Escuché un maullido bajito y desesperado de un pequeño gato, intenté localizar el origen del maullido, comencé a mirar dentro de los jardines cercanos, bajé la vista hasta donde podían escucharse los maullidos, al ver al gato, uno muy pequeño y gris, me sentí como una madre a la que han arrancado un cachorro desde su pecho. ¿Qué hacer?, el gato maullaba y parecía paralizado por el hambre, sí, esos eran maullidos de hambre, decidí que un gato más no sería tanto problema, pensé que tendría que saltar una reja para rescatarlo y lo hice. El gato resultó mucho más huraño de lo que había pensado, él estaba tan confundido como yo, escapaba cada vez que intenté tomarlo, un bufido acojonante -para un animal tan pequeño- y salía corriendo a lugar seguro mientras yo intentaba tomarlo sin éxito. No había caso, aquel gato había sido arrancado de las tetas salvajes de una gata callejera, su madrecita le había enseñado a odiar a los humanos, por lo que sería un gato callejero más, allá él con sus complejos, saltando a un jardín infantil de rejas infranqueables. Ya crecerás robando comida a niños que querrán cogerte.
Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":
31 de enero de 2012
15 de diciembre de 2011
No me interesa ver el chocho de otras mujeres
Una pequeña historia para el mediodía: conversaba con una muchacha que acababa de conocer, ella ocupaba el espejo de un baño para maquillarse, yo tenía mi vejiga llena y esperaba el baño para encerrarme y orinar tranquila. ¿Te vas a demorar mucho? -le pregunté-, ella me dijo que "hiciera", pues no le interesaba ver chochos de otras mujeres. Oriné tranquila y con gusto por seguir conversando con ella. La sonrisa por la ocurrencia -¡qué frase más genial!- no se me quitó en todo el día, incluso al recordarlo se me escapa una sonrisa ¿a ustedes no?.
13 de diciembre de 2011
Esos "jodidos" días de Navidad
No, no estoy insultando una celebración tan importante para las familias consumistas y compradoras compulsivas...
Me es muy grato ver a las familias enviándose paquetes e intentando planear sus fiestas por teléfono, comprando tarjetas que se perderán antes de ser escritas y enviadas, sacrificar su alejamiento voluntario y juntarse alrededor del totem verde; en serio, me gusta la época navideña, aunque tenga las mismas quejas de todos los años, el pan de pascua casero acompañado de cola de mono casero (¿es "la cola de mono" o "el cola de mono"?) le quitan un poco de quejas a estas fiestas.
El motivo de mis quejas este año es un recuerdo de hace más o menos nueve años: ayudaba a mi madrecita a decorar el arbolito, en aquel momento colocaba las luces (ordenadas, que los espirales alrededor estén a la misma distancia, que ninguna luz se toque con otra y mucho menos que toque algún adornito, como solía decir mi padre) y mi hermano impulsado por la envidia se enojó -como todos los años- y me dijo que yo no le permitía hacer nada (ni poner adornos, ni poner las luces, ni decorar como quisiese), yo porfundamente dolida y sabiendo que en dos años debía irme de casa a otra ciudad le dije: solamente vas a tener que soportarme dos años más, después te puedes quedar con todo. Me condené de alguna forma a jamás volver a ayudar a armar el arbolito, le doy la preferencia a mis hermanos, ellos jamás me la dan a mí. Hasta hoy recordarlo me duele, mis hermano quizás no lo recuerda y ahora ni siquiera ayuda a mi madrecita a armarlo, al muy imbécil le da flojera ayudar. [Risas]
11 de diciembre de 2011
Jamás regresar
Estuve revisando las ventajas de desaparecer del "mundillo" literario y probablemente no es tan conveniente como había pensado en un principio. Digamos, por ejemplo, que a partir de este mes no asistirá a ningún evento literario: quizás algunas personas -subrayo algunas- extrañen su presencia. Luego de seis meses simplemente desaparecerá de la boca de todos. Luego de un año nadie recordará que usted asistió alguna vez, sino que se mencionará su triste ocupación actual y no importará lo que alguna vez escribió porque en realidad no era tan bueno. ¿Qué va mal hasta entonces?, pues que aquello que en algún momento le apasionó ahora forma parte de una línea paralela de tiempo, "usted hoy" no es el mismo "usted aspirante a literato" porque ahora no puede tomar un lápiz y escribir con la misma eficacia operativa de entonces. ¡Bingo!... un momento... ¿como es que algunas personas desaparecidas aún están dentro de nuestras cabezas y se les recuerda como hace cinco o diez años?. Desaparece y deja el oficio, condénate a un triste futuro que jamás podrás disfrutar. Desaparece y continúa, siempre recordaremos -amaremos- a aquellos que maduraron y jamás dejaron de hacer lo que les quitaba el sueño (¡no la embarres maldito bastardo, el alcoholismo no te hace mejor, te hace un estúpido imitador de cuarta!). ¿Qué hacer?... [suspiro].
[¿Continuará?]
5 de diciembre de 2011
Odio, envidia
En estos momentos estoy bastante enfadada, miro a mi hermano como a un desconocido y con tanto odio que quisiera estrangularlo, me largo a mi habitación mientras él está en la sala, preparándose despreocupadamente un café, le odio ¡le odio!
Por alguna razón extraña también siento envidia, por estar diluyéndome como una gota de sangre en alcohol dentro del vaso roto que cortó mi dedo, ¿existirá mi nombre en uno o dos años más?...
Por alguna razón extraña también siento envidia, por estar diluyéndome como una gota de sangre en alcohol dentro del vaso roto que cortó mi dedo, ¿existirá mi nombre en uno o dos años más?...
22 de noviembre de 2011
Notas a pie de página X
De “Puteo
Lírico” en Música de cañerías:
“El problema de una lectura de poesía -cuando se llega a las once de la
mañana y la lectura es a las ocho de la tarde- es que a veces reduce a un
hombre a tal estado que quienes le hacen subir al escenario para mirarle,
burlarse de él y machacarle, no esperan de él iluminación alguna sino pura
diversión.”
No creo que llegar unas cuantas horas antes a un evento sea
perjudicial, en especial cuando eres el protagonista. El problema es que el
público siempre -llegues tarde o temprano- espera que les diviertas, ellos no
desean pensar en lo que leas, ellos quieren estremecerse de emoción. Todo el
espectáculo en la lectura poética es necesario para la permanencia de la
audiencia, es bastante simple si lo piensas.
21 de noviembre de 2011
Notas a pie de página IX
De Mujeres:
“-Tú tienes mejor aspecto que en las fotos. Creo que no eres del todo
feo.
-Gracias.
-Oh, no quiero decir que seas guapo, no tal como entiende la gente la
belleza. Tu rostro es atrayente. Y tus ojos… son hermosos. Son salvajes,
enloquecidos, como los de un animal escapando de un bosque incendiado. Hostia,
algo así. No soy muy buena con las palabras.
-Yo creo que eres hermosa -dije yo-, y muy simpática. Me siento bien
junto a ti. Creo que es bueno que estemos juntos. Bebe. Necesitamos otro más.
Eres igual que tus cartas.”
Gente que me encuentro me dice que mis ojos son lindos, que el color es
“bacán” y cosas por el estilo, yo creo que es lo único lindo que tengo. Es
gracioso pensar que para el resto del mundo soy una loca silenciosa de ojos
lindos. Mi familia se encargó de construirme y el resto del mundo se encarga de recordármelo. Lamentablemente a menudo tengo conversaciones en las cuales me
transmiten que lo único atractivo en mi son mis ojos, me lo dicen a cada
momento, pero a nadie se le ha ocurrido conocerme mejor y ver más allá de mis
ojos.
20 de noviembre de 2011
Notas a pie de página VIII
De Hollywood:
“En general no había otra cosa que hacer en esas pensiones y
apartamentos baratos cuando se estaba arruinado, muerto de hambre y a punto de
terminar la última botella. No había otra cosa que hacer más que escuchar aquellas
discusiones salvajes. Eso te hacía darte cuenta de que uno no era el único que
estaba absolutamente desencantado del mundo, que uno no era el único que se
encaminaba hacia la locura”.
Muchas veces me quedé sola en la habitación que arrendaba con mi compañera
de carrera. Sin ningún peso no hay muchas cosas que hacer, me dedicaba a dormir
hasta tarde y a esperar que llegara el lunes para asistir a clases. Escuchar el
ruido de la gente, el movimiento del resto de arrendatarios y sus discusiones
era una actividad que no elegí, pero que me distraía de la situación y me
centraba en los asuntos reales que debía solucionar cuando regresara mi
compañera. Experimenté la soledad como una especie de viaje psicodélico, el
tiempo perdía su significado, el día y la noche se mezclaban, no dejaban
espacio para diferenciarlas. Me sentía perdida, loca, ausente, desgraciada.
19 de noviembre de 2011
Notas a pie de página VII
De La senda del perdedor:
“Me miré en el espejo. Era fantástico. Tenía la cabeza completamente
vendada. Absolutamente blanca. No se distinguía nada salvo mis ojos, la boca y
las orejas, y algún que otro mechón de pelo en lo alto de mi cabeza. Me sentía oculto.
Era maravilloso.”
Cuando me siento triste o deprimida, me escondo, acomodo mi cabello
para que oculte mis ojos. Sentir que la gente no me está mirando o que no
existo para el resto el planeta, es maravilloso. En el colegio me quedaba horas
en la biblioteca, sola. Mis “cimarras” las hacía en la biblioteca, en los
aniversarios y fiestas me escapaba de las actividades porque deseaba ocultarme
de toda esa gente que murmuraba a mis espaldas. En más de alguna oportunidad quise
desaparecer.
18 de noviembre de 2011
Notas a pie de página VI
De La senda del perdedor:
“-Henry Chinaski- anunció el director por el micrófono, y yo anduve
hacia delante. Nadie aplaudió. Entonces un alma bendita entre los espectadores
dio dos o tres palmadas. Había varias filas de asientos dispuestos sobre el
escenario para los alumnos recién graduados. Nos sentamos allí y esperamos. El
director pronunció su discurso sobre el tema de la oportunidad y el éxito en
América. Al poco todo había acabado.”
Mi graduación fue el término de los peores meses de mi vida, con el
discurso del director se acababan los conflictos con mis compañeros y
profesores. Cuando dijeron mi nombre, se oyeron los aplausos de mi familia,
cuando estaba sobre el escenario me sentía demasiado incómoda, mareada,
enferma. No tengo imágenes claras de ese día, a mi madre se le ocurrió que
debía sacarme los lentes para la ocasión. No sé cuánto duró, pero agradecí
cuando todo acabó. No me gusta la gente y estar sentada en medio de los
integrantes de cinco cursos, sus padres y familiares, profesores y niños de
cursos inferiores, me dejó deprimida. En mucho tiempo no volví a hablar de eso.
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