Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

19 de agosto de 2013

Taller de encuadernación y reparación de libros

*Quiero agradecer a los asistentes al Taller de encuadernación y reparación de libros, ya queda sólo una clase ¡ojalá aprovechen lo que aprendieron!
*Quiero avisar también el comienzo de un nuevo ciclo del taller, comenzamos el día lunes 2 de septiembre a las 18:00 horas. Centro Cultural Iglesia Santa Inés (calle Almagro con Matta) ¡les espero!
*Cualquier consulta, por favor escribir un mail a danae.saturnia@gmail.com

13 de agosto de 2013

Aficionada a los disfraces II


Nota: tenía toda la intención de escribir sobre esta fotografía y la experiencia, sin embargo, un saco´e wea saboteó el asunto, gracias conchetumare.

29 de julio de 2013

Aficionada a los disfraces I


Traición

P camina, debe entregar yerba. Llega cansada a la casa de una conocida, le expresa los motivos de su visita; no sirve de nada, el evento se cancela. Borrachos gritan en el patio, aún sin verlos, le parecen desagradables. P está triste, la conocida entiende, trata de remediarlo con un regalo, gracias. P arrastra los pies hasta su hogar. No hay personas a las cuales recurrir, algunos amigos se alejan con maricas y otros, menos calientes, se pierden en sus mundos oscuros. P no puede, no quiere. Le destrozan, le odian. 

30 de mayo de 2013

Mi culo contra el mundo

     Pía -me miró mientras formulaba la pregunta de siempre- ¿por qué no haces nada y no dices nada si sabes, como yo, que esto es una mierda?. ¿Para qué? -le preguntaba yo de vuelta, mientras soplaba el humo fuera de mi boca- es una pérdida de tiempo hacer algo en un lugar así, deja que crean en su castillo de nubes, deja que mantengan sus creencias, ya están viejos y están perdidos. Podrías aplaudir fuerte, incomodando a todos, hacer alguna pregunta que sabes ellos no responderán porque no entenderán la pregunta, podrías repartir tus plaquettes y hacer que les pique el culo mientras te lean; no lo sé, haz algo, tu silencio les otorga importancia, piensan "mira, una jodida jovencita viene a vernos, nos admira, bla bla bla". Deja ya de hablar, no escucho sus balbuceos de enfermo... ¿y la comida cuando?. Por extraño que parezca, debes ser agradable para que la gente te vea, si eres grosero y sincero, probablemente pasarán de ti como pasan de las cosas importantes. Salúdalos, pero míralos como si no los recordaras. Pregúntales cómo están, pero no les mires cuando te contestan. Cuando se decidan a hablar de algo, diles "permiso, tengo que hacer otra cosa importante". Jódelos sutilmente, creo que no entenderías cómo hacen las cosas las mujeres, no tienes paciencia ni eres constante, no eres mujer. Las mujeres son veneno, sonríen mientras te están estrangulando, siempre saben lo que hacen, aunque su aspecto no sea el que esperas. ¿Por qué mi culo contra el mundo? pues porque mi culo contoneándose es la única grosería que verán mientras camine en sentido contrario a su mal construido mundillo literario.

29 de mayo de 2013

Sobre las cartas, sobre y las cartas


               1.-Mi primer encuentro con las cartas:
Conversaba con un amigo y me aconsejó que incluyera en mi libro una dirección de correo electrónico, así tus lectores podrían escribirte. Me preguntaba además, cómo me sentiría si recibiera buenos comentarios acerca de mi trabajo, pero me advirtió que no dejara mi dirección real “ahí no te dejarían de molestar”. Me gustaría recibir cartas –carta, no mail–, incluso me encantaría que vinieran lectores o curiosos a visitarme. Mi primer acercamiento al maravilloso mundo de la correspondencia, llegó con mis primeros años en el colegio; recuerdo que año a año, nos enseñaban cómo se “hacían” cartas y luego nos obligaban a escribir y enviarla. Durante mucho tiempo el único destinatario era mi abuelo, él vivía en La Serena y yo en Chuquicamata, jamás recibí respuesta. Cuando dejaron de repetirme el cómo “hacer” una carta, dejaba un colegio que odiaba, por otro que odiaba más. Le pedí a mis amigos que me escribieran, recibí algunas cartas de su parte, intenté responderlas en tanto pudiera, mi madre las llevaba al correo. Luego pasaron meses de silencio. Tiempo después, cuando pasaba mis últimos años en Chuquicamata, una amiga me enviaba misivas a través de un amigo en común, él era nuestro cartero. Cuando mi familia se fue a vivir a Calama, perdí todo contacto con los amigos que alguna vez me enviaron misivas. En mi primer año de universidad en La Serena, comencé a enviar cartas incesantemente a compañeras de curso, en seis meses no obtuve respuestas, creo que lo causó el carácter depresivo de mis mensajes, en septiembre recibí una tarjeta de “feliz cumpleaños”; dejé de escribir. Cuando me decidí a abandonar la universidad, llevaba una buena cantidad de cartas de parte de dos amigos a quienes prácticamente obligué a escribir misivas para mí, las respondo obsesivamente en tanto puedo.
2.-Sobre la formalidad:
Hace tiempo, un amigo me preguntó en donde vendían sobres grandes, yo llegué con uno, me miró muy extrañado, supongo que para él era raro que yo tuviera sobres tamaño carta en la pieza que arrendaba. Siempre tengo sobres, incluso compré una pequeña carpeta con divisiones para guardarlos, siempre estoy comprando sobres y esquelas, hojas de colores o libretas lineadas para escribir cartas. Se ha vuelto una costumbre tener siempre hojas y sobres. Este amigo del sobre grande, me preguntó si sabía qué colocar en el sobre, esta vez yo le miré perpleja ¿en serio no sabes qué colocar en el sobre?. En el anverso (al frente, la parte lisa)  se colocan los datos del destinatario, en el centro, en letras grandes y claras: el nombre, la dirección completa (mientras más datos se escriban sobre la dirección, más probabilidades hay de que la carta llegue correctamente a destino) y la ciudad, se debe también escribir el código postal (un número de identificación por sector en cada ciudad, son para que la carta no se pierda en caso de no encontrar la dirección especificada; por ejemplo, en Calama hay dos códigos postales, uno de la oficina de correos del centro de la ciudad y otro en oficinas de correo del mall, si la carta que yo envío no puede ser entregada, se guarda en el lugar que detalla el código postal, allí el destinatario puede ir a reclamarla antes de ser devuelta al remitente. Puedes consultar el código postal que corresponde a la dirección de tu casa o cualquier otra consultando aquí: http://www.correos.cl/SitePages/codigo_postal/codigo_postal.aspx). En la esquina superior derecha se pegan los sellos postales, estampas o estampillas; éstas figuritas se compran para pagar lo que cuesta enviar la carta, si la envías sin estampilla, debes pagar, por ejemplo $440. Si compras las estampillas, escoges $440 pesos en estampillas, a veces es una, dos o más. A modo de recomendación, escribe en el sobre los datos antes de pegar la estampilla, pues si te equivocas, puedes cambiar de sobre, pero si ya pegaste las estampas, no podrás sacarlas. En el envés del sobre (la parte en que se cierra el sobre), se escriben los datos del remitente, o sea, quien envía la carta. Muchas personas escriben “Remite:” para evitar confusiones. Los datos del remitente también deben ser detallados, pues si no se encuentra al destinatario o está errada la dirección, la carta llega de vuelta a la dirección del remitente. También puedes escribir la dirección del remitente en el anverso del sobre, en la esquina superior izquierda, intentando dejar espacio suficiente para las estampillas (así no se cubre información importante sobre el remitente con el matasellos).
3.- Correspondencia recibida:




26 de mayo de 2013

Matando las moscas del aburrimiento

    Hace mucho, mucho tiempo, fui a ciegas a Coquimbo, busqué la casa de la cultura y me senté a escuchar poesía femenina latinoamericana; así, sin saber nada del evento. Me costó encontrar el lugar, llegué hora y media antes, conversé mucho rato con el guardia. Cuando las mujeres subían y se preparaban, me embargó la emoción, se veía interesante, se notaba cierta preocupación y delicadeza ¡bien!. Subí y me topé con una mesa llena de chiches, sí, aquellas cosillas que pretendían ser libros y marcapáginas eran chiches sin valor literario, delicadas manualidades muy caras, ordenadas, visibles y limpias... reconozco no haber hojeado todos los libros expuestos, pero los que vi eran pésimos. Me senté entre pocos asistentes -habían de cuatro a siete personas-, nadie aplaudió lo suficiente, yo incluida. Llegado el final del evento, leyó una mujer rellena, brasileña, el título de su poema era muy largo -hablaba de un sujeto en un avión-. Al acabar de leer, yo abrí mis ojos perpleja, era la única lectura que había hecho eco en mi decepcionado cerebro. Aplaudí sinceramente, fuerte y rápido; un poco más adelante, un sujeto joven se levantó de su silla, aplaudía y gritaba ¡bueno! ¡bueno! ¡genial!. Creo que jamás he escuchado a alguna otra persona aplaudir de ese modo, levantarse y gritar, seguir aplaudiendo y ruborizar al autor. Tengo por norma, jamás aplaudir antes de oír o ver la "gracia" de la persona que ocupa el escenario; no tengo la natural disposición a recibir al artista con un aplauso ¡muéstrame antes lo que haces!, sin embargo, si ya conozco el trabajo de la persona, no tengo problemas en recibirlo batiendo mis manos. Cuando me preguntan les digo que aún no sé lo que hacen, si no me gusta la presentación o el texto -o no les he puesto atención- no aplaudo. Tengo un par de amigos que les encanta joder los emocionante minutos de los aplausos, los familiares del sujeto se levantan y aplauden, luego viene los alumnos invitados -jamás faltan-, luego amigos y, al final, los desconocidos y curiosos. Entre los aplausos masivos (que jamás me han parecido sinceros), destaca el golpeteo pausado e impactante de estos personajes burlescos, mis conocidos juntando sus manos para producir el sonido del trueno. El aludido jamás entiende que es una especie de insulto recibir "esos" aplausos, lo que es gracioso -para mí- y triste -para la gente que lo entiende-.

21 de mayo de 2013

Hoy me asusté bastante (sobre la eventual extinción de especies nativas)

   Hoy me asusté, hacía mucho que no me "tocaba" algún asunto de naturaleza social -paso de todo y de todos, me cuesta mucho ser empática con lo que a la gente común le preocupa, en serio-. Resumiendo, leí sobre el asunto Monsanto; todos nosotros le damos dinero y semillas, ellos investigan y las modifican geneticamente (semillas transgénicas), luego nos las venden a un precio estratosférico, también nos venden el plaguicida y anexos. Cuando se generan semillas transgénicas, "salen" homogéneas, son plantas iguales; así deja de existir la diversidad genética. En caso de ataque de insectos o algún fenómeno climático -los ejemplos más simples- todas son resistentes o vulnerables al evento, cuando pasa algo que no esperábamos (lo que está sucediendo con los cambios climáticos, las plagas), perecen todas porque son iguales. Cuando existe la diversidad genética, hay algunos ejemplares que sobreviven mientras otros perecen (lo que sucede naturalmente), la diversidad genética permite a las especies adaptarse, cambiar y tener éxito cuando el medio se transforma, si las semillas son geneticamente homogéneas están condenadas a extinguirse. Reconozco no saber con seguridad sobre el asunto de las cruzas (mezclas por medio de la polinización), aunque imagino dos casos: 1.-El asunto es que si permitimos grandes extensiones de plantaciones trangénicas, en lo que nos bebemos un café, estas plantas se cruzarán con las "no modificadas" y acabarán contaminando todo lo que conocemos; ninguna semilla, por más salvaje que sea, tendrá en su código una parte modificada, por lo tanto todas las semillas serían productos patentados que hay que pagar para tener. 2.-Si esto de las semillas es un negocio -cosa que sabemos-, no es propicio que produzcan semillas entre sí, pues compraríamos una vez y luego no tendríamos que hacerlo. También acabamos perdiendo, en los dos casos es devastador. Llegará un día en que no podremos tampoco cambiar semillas o sembrar lo que queramos porque será ilegal (sí, tan ilegal como jalar), todas las semillas serán patentadas. Eventualmente algunas especies nativas, valiosas y únicas, se extinguirán porque no soportarán los venenos que deben, sí o sí, administrarse a estas nuevas plantaciones. 
Nadie sabe qué clase de repercusiones traiga a la salud el consumo prolongado de transgénicos, pues se necesitan estudios prolongados sobre generaciones completas, aunque a todas luces es algo muy malo; en Monsanto no prepara sus propios productos para el consumo de sus ejecutivos. Sus venenos provocan abortos espontáneos en cualquier etapa del embarazo. 
Me asusté porque no basta con que todos nosotros asesinemos lo que se nos cruza en el camino, sino que ahora todos estamos pagando para extinguirlas. ¿Podré morir en un campo de amapolas?. 

8 de mayo de 2013

Mis lugares para leer

Hace mucho conocí a una mujer que dibujaba -temática gay-, de todas las personas que reconocían dibujar, los de ella eran los más hermosos que había visto (una saludín por si lees esto); ella dibujaba en una "tabla" (no recuerdo el nombre exacto, pero era un aparato conectado al computador a través de un puerto USB, sus dibujos aparecían en el computador a medida que ella lo iba haciendo). Conversando, me dijo que no era capaz de dibujar sobre una mesa, cosa curiosa pensé, pues la silla y la mesa están hechos para brindarte un apoyo correcto para este tipo de trabajos (se me vino a la mente el dibujo, la lectura y la escritura), ella me confesó que sólo podía dibujar sobre su cama... ¡oh! endemoniadamente incómodo. Me apesta hacer cosas sobre la cama, asuntos como leer o ver películas, escribir o intentar dibujar, comer o jugar [risas]; sin embargo, puedo perfectamente escribir en una mesa, aunque debe ser alta porque si me inclino mucho, me duele la espalda (me mata el dolor). Hoy acabé un libro de Bukowski que me prestó un muchacho, me encantó su gesto de prestarme el libro sin siquiera haberlo leído. Me costó bastante leer el artículo, en la casa en donde vivo hay un crío y una mujer con voz de hombre (parentesco escogido por mi hermano) y no saben que existe el silencio. No me había fijado bien (algo intuía), pero la música me impide leer, así, de cuajo me quita las ganas, la concentración. Salí primero al patio, la mujer con voz de hombre llevaba el celular con música pegado al culo, con un volumen molesto. Salí después al antejardín a través del patio, me senté y recién pude avanzar algo. Mientras me desayunaba un cigarrillo, pensé que el ruido no suele molestarme, lo identifiqué como ruido ambiental (digamos sonidos de autos, motos, pasos, hojas, lluvia, maullidos, etc.), el ruido que me molesta es de la música y la televisión. ¿Qué clase de persona anda todo el jodido día con el celular a todo volumen pegado al culo? [risas] ella podría preguntarme ¿cómo no te da asco andar olor a cenicero? ¿cómo es que no te molesta cargar con libros de más de doscientas páginas en la mano?. El asunto es que sólo en lugares muy particulares puedo leer a gusto (lo que no me impide hacerlo en otros lugares). Me encanta sentarme en la avenida, mirando al este, en las bancas en forma de "L", en los horarios más bulliciosos. Me gusta tirarme de guata en la cama king de dos plaza de mis padres (la cama que tienen en la casa de Calama y La Serena). Me gusta sentarme encima de la lavadora, con las piernas colgando o cruzadas, mientras se completa un ciclo de lavado -no es algo sexual, ojo con los pervertidos-. Me gusta estar en el patio, detrás de la puerta, en cuclillas, al lado de las bolsas de basura. El gato me maulla, exige que entremos a la casa, creo que cuando me ve fumando se desespera. Un cigarrillo siempre es bueno para comenzar el colocón de la lectura, quizás he condicionado mi cuerpo para disfrutarlo, da igual. Siempre recojo las colillas y barro las cenizas.