír, para siquiera llegar a considerar que oírla era "hacer algo"; inconcebible sentarme a escuchar música. Y ahí pensé que la música por sí misma no me producía mucho (hay excepciones, especialmente cuando me recuerda algo y eso algo fue triste), pero que aún así había música que escuchaba sin pensar más allá del "esto es agradable". Cuando me preguntan qué tipo de música escucho, les digo que "onda disco" (principalmente porque me gusta bailar). Cuando me preguntan si me gustaría aprender a tocar algún instrumento, les digo que no me interesa (considero que no tengo habilidades para aprender y tampoco paciencia). Cuando alguien pone la radio, me aburro re luego y busco los audífonos (porque prefiero algún disco mío que la música aleatoria que puede salirte en el FM). Escucho de todo un poco y si me suena bien, pues la sigo escuchando. Me gustan las que puedo cantar o intentar hacerlo. Me gustan las que puedo bailar, pero sólo las antiguas y sé más de cómo se bailan que de cómo se llama tal o cual estilo. 

Hay música que se me ha quedado pegada por circunstancias ajenas a la propia música -como el "soundtrack de tu vida", pero a escala minúscula-, momentos que tienen asociado algún tema o canciones que alguien escogió para oír en algún instante fuerte. Hay otros temas que me gustan porque puedo cantarlos y me gusta el karaoke porque puedo usar mi voz a un nivel que no puedo en otras oportunidades. Hay música que sólo bailo y el acto de bailar sí que me emociona, me absorbe y consume mi energía; me encanta quedar muerta después de moverme todo el rato. En mi diario tengo algunos temas anotados por ahí, al borde de las páginas; al lado tengo escrito lo que sucedió durante el día. Cuando hay temas -escritos en los diarios- puedo recordar con facilidad por qué los tengo anotados ahí, si quiero recrear un poco la experiencia, voy y pongo esos temas; también me agrada recrear esos momentos cuando quiero escribir, se me hace fácil imaginar una escena y puedo describirla como si estuviera viendo una fotografía. 

Hay música que no entiendo y, por lo mismo, no me agrada escucharla; aunque alguien diga que es sublime (para verificar este punto, es cosa de leer los comentarios en youtube de "clásicos" del rock). En algún momento rechacé mucho oír música de mi época: si no lo escuchaba mi papá, no era bueno; así de fuerte era el mensaje con  respecto a la música que él escuchaba. Los cd´s que tengo me los ha regalado él y es música ultra "vieja". Tengo un cd´s en español: "Los Gatos" (argentinos) y me encantan algunos temas y es porque puedo cantarlos -y me sale bien, creo-. Me gustan los temas cantados por negras, de esos difíciles y me encantaría cantar como ellas: Gladys Knight, Aretha Franklin, Gloria Gaynor, The Pointer Sisters -por mencionar algunas-. Ay, llegué acá y me aburrí un poco [risitas].

Volviendo un poco al título de la entrada, desarrollo la idea. Si voy más allá, entendí que necesito un catalizador que medie entre la música y mi capacidad de disfrutar la música; deben existir tres elementos. 
Recuerdo que alguna vez se me escaparon unas lágrimas en un concierto de violín, me invitaron una amigas que tocaban -y era obvio que les interesaba ir a escuchar- y yo no podía entender cómo es que aquello que apenas entendía, que disparaba mi inquietud -ahí, entre el público-, me había conmovido, había provocado que mi corazón se acelerara y mis ojitos se nublaran porque estaba llorando (tenía como 15 años); no fue exactamente el concierto, era la invitación y poder disfrutar de una actividad grupal con personas que me consideraban y me invitaban a algo que, para ellas, era importante. En otras circunstancias, no me habría provocado mucho, quizás me hubiera aburrido o quizás no se me hubiera ocurrido ir al lugar, me cuesta mucho encontrar el ánimo para ir a un concierto, aunque sea en un teatro municipal y sea gratis.   
Un amigo, en alguna oportunidad, me trajo algunas sustancias estimulantes -guiño guiño-; en algún rato pusimos música y me reencontré con algunos temas que conocía, pero que no entendía hasta ese momento (escribo "entender", pero se acerca más a "sentir"). Aunque soy terriblemente ñurda y no tengo oído para disfrutar la música, reconozco que hay cierta música que es buena, me guste o no ¿quién podría decir que "Kashmir" de Led Zeppelin es mala? Bueno, me pasó con Kashmir que durante el viaje me hizo sentir escalofríos y, hasta hoy, me provoca algo extraño, como que pudiera ir un par de niveles de entendimiento más allá, sintiendo eso que la gente interpreta como deleite. Si no me hubiera pegado ese viaje, no comprendería que Kashmir es música capaz de provocar sensaciones. 
Conocí a algunos aspirantes a escritores a los cuales les encantaba la música clásica. Yo entendía ese gusto como cualquier otro, sin pensar en que quizás ellos sentían algo más al oírla y tampoco pregunté mucho más. No me molesta escuchar música clásica, incluso hay muchos "temas" que puedo silbar de memoria (algunas partes de Carmen, por ejemplo, porque mi papá se la sabe también); de ahí a escucharla por gusto, no. Tampoco puedo decir "esta es mala" o "esta me provoca algo x", considero que es una buena opción para oír, pero no entendía lo que significaba. Hace unos años, con una idea en mente para escribir y recordando que este tipo de música me podría ayudar a recrear ciertas escenas específicas o ayudarme a imaginar algunos escenarios vistos en fotos o internet, busqué los temas que conocía de oída. Tengo algunos anotados porque me sirvieron mucho, especialmente por el carácter que quería para el texto. Me sirvió y creo que conseguí un buen resultado en las descripciones (no el óptimo, pero sirvió), entendí un poquito lo que esos amigos sentían; vuelvo a eso cuando quiero un resultado similar. No puedo decir que me guste la música clásica, pero si la ocupo para escribir, está bien en algunos casos. 
Si estás leyendo esto y alguna vez me enviaste un tema, si alguna vez esperaste un comentario de mi parte y no lo recibiste, si alguna vez me preguntaste si me gustó y sólo respondí "sí"; acabas de leer la respuesta que no puedo darle a cada persona. Este es un gustito que quería darme porque sí.  

16 de septiembre de 2020

Sueños y la incapacidad de encontrar las ganas de dormir

Me gusta escribir mis sueños, especialmente cuando se presentan con una trama clara: saber dónde, quién, por qué, qué y todas las reglas. De mis sueños han salido muchas historias que ahora son cuentos o escenas que vi y que sólo puedo escribir para recordar (a veces me gustaría poder dibujarlos, pero el dibujo se me da fatal). Tengo alrededor de cien páginas con relatos oníricos, hace muy poco decidí darles un espacio adecuado y ordené todo con números, esperando pasarlos a una libreta que esté a la altura de lo que está escrito; encontré una -que me regaló mi madrecita hace años- y que es perfecta para tal propósito. 
Sueño con cosas geniales a veces, escenarios tan coloridos que ya quisiera mostrarlos a otras personas. Cosas alucinantes que aparecen sin tener relación directa con la trama, pero que llenan cada espacio de ese viaje. Pienso que el escenario de cada sueño es un fragmento de un mundo mucho más grande, conectado por detalles que aparecen al fondo: una pared -la cual vi desde el otro lado, en otro sueño-, un camino -por el cual se puede llegar a otro lugar con el cual he soñado antes-, un viaje -que se completa de uno a otro sueño-, un arma -que usé en otro sueño-, una persona -que conocí antes en otro sueño- y así. Cuando pude colocarlo en palabras, aunque con poco éxito, pude decir que ese mundo de sueños estaba dentro del mundo que conocí, pero era la cubierta interior del mismo -por lo tanto ese mundo onírico era más pequeño que el real y podía ser explorado, mapeado y explorado en su totalidad-. A veces, cuando me he dormido con un problema que debo resolver, encuentro la solución en imágenes: una encuadernación, una solución a una maqueta, una disposición que me ha costado cuadrar. A veces hay inventos (digamos, cosas que no me consta que existan) y me gustaría poder hacerlos, diseñarlos y armarlos; no son objetos útiles o que resuelvan un problema, sino objetos que responden a lógicas más complejas, solucionan un problema ficticio que también se presenta en sueños. Muchas veces desempeño trabajos extraños o muy alejados de lo que soy, a veces debo salvar a alguien y a veces debo escapar; siempre tengo una misión o un objetivo bien definido, cosa que no me pasa en la vida. Por casualidad, programando la alarma para que suene cada tres minutos, soy capaz de recordar con detalle lo que sueño y estuve usándolo para escribir cuando se me acababan las buenas ideas; no entiendo por qué tres minutos, pero funciona a la perfección: tres minutos entre dormir y despertar, pudiendo recordar tramas complejas con lógicas propias. 
Ahora mismo llega la hora en que se supone debo dormir y no quiero, no siento el tipo de cansancio que desemboca en el acto de dormir, me resisto hasta que el frío comienza a provocarme dolor en los pies o cuando pienso en que si me quedo despierta me fumo los cigarros del día siguiente. Si hay algún detonante -ganas de escribir en cualquier soporte o plataforma- alrededor de la medianoche, me quedo hasta que termino. Me gustaría que no sentir ganas de dormir fuera efectivamente porque mi cuerpo no necesita o requiere dormir, pero siento apaleado el cuerpo y, a la vez, la cabeza me chispea, los dedos se me van al lápiz, al teclado o a la pluma y me aguanto el dolor en el trasero durante tres o cuatro horas porque la mesa es muy baja y el banquito muy alto y paso demasiado tiempo encima intentando acomodar las piernas y escribo, escribo hasta que considero que he terminado y dejo de hacerlo, y ojalá no me pille otro detonante porque ahí agarro algo más y comienzo hasta que se agote y decida que es suficiente y que tengo la boca muy quemada. 
Es evidente que el encierro ha sido la causa principal, pero no entiendo cómo; ahora mismo estoy viviendo en las mismas condiciones que hace tres años. Ha cambiado la frecuencia de la interacción humana y las escapadas nocturnas, las relaciones sociales en ambientes artísticos; el resto es igual. No comprendo totalmente las causas, tampoco quiero pensar en eso porque no me incomoda experimentarlo e intentar usarlo para conseguir algo más. Lo único que puedo identificar como algo molesto y, a veces, insoportable, es el silencio; si me quedo un rato en el exterior, intentando oír algo que no provenga de mi casa, parece que estuviera realmente sola. No me produce mucho saber que estoy sola, pero cuando el pensamiento se va por un mal lugar siento repelús; a veces pienso que si no hay ruido, estoy sola y, por lo tanto, la gente de los alrededores ha muerto. 

9 de septiembre de 2020

Pasta de líder

Cuando estaba en octavo, nos propusimos -con una amiga- llenar la hojita triste de las anotaciones con puras "buenas"; si sabíamos que con tres te ibas suspendido ¿qué regalo obtendríamos si conseguíamos tres buenas o si llenábamos la hoja de puras anotaciones positivas? Nah pu, puro fraude; una verdad que funcionaba unilateralmente, como muchas cosas en la vida. En cada oportunidad que se nos presentaba, hacíamos algo para conseguir la dichosa anotación y ambas llenamos la hojita, nada pasó: ni felicitaciones, ni premio, ni nada. El bueno no merece ser premiado, se hace porque es bueno y sin esperar recompensa; el malo debe ser identificado, destacado y castigado porque así funciona la escuela -y todo allá afuera-.
Al final de ese año y de modo muy estúpido, tendríamos nuestra licenciatura; aunque seguiríamos en el mismo colegio, pero en "media": denominación que significaba que oirías la abreviatura PAT -prueba de aptitud transitoria- o PSU -prueba de selección universitaria- más veces de las que te hubiera gustado oír. Antes de la licenciatura, votamos para escoger a algunos compañeros de curso que destacaban en "algo"; sólo recuerdo tres categorías: mejor amigo, más cooperador y líder. Todo el curso sabía quienes iban a ganar, era evidente, todos hicimos público nuestro voto entre cuchicheos. Yo veía el premio del "líder" como algo jugoso y digno de portar; me hubiera encantado ser considerada para ese premio. Era un sueño lejanísimo, yo estaba marginada a la mesa del fondo junto a mi amiga mormona, lo único que teníamos era una hoja llena de anotaciones positivas; entenderás que ninguna cabía en la categoría de líder. Llegado el día de la licenciatura recibí una medalla que no merecía, el premio a la "más cooperadora"; fue triste porque yo sabía que ese premio no había sido ganado por votación popular. No sólo nos mintieron diciéndonos que nosotros elegiríamos, sino que nos hicieron votar para, luego, decidir en privado quién recibiría cada premio. El mío no era para tanto, al final era un premio de consuelo para la marginada y mi hojita llena de anotaciones podía justificar, de algún modo, el premio (aunque eso le valía más a la profe que a mis compañeros). Lo que más dolió a todos fue el premio al líder: lo ganó una chica que destacaba por su belleza y que ese año abandonaba el curso para irse al sur con su familia. Le dieron el premio para que se fuera con un recuerdo de su curso, no porque fuera líder; se juntaba con tres chicas más y para de contar. Otro fraude de proporciones en el mismo año. 
Para mí, el paseo de fin de año a Iquique tenía sabor a fracaso, ahí sentí en el corazón que estaba totalmente marginada de toda actividad grupal. Recuerdo que dormí en la misma cama con una amiga y, por la noche, veíamos películas por cable. Ahí probé a mirar la tele con los lentes que usaba mi amiga, le sacaba los lentes del rostro cuando se quedaba dormida y yo, por fin, podía ver películas con subtítulos. No sabía que necesitaba lentes, en ese paseo descubrí que los necesitaba. 
Pucha, recuerdo mucho de ese viaje y odio todo lo que recuerdo; dejo esto acá porque me da vergüenza escribir todo lo que recuerdo.  

7 de septiembre de 2020

Modo Marcha

Cuando veo a mucha gente reunida me asusto, muchas veces no sé qué hacer y repercute en mi ánimo. Me pasa en las marchas y en otras ocasiones, pero en las marchas es en donde más extraña me siento.  

El primer recuerdo que tengo sobre "reclamos masivos" (no era una marcha), fue de mi época de colegial. Los profesores estaban en una situación que los perjudicaba -tampoco recuerdo bien cuál era la razón-, los alumnos desde primero a cuarto medio (los de media estábamos apartados de los de básica) se pusieron de acuerdo para protestar. Todos, exceptuando tres o cuatro alumnos, se sentaron en el patio con los profesores. No lo recuerdo todo, tengo una imagen borrosa en la cabeza, como cuando miras al desierto con un sol deslumbrante que hace que todo sea brillante, tan luminoso que los bordes se desdibujan. Las salas estaban dispuestas a los costados y el patio en el centro, cuatro salas arriba y cuatro abajo en cada lado, dos puentes que unían el segundo piso de cada lado; a un extremo del patio, la salida hacia un patio más amplio, más allá la entrada del colegio, las salas de los alumnos de cursos menores y la biblioteca; al otro lado del patio estaba el kiosko y los laboratorios, si ibas más allá había un lugar amplio en donde había canchas y el límite del colegio con una reja alta. Yo decidí no unirme a los alumnos sentados en el patio, recuerdo que estaba de acuerdo con el reclamo de los profesores, pero me parecía un poco tonto el modo de apoyar las demandas: sentados en el patio durante ¿qué? diez minutos quizás. Me senté en el puente, alejada del centro del mismo, por un momento me hicieron señas para que bajara y me uniera, escribí algunas líneas y me sentí extraña. No recordaba haber presenciado algo así, tantas personas de acuerdo con una premisa y actuando del mismo modo, eran tantas ahí sentadas y en silencio; no recuerdo mucho más, pero sentí algo muy extraño dentro, creo que la palabra "desasosiego" es la que define mejor aquella sensación. 

La segunda vez que sentí algo extraño fue en la u -dos mil seis, primer año, primera carrera-, tenía dieciocho y llevaba algunos meses viviendo sola por primera vez en mi vida. Jamás estuve atenta a nada que sucediera alrededor, las demandas de Los Pingüinos me eran absolutamente ajenas. En todo el tiempo que estuve en el colegio (y la u) mi familia no era candidata para hacerse de bonos, becas, ayudas sociales, ayudas estudiantiles, becas de alimentos, descuentos o apoyo; tampoco fue tema intentar conseguirlos o postular a algo -aunque sí habían algunas opciones para mí en ese tiempo-. No recuerdo en qué mes comenzaron, pero, por casualidad, caminando hacia el centro, me topé con la mayor aglomeración de personas que había visto hasta ese momento; sabía que era una marcha y sabía qué pedían. Desde calle Benavente con Av. de Aguirre -donde está el colegio Japón- yo podía ver las calles llenas de gente, desde ahí se puede ver hasta los bomberos y más allá (tres cuadras y tanto más). Yo no tenía intenciones de unirme, estaba mirando embobada e intentaba encontrar la mayor cantidad de detalles posibles, intentaba grabarme esa imagen porque me parecía extraordinaria. Se me acercó un caballero (un sujeto mayor) y me preguntó si estaba con ellos, yo no alcancé a responder porque no pude pensar ninguna respuesta breve. Me tomó la mano y me dijo que me felicitaba por esto, por manifestarse, por luchar, por marchar. Me quedé sorprendida un momento, me sentí extraña porque yo no merecía las palabras de ese desconocido; yo no sabía de eso, yo no era parte de eso, yo no sentía rabia por eso. Me fui en la marcha, caminando detrás, caminé seducida por la masa y llegué hasta calle Pedro Pablo Muñoz; ahí me devolví a casa. Recuerdo que también fui en otra oportunidad (no sabría decir si fue el mismo año u otro), recuerdo que corrí a lo loco por alguna calle secundaria porque la masa también me inoculó miedo, pánico masivo, gente corriendo porque alguien gritó que venía el guanaco. No, no era cierto; corrimos y huimos por nada. 

Tenía una amiga y ella me gustaba, mientras estábamos en la u (entre clases) otro amigo comentó que este amiga había salido en la portada del diario local, en primera plana sobre el día de la "marcha gay". Yo salté y sonreí porque, para mí, era algo guay salir en la portada de un diario cualquiera y en una circunstancia que a mí me parecía natural ¿por qué debía sentir que ir a la "marcha gay" era algo malo? La amiga se puso roja y me trató de weona porque creí en lo que decía el otro amigo, me dijo muchas cosas y me hizo entender que era mentira, que yo era tonta porque creía eso, que jamás iría, que era algo feo o malo ir a esa marcha. Me sentí extraña, me costó entender la molestia y las razones, yo merecía ese reto porque yo era tonta; para alguien que gusta del sexo opuesto dentro de toda regla, ir a la marcha gay era indigno. Ir a esa marcha no me fue posible (no me enteraba a tiempo) hasta que yo fui mucho mayor y por muchos años fui sola; me iba caminando detrás del camión porque me gustaba la música y la alegría que expresaban, me gustaba también el cañón de confeti y las luces. No entendía bien la felicidad que expresaban, pero me gustaba ese carácter de carnaval, la fiesta, el carrete que venía después, la ropa, los colores, la gente que podías ver ahí. A veces me iba detrás del camión, a veces me quedaba de pie al costado para ver a los que caminaban, a veces me iba detrás. La última vez que fui, me metí "en serio": coordiné con unas amigas glamorosas y yo iba de traje. Nos juntamos en la salida del puente Libertadores y esperamos el final de la marcha para unirnos; llevábamos un lienzo negro que no tenía escrito un mensaje feliz, enviaba un mensaje para recordar que eso no era una fiesta, que debíamos recordar también a las caídas. Cuando desplegamos el lienzo, un paco -que por su baja estatura parecía un juguete- nos preguntó si estábamos a favor o en contra de la marcha: "mírenos ¿parece que estamos en contra?". Los pacos se pusieron detrás de nosotrxs y mantuvieron cierta distancia. Cuando se me pasó toda curiosidad con respecto a esa marcha, comencé a pensar más en el ánimo que me provocaba; no entendía la alegría y la música, no podía sentirme cómoda con las luces y el carrete, no podía disfrutarla como los demás. Eso no me cuadraba, la marcha no reflejaba lo que yo sabía de ese ambiente; principalmente, era eso lo que me producía incomodidad. 

Dos mil dieciocho, marcha feminista. Antes de ese año, había adherido (uso esa palabra porque estaba ahí, pero sola y caminando a un costado y casi al final) a algunas marchas feministas, ya estaba en los círculos que me permitían saber las fechas, el horario y lugar de reunión; si bien iba con la mejor disposición, creyendo plenamente en lo que se demandaba, tampoco sentía que estaba "en mi lugar". En apariencia, me ajustaba mejor a la "marcha feminista" que a la "marcha gay"; en apariencia, todas cabían ahí -de algún u otro modo-. En dos mil dieciocho recién comencé a involucrarme de modo más activo, a escucharlas, a ir a verlas, a participar con ellas y apoyarlas; aunque a cada actividad siempre fui como invitada, no como organizadora o participante activa. Me molestaba el ánimo de esas marchas, la felicidad que salía por algún u otro lugar, el carácter festivo que saltaba por ahí; no lo sé con certeza, pero por ahí iba el punto. Pensaba en que nadie está en una marcha para agradecer algo o porque está conforme con lo que vive, para celebrar o realzar algo bueno. Por lo mismo me es muy difícil ir con una sonrisa en la cara o con ropa colorida, aplaudir o gritar con júbilo. Voy con ropa sobria, voy caminando lento y pausado, voy casi triste y siempre atenta a los alrededores; prefiero ir sola que con amigxs y, aunque ya ha pasado harto tiempo desde que me impresionaba una marcha, continúa siendo extraordinario ver a tantas personas que se ponen de acuerdo por una misma causa.  

En el interior, siempre he tenido problemas con sentirme dentro de o parte de un grupo x, siento un conflicto entre lo que creo correcto y lo que creo necesario, no me he visto en esa de conmoverme por alguna causa, tampoco sentirme plenamente identificada con lo que causa este tipo de manifestaciones aunque crea en lo que demandan. Nací y crecí en un lugar en donde era poco frecuente la vida de barrio, la vida comunitaria; esto no lo sé porque yo misma lo descubriera, sino que muchas veces escuché a mi madrecita referirse a eso: "acá nadie pide nada a los vecinos", "acá la gente no se sale de la casa", "acá no existe la vida comunitaria", etc. Para mí era natural que todo fuera así, eso es todo lo que conocía desde que nací; no habría podido notar la diferencia o, incluso, saber que en otros lugares era distinto. Cuando nos mudamos de ciudad, no fue distinto para mí; salí pocas veces de la casa porque el colegio consumía todo mi tiempo y tampoco soy una persona que guste de salir (con algún propósito o sólo por ocio). En ese nuevo lugar, en esa nueva ciudad, sí pude notar la diferencia: mi madrecita conocía a todas las personas que vivían en la misma cuadra, mi hermana jugaba con las vecinas, mi padre conversaba con mucha gente en la calle. Implícitamente, mi familia se mueve en torno a la autosuficiencia, a la idea de que la familia se encarga de la familia y no se pide ayuda a otras personas, pero sí se brinda ayuda cuando nos la piden o cuando se desea brindar. Yo no pienso que sea algo malo, pienso también en que es consecuencia de circunstancias ajenas a las personas que conforman mi familia; pienso que la austeridad en la que viven es un elemento esencial, también el considerar el futuro para orientar las decisiones del presente, el ahorro de recursos en caso de cualquier eventualidad y algunos otros elementos en lo que no he indagado más. En tanto a mí, como persona que vive fuera del nucleo familiar, me cuesta un montón decidirme para hablar sobre algún problema que tenga o pedir ayuda cuando me he visto en algún atao, me produce conflictos tener que exponer un problema y pedir ayuda, incluso pedir cualquier cosa por muy pequeña que sea. Me cuesta hacer públicas algunas cosas, me cuesta desenvolverme con familiaridad ante gente que no conozco (o conozco poco), me cuesta exponer un problema al que me veo enfrentada o el cual me sobrepasa, me molesta cuando me veo en la obligación de explicar algo porque ya no puedo continuar callando al respecto. No puedo decir que tenga grandes problemas ¿qué problemas podría tener? Soy re-sana, tengo un lugar donde vivir y es un buen lugar, trabajo en lo que me gusta, tengo una relación sana con mi familia ¿Qué más puedo pedir? Tengo amigos, círculos en que me siento querida, personas que me quieren, personas a las cuales les gusta lo que hago. ¿Qué más puedo pedir?  

*PD: Publiqué esto y, minutos después, pensé que debía poner algo más.

Siento que existe empatía cuando voy a pesar de sentirme incómoda, también existe la generosidad cuando me muevo de casa para caminar junto a otras personas; son estados emocionales complejos en que pienso a veces. No siento que deba tomarse de mal modo, incluso tampoco de buen modo; escribir esto es un tanto irrelevante a estas alturas, cuando todo ha cambiado tanto y nosotros también nos hemos transformado de alguna manera. Y no, esto es sólo un aspecto porque estoy convencida de que soy muy egoísta.  

5 de septiembre de 2020

Soy un Osito de migajón químico.

Como a muchos les ha pasado, por el tiempo que llevamos restringidos y porque lo único con lo que contamos cuando estamos solos es con la memoria; me puse a ver un chilión de weás que tengo guardadas. Encontré un montón de chiches que recuerdo bien porque siempre los saco para molestar o mostrar a alguien, colecciones de tonteras que guardo porque me gustan los objetos pequeños y los juguetes. Por ahí tengo varios álbumes con recortes, recuerdos, tarjetas, cartas y cositas que guardé porque tenían un valor sentimental. Viendo algunos pude saber inmediatamente quién me había regalado ese objeto, incluso cuando no tenían nombre, fecha o lugar. En otros me di cuenta que no recuerdo dónde chucha los obtuve o quién me lo dio.
Me dio risa encontrar una tarjetita llena de brillitos en tonos pastel que decía "Para Pía, más conocido como Osito de migajón químico". Ay, yo tenía un póster de ese mismo osito, en tamaño block de dibujo, pegado en mi pieza de escolar. Con los años, mi madrecita botó muchas de las cosas que tenía en esa pieza y terminó de deshacerse de muchas otras cuando se mudaron definitivamente de la ciudad. Perdí ese póster del osito y lo extrañé harto, me lo regaló mi hermana. No nos llevamos por tantos años, pero es evidente que crecimos en mundos distintos. Cuando encontré la tarjetita me reí, me gusta esa representación de mí; sé que es extraño sentirse como un osito y que te agrade el "apellido" del osito (de migajón químico). Recién busqué el significado de "migajón": 1.- miga de pan o parte de ella. 2.- Coloquial. Sustancia o virtud interior de algo. Ay, para mi hermana fui un Osito de migajón químico y me siento como uno. ¿Qué habremos estado pensando o haciendo para llegar a ese tipo de conclusión? Ni me acuerdo qué edad teníamos.

31 de agosto de 2020

Sobre los deseados y los no deseados [Parte I]

Debate en clases de filosofía y psicología.
Yo estaba en tercero o cuarto medio, el profe siempre nos proponía un tema y nos pedía situarnos a uno u otro lado del aula para saber de qué lado estábamos (a favor o en contra); no me agradaba estar con un puñado de gente que decía estar "a favor" o "en contra" -lo encontraba demasiado sencillo- y solía sentarme al fondo de la sala y decir abiertamente: "estoy en medio" o "estoy sentada acá, pero estoy de acuerdo con tal y tal". Después de elegir un lugar, comenzaban a tomar la palabra para explicar por qué estaban ahí. No recuerdo el tema de cada debate (tengo la impresión de que fueron muchos), pero el del aborto me impactó y aún recuerdo algunas cosas porque quienes hablaron de modo más duro, eran mis amigas. Yo sabía que estaba a favor del aborto, pero no sabía bien la razón: o sea, ni siquiera tenía un buen argumento o alguna razón de peso, tampoco había hablado de eso con nadie abiertamente, jamás había escuchado el término "feminismo" (en serio), incluso me había topado con algunas campañas "pro-vida" sin siquiera sospechar que se trataba de eso -la famosa carta del feto abortado, escrita a mano y leída por todo el curso; el típico trabajo de biología en donde se ven imágenes de fetos mutilados detallando el resultado según qué tipo de aborto se practicaba-, sí sabía qué significaba a nivel biológico, sabía que pasaba de modo natural también (toda madre tiene una historia de pérdida en su vida fértil) y poco más -datos sueltos-, eso era todo lo que sabía del aborto. No importaba mucho si yo hablaba o no, porque, como escribí arriba, poco sabía. Así me dediqué a escuchar atentamente lo que decía el resto (a favor y en contra), yo intuía lo que dirían algunas de mis amigas porque conocía sus creencias religiosas, particularmente de dos que eran mormonas (aunque la única certeza que tenía acerca de esas dos era lo que siempre decían "el plan de Jesús para nosotros es que tengamos familia e hijos"). El profe igual hacía preguntas y algunos respondían según su lado. En algún momento una chica dijo: "una vez escuché que una mujer embarazada odiaba tanto a su bebé y le hablaba de mal modo o lo insultaba, y el bebé nació sordo" (o ciego, no recuerdo con tanto detalle). Ahí saltaron varios dudando de la historia, a mí me dio un poco de risa -pero ni pensar en reírse-. Luego el profe tira otra pregunta: ¿qué pasa cuando la madre no quiere al bebé, qué debe hacer si no lo quiere? Ahí mi amiga mormona dice: "bueno, aunque no lo quiera, debe tenerlo, no tiene que abortar, ya verá si lo regala por último". A mí me dejó impactada y no fui la única. Me parece que sonó muy brusco eso de "regalar un bebé" y, claro, la gente comenzó a pedir la palabra y hablar a lo loco sobre la imposibilidad de "regalar bebés". Yo creo que nadie sabía bien lo que sucedía después de 1.- abortar y después de 2.- parir un bebé no deseado; razón por la cual nadie pudo dar buenas razones en favor o en contra del aborto. Ahora, si lo vemos desde un punto de vista objetivo, nadie cambiará de opinión con un pobre debate escolar; creo que este tema sólo se reflexiona cuando te toca vivirlo (de cerca o de lejos), ahí es donde realmente importa lo que pienses y lo que decidas hacer. 
Cada mujer que desea un embarazo no está pensando en que lo "perderá", hasta que pasa; tampoco piensan que padecerá de alguna enfermedad, hasta que pasa. Cada mujer que se embaraza es quien debe pensar qué quiere con esto, cómo lo toma, qué hace y qué no; se espera que no esté sola, se espera que sea una buena experiencia. ¿Me importa? no. ¿Debo opinar al respecto? no. 
Tuve la buena oportunidad de ser invitada a dos "baby shower" (antes de cumplir los 20) a pesar de todo; digo, la gente suele creer que si no quieres tener hijos, odias a los niños y no te gustaría estar involucrada en esos asuntos. La primera vez fue en el colegio -tercero medio, me parece- y todas las chicas del curso fueron invitadas, menos mi mejor amiga (porque tuvo una rencilla con la embarazada). Esta chica y su madre estuvieron embarazadas casi al mismo tiempo y era súper extraño celebrar un baby-shower en su casa, mientras madre e hija lucían panzas prominentes. Yo estaba en el colegio y, a pesar de haber leído acerca del embarazo adolescente, jamás imaginé que una compañera de curso -a los 17- pariría una guagua; ella perdió el año escolar porque su embarazo fue desagradable, faltaba mucho a clases porque pasaba con náuseas y era evidente que se sentía extraña en clases (los escolares de otros cursos la miraban harto y no de buena forma). En el baby-shower creo que fue la última vez que la vi, tampoco la vi al año siguiente en el colegio. En primer año de u me junté con un grupo de amigas y organizamos un baby-shower doble; dos compañeras de carrera estaban embarazadas, me parece que fue en octubre. Yo no acostumbraba a pensar mucho en embarazo y cosas así, también me impactó saber que esas chicas que no pasaban los 19 estaban embarazadas; pensé que perderían el año y era poco probable que retomaran sus estudios. En el baby-shower nos esforzamos harto para que fuera una celebración agradable y divertida, habían hartas mujeres ahí, casi todas las del curso. Yo la pasé genial y comí harto (como siempre). Ambas nos contaron las circunstancias en que se dio el embarazo: una historia fue lo que yo pensaba "típica" en primer año, sexo a lo loco con alguien al azar y embarazo no deseado; la otra era triste, la chica -un año antes- había perdido un embarazo de ocho meses y ahora deseaba, con todo el corazón, no tener problemas. Yo quedé enferma con ambas historias, sorprendida; por todo el prejuicio que arrastraba, mi opinión era bastante dura en ese momento, pero no la hice pública y seguí relacionándome con una de las chicas, la que siguió con sus estudios.    

Los mitos asociados.
Quizás recuerdes, siendo un escolar, haber leído una cartita que hacía llorar a la mayoría (creo que se la daban sólo a las chicas, pero no me consta): esa carta del bebé abortado. Quizás no te llegó en papel escrito a mano, sino como cadena a través de mail. Comienza enganchando con lo emocional (un feto hablando a su mamá, diciendo que espera nacer luego para conocerla) y lees lo que está sintiendo el feto antes del aborto en primera persona, luego comienza a describirte que le están haciendo daño y terminas llorando porque apela a las emociones y es fuerte; todo el rato usa eufemismos, pero alcanzas a vislumbrar que describe la lenta y progresiva mutilación de sus miembros. Arriba describí también ese típico trabajo de biología sobre el aborto y cómo se ve el feto dependiendo de cada procedimiento médico; mi profe encontró este trabajo bajo su escritorio y lo leyó mientras yo curioseaba también (en ese tiempo yo cursaba séptimo básico), recuerdo las imágenes -fotografías a color- y las descripciones -breves, pero precisas-, también que la profe dijo: "no tenía idea de que así se veía un feto después de un aborto". Yo no leí más sobre el tema y tampoco pensé mucho sobre eso, me parecía de poca importancia y ajeno, tampoco alcanzó a picar mi curiosidad, así es que por mucho tiempo no indagué más, pero en algún momento, cuando tenía un proyecto de cuentos relacionados con la teratogénesis (alrededor de los 25 años) comencé a leer de todo y me topé con varias joyitas de las que no se habla o es incómodo conversar.   

Bebés en cajas de mantequilla: la película (1995). 
Acá te dejo una reseña sobre la historia real, el libro y la película: Butterbox babies, por si no conoces nada del caso. Quizás no te suene de nada, pero yo vi esta película en la tele y no tuve problemas con mi familia (mi madrecita me censuraba las películas que eran "subidas de tono", o sea, en las cuales había sexo explícito o situaciones sexuales varias); en general podía ver películas en donde la gente se mataba, pero no si tenían sexo. En esta película vi algunas cosas que no entendí en el momento, pero que digerí con facilidad; digamos, creí que era una película no más y eran bien triste, pero ok, en esos años qué iba a saber que eso pasó, continúa pasando y pasará en el futuro. Muchos años después recordé la película y la busqué, ahí me enteré de que todo eso estaba basado en un hecho real y se parecía mucho a la opinión de mi amiga sobre el aborto "si no quieres al bebé, regálalo" (no importa qué pase, debes tenerlo igual); esa casa de cuidados para madres embarazadas funcionaba como un orfanato ilegal, quisiera o no la madre, se vendían niños y otros tantos murieron ahí. No me extenderé acá porque ver la película es más descriptivo y al final es para ilustrar un poco sobre lo que estoy escribiendo acá. A pesar de haber digerido bien la película, debió sorprenderme en su momento; yo acostumbraba ver dos películas a diario en la tele, a lo largo de muchos años durante cada día de mi vida escolar, por lo que recordar una en particular, entre cientos de otras, debe significar que algo extraño sentí al verla. 

¿Es aceptable no desear a un niño enfermo? 
Hace un par de años vi a una mujer joven en la tele hablando sobre la sensación de tener a un niño "con problemas" (no recuerdo si tenía síndrome de down o si era autista); ella decía, muy apesadumbrada, que le cargaba cuando sentía que debía responder "es un angelito" cuando la realidad era distinta; igual cuando le decían "es un angelito de dios" o algo por el estilo, porque sabía que nadie decía que tener un niño enfermo era una carga, que era difícil, que era terrible -en algunos casos- y era peor cuando sabes que ese niño jamás encajará en ningún lugar. Hablemos de este país absurdo en donde nadie se hace cargo de una educación apropiada para niños sanos y en plenas facultades físicas y mentales; imagina a dónde van a parar esos niños distintos, esos "angelitos de dios" que son apartados todos los días. Recuerda esos casos que han llegado a ser mediáticos porque los padres reclaman, a viva voz, que se discrimina y margina a sus hijos. Me quedo con la impresión de que en nuestro país el punto es: ya que debes tener a un hijo, pase lo que pase antes, durante y después del embarazo, pues tenlo y ve tú cómo te las arreglas con la guagua, pero debes decir que lo amas porque es inaceptable decir algo malo de los hijos que has parido (jamás será una carga, un problema o un hijo no deseado).
Hay algunas cosillas/artículos (este es uno que resume la idea) que se comentan en rrss sobre países en donde el aborto es legal, eso de que no están naciendo niños distintos (o sea, niños a los cuales se le puede diagnosticar enfermedades mientras se están gestando), la polémica va con grupos ultra conservadores (los que pelean son de países distintos al citado en la noticia) que publican cosas como esta: "Triste verdad. Las noticias celebrando 'la terminación del 100%' de los niños con Síndrome de Down. Los niños con Síndrome de Down deben ser queridos, no terminados". 
Sitúate acá: vives en un lugar en donde el aborto es legal, no hay personas que se opongan al aborto (de parte del estado, de la religión o de las personas), el procedimiento es calificado como algo "regular" (como cualquier intervención médica) y te asegura que no habrá consecuencias físicas para ti; nadie te juzgará, nadie se interpondrá en tu decisión, nadie te dirá nada la respecto; no debieras sentir culpa porque las circunstancias están siempre a tu favor. Imagina que te sometes a un control médico de rutina y te dicen que tu hijo tiene altas probabilidades de nacer con una anomalía cromosómica y te informan de qué se trata y que pronóstico tendrá el niño en caso de nacer. Pregunta incómoda: ¿escogerías parir a ese niño? Otro detalle, si escoges tener a tu hijo, te dan todo el apoyo necesario para que tenga una vida plena y llena de oportunidades, el estado se encarga de asegurar una calidad de vida excelente para cada uno de sus ciudadanos. Al final, en estas circunstancias particulares, quien toma la decisión es la madre. ¿Existen realmente las condiciones para tomar esta decisión de este modo? no. Por cada situación "ideal" que describí arriba, existe una contraparte y, en medio, todos los matices que imagines. La propuesta acá es imaginar distintas situaciones y es necesario que estos temas se hablen más, con tus amigas, con tu pareja, con amigos, con la familia. Me parece interesante que esto sea algo "del día a día" y no de "momentos", no sólo para debates escolares o para juzgar, insultar o atacar a alguien; sea lo que sea que pienses al respecto, habla con tu entorno.
***
Llegando a esta parte de la entrada, me di cuenta de que estaba tomando un carácter distinto. Creo que esta entrada, más que cualquier otra, puede servirle a alguien. Ahora mismo me siento inútil, el concepto de "comunidad/comunitario" parece impregnarlo todo y yo me encerré sola; el entorno llama a organizarse, a colaborar, a luchar; yo me encerré sola. Quizás esto no es mucho y quizás tampoco sea una ayuda activa, pero creo que a alguien podría servirle; por eso la continuaré en la misma línea. 
PD: También decidí publicarla en dos o tres partes, se viene larga.       

28 de agosto de 2020

Me he reído mucho - 330 entradas (publicadas, borradores y programadas).

Pucha, algo breve porque estoy entrampada con algunas entradas que requieren de mucho más tiempo y tardaré en terminar. ¡Saludos Viajerx!
He estado viendo muchas cosas, me he dado el tiempo de hacerlo y disfrutarlo: lectura compulsiva de manga (japo), manhwa (coreano) y manhua (chino), me acostumbré a leer las páginas de webtoon, estoy escuchando y viendo formatos "podcast" (en Youtube y Twitch), también tracalada de weás que me da pena reconocer. Me he reído mucho, como hace tanto tiempo no lo hacía. Se ha borrado ese límite con la vergüenza y hago muchas cosas que no son tan típicas de mí, además de otras que son típicas, pero que las hago de modo obsesivo. Hace mucho que no sentía tampoco la excitación que me eriza el espinazo cuando confío en algo o tengo una nueva buena idea. Me siento eufórica de repente y, a pesar de la mala situación en que todos vivimos, no me he sentido triste; de hecho, pensé que todo esto sería más catastrófico y no, no ha sido así. ¡Saludos Viajerx! 
Me río, me retuerzo de la risa y pego grititos de emoción, me levanto y bailo, chupeteo un trocito de chocolate, salgo un rato y entro de vuelta (como el gato). Retomé algunos gustitos que había relegado al recuerdo y me gustó volver a "meterme" en ese mundillo, me sigue gustando y es tan satisfactorio saber que te producen las mismas sensaciones placenteras que te producían en el 2007. 
Ay, el frío me mata. 

26 de agosto de 2020

Lo que no se habla

Estaba viendo algunos videos por youtube y me he topado con algunos interesantes, especialmente algunos que vienen a resolver y exponer en definiciones precisas esas respuestas que he debido encontrar, recoger e incorporar un poco "a la fuerza" -ya sea con intención, casualidad o experiencia-; estos videos vienen a concluir estas cosas que yo intuía, pero que me son difíciles de definir porque no me he dado el tiempo para indagar un poco más o no supe en dónde encontrar la respuesta exacta. Y es raro considerando mi edad, pero no tanto considerando que los misterios de la sexualidad me fueron desvelados a través de libros; en fin, información que no tenía intención más que la de educar, según la época en que fueron publicados, sin prejuicios ni límites. 
Mi primer maestro de sexualidad fue una enciclopedia sesentera, de varios tomos, que estaba en la biblioteca del colegio. Quisiera contar que fue porque sentía dudas respecto al sexo y al cuerpo, pero fue más simple y no tenía que ver con las inquietudes respecto a mi desarrollo, yo quería resolver una duda que surgió por un libro de poesía. En ese tiempo (y como todos, porque somos igual de pésimos para escoger qué poesía comenzar a leer) leí a "los malditos", el librito tipo monografía que resaltaba por lo breve y el cotilleo ("salseo literario" para los nativos digitales); además de una selección de poemas de los autores, te contaba un poco de la vida de esos autores. Ahí caí de rodillas ante algo que no conocía y comencé a preguntarme sobre la denominación "sodomía" (ya todos sabemos a qué autores me refiero, guiño-guiño), para luego hacerme una fanática total de los cotilleos y de la pornografía. Voy muy rápido, me devuelvo un poco y lo explico para que no se malentienda. 
Cuando leí sobre estos autores, usaban mucho el término compañero (como símil o eufemismo de pareja) y luego viene la misteriosa palabra "sodomía"; de ahí, me costó conectar ambos y encontrar la respuesta. Lo evidente es el diccionario, pero el concepto iba más allá de lo anacrónico de la palabra y la definición de la rae no alcanzó a resolverme la duda. Según decía el librito en que descubrí esto, la sodomía estaba penada por ley. Consultando otros libros, concluí que era casi un insulto decirle a alguien "sodomita" y confirmé mis sospechas recordando que jamás había escuchado la palabra en contextos corrientes o cotidianos. Con muchos más años encima comencé a oír la palabra, pero no en contextos corrientes, sino en conversaciones literarias y en griteríos religiosos; aún ahora me parece que es extraño usarla. En ese entonces no sabía bien qué intentaba encontrar, por lo que manoseé muchos libros antes de encontrar algo que me guiara mejor. Del diccionario, me pasé a los libros que hablaban de biología y de ahí a la enciclopedia de sexualidad, la más actualizada que encontré en esa biblioteca era del 64 -me parece-; pensé que, aunque fuera vieja, me serviría porque supuse que el "funcionamiento" del cuerpo no ha cambiado desde que el humano es humano (error mío que después descubrí). Poco encontré respecto a "sodomía" y menos a "homosexualidad", aunque por ahí aparecía alguna referencia o advertencia (sí, advertencia) y, de repente, te mandaban al apartado "el sexo extraño" o "desviaciones y parafilias". Mi curiosidad y morbo se volvieron incontenibles y esas denominaciones, lejos de disuadirme, me provocaron muchas más ganas de indagar en libros, enciclopedias, revistas, literatura, ensayos y, finalmente, internet. 
Ya he escrito que experimenté un despertar sexual más bien tardío (comparando con mis compañeros de curso y mis amigas de la misma edad, que eran las únicas personas que conocía además de a mi familia); más o menos a partir de los 19 me sentí con plena libertad para relacionarme con otros fuera de la casa familiar y lejos de cualquier persona que conociera; no quiero decir que antes fuera yo un ser asexuado sin interés en el sexo, simplemente me permití tiempo para estar segura de lo que quería hacer y de qué forma quería hacerlo; a propósito de esto, estando segura de lo que deseaba creo que tuve pocas experiencias nefastas relacionadas al sexo y me alegro por ello (de nuevo comparando con compañeros -de u esta vez-, porque era lo único que conocía en ese entonces). Lo siento, me fui por las ramas y este es otro tema que puedo desarrollar en otra entrada.
Como eran enciclopedias del año "de la pera", había muchas cosas que existían en mi época de colegio, pero que no aparecían en el libro; por ejemplo, el método anticonceptivo más nuevo que aparecía era el diafragma; otro ejemplo, la homosexualidad estaba en un apartado junto al fetichismo. Me llamaba la atención que las mujeres fotografiadas eran muy curvilíneas, algo que yo veía "entero e´ rico", pero que no se correspondía con la realidad en que yo estaba desarrollándome; las chicas del colegio eran delgadas (menos curvas y más desaliñadas) y preferían ropa que dejaba poco a la imaginación; se llevaba ropa ceñida y todo era a la cadera; faldas plisadas a medio muslo y camisas de piqué a la cintura; a todas se les notaba que llevaban sostén y eso que, en esos años, no era común que las escolares usaran sostén con relleno (con esas "esponjitas" que prácticamente cubre la teta y oculta siempre los pezones, además de hacer que el busto se vea más redondeado y menos natural). Ahí estaban las dos primeras revelaciones: la forma de un cuerpo deseable cambia según la época (te puede tocar o no, puedes moldearlo o no, incluso puedes modificarlo o no); y cada cuerpo es distinto, pero no es menos deseable si su forma no se corresponde con el canon de la época. Eso debió asegurarme amor propio y autoestima, pero en ese tiempo sólo lo supe, mucho después lo viví y confirmé esos descubrimientos; ahora tampoco impera un autoestima alta, pero me siento en paz con mi cuerpo. Tercera revelación: a pesar de que algunos comportamientos eran tratados como "anormales" (digamos, poco frecuentes o extraños) no me pareció algo que debiera ignorar, rechazar u odiar; al contrario, porque cuando uno es adolescente, la mejor forma de hacer que te interese algo es prohibírtelo. De leer información publicada, pasé a navegar libremente por la internet y comencé a recibir información sin filtro: certezas, mentiras, experiencias, testimonios, artículos pseudocientíficos, videos, foros, porno, gift. Todo era nuevo y todo me fue útil, aún lo subjetivo, impreciso o falso. Desde los 16 a los 18 descubrí un gusto que define mucho de mí ahora mismo, es algo que no puedo dejar y que me encanta. Desde los 18 a los 23 descubrí cosas por búsquedas aleatorias y me paseé por cualquier lugar sin distinguir o discriminar contenido; no le puse límites a mi curiosidad. Participé de un foro y posteé más de 300 mensajes en dos meses; comprendí que hay muchas personas que comparten mis gustos y que es grato hablar con alguien en la misma jerga. Consumí casi todo lo que tenía relación con mis gustos y no pagué por ese contenido (bueno, pagaba por una pieza que contaba con conexión), sin saberlo estaba formándome... no de modo ordenado ni constructivo, avanzaba de forma torpe y tropezaba mucho, pero estaba cuajando lo que soy ahora. No es secreto que siento mucho interés por esos rarxs marginadxs, disidencia sexual, contenido yaoi y literatura queer; mucho de lo que escribo tiene personajes inspirados en aquello que me gusta. Ya te habrás percatado de que no me formé con prejuicios con respecto a nada que tenga que ver con sexualidad, aprendí de libros y no de mi familia, amigos, creencia religiosa, etc.; veo todo con ganas de explorar y continuar formando gustos a partir de la experiencia. 
Hace un par de años -quizás o puede que sea menos-, casi me vi en la obligación de aclarar algunos temas con mi familia (mamá y papá). No recuerdo bien por qué comenzamos a hablar, pero me parece que cuestionaron el hecho de que fuera muy reservada con mi vida íntima, asumo que también les parecía raro que a mis treinta jamás les hubiera presentado alguna pareja, también algo con los nietos o mi desinterés en tener hijos; a grandes rasgos, porque jamás hablo tantas horas con ellos y no puedo retener todo. 
Les conté que como ellos mismos eran súper reservados con la intimidad y no demostraban muestras de afecto en público, pues que no esperaran que yo fuera distinta; me cuesta mucho ser cariñosa en público, quizás es timidez o aprendizaje por imitación, ve tú a saber. Les dije que me hubiera gustado aprender de ellos sobre sexualidad, por último para saber qué pensaban o qué sabían, pero que lo había aprendido de libros antes de preguntarles porque jamás se me ocurrió "preguntarle a mamá sobre eso" (por el mismo ambiente familiar de ocultar lo íntimo); a lo que me padre respondió "si para eso son los libros"; ok, irresponsabilidad total de su parte y eso me enfadó mucho. ¿Cómo esperaba que yo cumpliera con sus expectativas si nadie me enseñó?: a mis 16 me amenazó con echarme de la casa si quedaba embarazada, jamás me habló nadie de anticonceptivos o sexualidad responsable, jamás nadie me habló de ITS, les provocaba cuidado decir siquiera SIDA ¿En serio pretendía evitar el tema hasta que yo saliera de casa y ya no tuviera la obligación de hacerse cargo de mi educación sexual? Mal ahí, familia. 
Algo más: me hubiera gustado tener a alguien a mi lado la primera vez que fui al ginecólogo, porque sabrás que es del terror ir la primera vez (y esa sensación extraña no se alivia con pocas visitas) y también me hubiera gustado que me acompañaran cuando fui al primer PAP, porque me sentí un poco mal al salir y llegué pálida a la casa; claro, mi madrecita estaba en otra ciudad y tampoco le hubiera pedido acompañarme porque, otra vez, ese acostumbrado secretismo familiar era algo que me impedía pedir algo así; tampoco estaba dispuesta a pedirle a alguien que me acompañara porque no contaba con amigas mujeres y si no tenía pareja ¿pues quién quedaba? Acá usar la misma regla que cuando voy al baño: avisas que vas y no dejas que nadie te acompañe, porque son asuntos que no quiero compartir.
También tuve que decirles que no había presentado a nadie en casa como "mi pareja" porque en realidad no había tenido ninguna y joder ¿por qué debería presentar a alguien en casa? ¿para qué tener algo formal con alguien si realmente no te interesa establecer una familia y, mucho menos, tener hijos? No, los únicos que pisan la casa en donde vive mi familia son amigxs y, de esos, sólo algunos conocen a mi familia; tampoco es algo que hago con frecuencia, me carga presentar a gente nueva en la casa (prefiero que se conozcan sitios públicos, como en eventos o lecturas) y me apesta aún más que me presenten con familias ajenas (razón por la que evito, por todos los medios, ir a la casa de mis amigos; a menos que la familia no esté o vivan solos). 
Otro punto acá: no tengo prejuicios relacionados a lo que ofrece la sexualidad. Me parece que para el gusto los colores y nunca ha sido tema, para mí, definirse como "esto" o "lo otro", declarar abiertamente que soy "acá" o "allá", mis preferencias o gustos; no siento que sea necesario porque no estoy viviendo en la casa familiar, lo que haga no le incumbe a nadie y tampoco debo rendir cuentas o dar explicaciones. En casa, mi padre especialmente, acostumbraba a hablar burlonamente de lo que él denomina gays (cito: "en cada familia hay un homosexual y un chalao"). Si bien me produce un poco de repelús el tono en que lo dice, prefiero no conversar sobre eso porque es perder el aliento en algo inútil. Tampoco es que conversemos de eso o nos pregunten (a mí o a mis hermanos) nuestras preferencias y gustos, orientación sexual o si nos cuidamos; nuevamente ese pudor y creo que también miedo a las respuestas. Ellos son una familia muy bien constituida, altamente funcional y correctísima para la crianza: los buenos se acuestan temprano y duermen por la noche, los buenos son los de comportamiento apropiado y que visten correctamente; los buenos no padecen de enfermedades mentales y no se deprimen; los buenos son heterosexuales, forman familias y crían niños sanos. Por supuesto que no quiero discutir con ese monstruo de rectitud, cuando lo único a mi favor es el hedonismo con preferencias abiertas a la experimentación.     
Si no quiero parejas, sería natural pensar que tampoco quiero hijos; sé que la ausencia de uno no te impide tener el otro, pero en mi caso me niego a ambos. Y esto es muy contrario a lo que vi en mi familia: mi madrecita fue muy cariñosa con cada uno de nosotros, incluso demasiado complaciente. Yo sé bien que hizo todo aquello que consideró bueno en favor de cada uno; es probable que por lo aprendido a través de mi madre, yo misma sea una potencial buena madre. ¿Por qué entonces no desear hijos? No tuve traumas (nadie me tocó un pelo en toda mi infancia), nadie abusó de mí (no tuve ningún encuentro con pervertidos), procuraron que me educara en los mejores colegios (me cambiaron de colegio tres veces), siempre me iban a buscar y a dejar a cualquier lugar (aunque tampoco salía tanto), cuidaron de mí hasta los 18 en casa y lo hacen hasta hoy que estoy fuera de la casa familiar (tengo 32). Creo que al retrasar un poco las decisiones sobre lo que deseamos ser de adultos nos da el tiempo suficiente para saber qué es lo que deseamos sin cometer tantos errores y sin tener que pasar por tantas  pellejerías; es lo que pasa con la gente de mi edad y algunos más jóvenes (algunos años menos). Ya el sueño dorado no es conformar familia, casarse y procrear, sino desarrollarse profesionalmente (o en algún oficio o pasatiempo) y viajar (a veces no, pero casi siempre se apunta a "conocer más"); además aprendimos, a través de la familia, que quien tiene hijos no disfruta nada. A muchos nos dijeron: "nosotros nos sacrificamos por ustedes (por los hijos)" o "nosotros dejamos de hacer x cosa por ustedes (de nuevo, los hijos)". ¿Cómo pretenden hacernos entender -ahora- que conseguir lo sueños y tener familia son decisiones compatibles? Sé que se puede, ok, ¿conoces a alguien que disfrute de realizar sus sueños y tenga pareja y familia? yo no. Hay dos asuntos que me disuaden también de la idea de pareja o hijos. Cuando la gente que empareja y llega a comprometerse formalmente (se casan, por ley o por iglesia), la siguiente meta es la de tener hijos; he escuchado historias en que los casados son acosados para comenzar a "ponerse en campaña" y algunas otras historias que cuentan de hijos que fueron concebidos bajo presión, sin haberlo decidido bien o no estando preparados para esa experiencia (sensaciones que repercuten en el apego que se tiene con esos hijos). Me disuade también la idea de que es -casi- norma que quien pare es quien más dedica tiempo a la crianza y no suena para nada atractivo ese panorama. No tengo mucho más argumento, me mueven otro tipo de metas y listo. No acostumbro a pelear con nadie por esto; realmente, que tengas o no ganas de hijxs, no me incumbe, después de todo no soy yo la que lo pariré.  

24 de agosto de 2020

Cuando compras un pasaje a cualquier lugar

Hace algunas semanas compré dos pasajes y pasé algunos minutos escogiendo el destino. Había destinos exóticos, onda medio oriente o islas del Pacífico. Yo iba de página en página y compré a dos destinos, de un lado a otro y, de ahí, de regreso. Fue bien grato comprarlos y podía ver el destino, las fotografías que te dan más ganas de viajar.
Hoy (22 de agosto) recordé esos pasajes comprados, estaban los detalles y la hora; me hice la weona un rato para perder los pasajes (cuando sales del país debes estar en el aeropuerto tres horas antes) y ya eran 45 minutos para que saliera el avión. Mi familia andaba dando vueltas por ahí y ellos también arreglaban las maletas. Al viaje iba mi familia también (mamá y hermanos), no sé por qué; según yo, compré el pasaje sólo para mí. Tomamos el avión y el viaje se me hace corto, puedo entretenerme viendo las nubes y no recuerdo mucho más.
El lugar, a pesar de ser un destino escogido al azar, era un sitio que yo conocía. Hay un café muy lindo con paredes exteriores y divisiones interiores que son de rejillas diagonales, como para que algunas plantas volubles se agarren con zarcillos y con sus flores cubran la base. El café es prácticamente un pasillo delgado, pero se alcanza a pasear dentro porque es largo, puedes recorrer de lado a lado dentro de una cuadra cualquiera. Al salir, las calles son de adoquines. El sol siempre está en el cielo y es agradable el clima.  

¿Cómo es que sueñas una vez (hace semanas) que compras un pasaje a dos destinos aleatorios y luego sueñas con esos pasajes y viajas? Anécdotas de viajes que dan repelús.

PD: no me gusta viajar, lo evito todo lo que puedo.