Summertime...
A su derecha la explosión de la galaxia árbol. ¡Oh el éxtasis!, el denso humo saliendo por todos los agujeros del cuerpo. Mi sombra completando la sombra de un árbol, un monstruo de un brazo humano, de media cabeza humana, de una extensión infinita sobre el suelo, improvisación sobre las calles dormidas.
Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":
19 de abril de 2011
17 de abril de 2011
Los ojos tristes de mis compañeras de cama VIII
Su nombre era algo extraño -Jennifer-, su rostro era bastante particular, sus piercing, su cabello negro con algunos reflejos rojos, su vestimenta, su sonrisa. Unas cuantas veces me acerqué lo suficiente para excitarme con el olor a perfume que salía de su cuerpo, sus uñas siempre estaba pintadas de burdeo, sus párpados siempre lucían una sombra negra perfectamente aplicada. Las primeras veces que la visité en su casa pensé en seducirla, pero a cada visita era más difícil acercarme a ella; la timidez que desde el comienzo impidió acercarme hacía estragos en mi cuerpo, me sentí desvalida tirada en su sillón blanco. La vi dormir y embriagarse, la escuché maldecir contra el mundo, la observé atentamente mientras miraba televisión. ¡Oh, mi corazón palpitando!, sus manos, la delicada posición de sus piernas al sentarse, la calidez de su rostro al besar mi mejilla. No sabía en realidad de qué manera plantearle mis sentimientos, no sabía bien cómo dejar de desearla, no sabía su debía declararle mis sentimientos ¿se quedaría ella conmigo? ¿me odiaría el resto de nuestras vidas?. No me gusta hablar de ella porque siempre tendré que reprimir algo, un beso o una caricia, un pequeño detalle que ella y yo sabremos interpretar, algún texto que me permita enviarle en cartas, pequeños cuentos que la incluyan y que relaten un episodio en que me jura amor eterno. Ella sigue viviendo, ella sigue escuchándome cuando lo necesito; creo que ella es la única que me ha besado con amor. Desperté con el ligero roce de su mano sobre mi cabeza, una simple muestra de afecto que acabó por impulsar mi deseo de tenerla entre mis brazos y besarla sin miedo. Tiré de su brazo hasta que perdió el equilibrio y fue a dar sobre mi cuerpo, la rodee con mis brazos de tal modo que no pudo liberarse por más que lo intentó. Por favor, no me gustan las mujeres -dijo mientras se le escapaba un lágrima-. Lo sé -le dije mirándola a los ojos-, pero necesitaba abrazarte y decidir lo que siento por ti, es difícil ser amiga de una mujer como tú, tan bella, deliciosa. Nuestro encuentro acabó cuando un descuido de mi parte provocó su caída sobre la alfombra, me levanté a ayudarla y le besé por última vez.
29 de marzo de 2011
Las sorpresas que trae el gato [II]
Al muchachito le encantaba vagabundear por las plazas de cualquier lugar, dormía en preciosos jardines en que parejas de jovencitos se recostaban mientras pensaban qué harían a continuación con el dinero de sus padres. Cada uno de ellos era egoísta, todos miraban al muchachito con un poco de miedo, con un poco de asco, el temor a una vida despreocupada, el temor a dormir junto a los perros. El muchachito encontró un pequeño trozo de carbón y decidió que un par de bigotes dibujados en su rostro lo convertiría en un animal más, dormiría con otros animales y se lamería con paciencia a la vista de las parejas que a esa hora disfrutaban de un paseo en el parque. Una mujer mayor se acercó con cuidado y acarició al muchachito porque creyó ver en él a un gato perdido, el muchachito se sintió extasiado por las caricias tan puras que la mujer le regalaba, se durmió disfrutando el gris del cielo.
22 de marzo de 2011
III. La amante de los árboles
Una mujer bastante mayor de brillantes cabellos blancos se acercaba cariñosamente a un árbol joven de aspecto limpio, un árbol en una plaza céntrica de la ciudad. Pensé que la ubicación del árbol era la razón del inesperado acercamiento de la mujer, pero el encuentro fue mucho más allá de lo que pude imaginar en aquel momento de dedicada observación. La mujer se acercaba más al árbol y yo procuraba disminuir la distancia entre mis pasos, la observación detallada es indispensable en este tipo de eventos. Extendiendo los brazos formando una cruz con su cuerpo, ella abrazó al árbol en que asomaban algunas flores amarillentas, la mujer reía e imprimía fuerza en ese simple gesto de amor. Mis ojos se enamoraron de esa sonrisa tan sincera que podía leerse a muchos metros de distancia, esa sonrisa quitó de mi mente todas las cosas malas de ese día.
16 de marzo de 2011
Los ojos tristes de mis compañeras de cama VII
Tenía miedo, las cosas no salieron para nada bien. La temporada que pasé encerrada en mi habitación me sirvió para comprender que la mayoría de los pasos que había dado en mi vida amorosa habían fracasado porque yo no correspondía al modelo de muchacha común, mi cabello descuidado, mis ojos tristes, mis manos hinchadas y algo magulladas ¿quién desearía dejarse seducir por una persona tan descuidada en su apariencia?… si existía gente linda, también existían personas feas, gente que se atraía porque no se sentía bien consigo misma ¡bien! una mínima oportunidad de pasar acompañada estas últimas semanas de frío. Mientras miraba el cielo recordé que a principios del invierno algo extraño había sucedido, un encuentro algo desagradable en una plaza, mientras dormía para dejar de mirar a las preciosas chicas que se paseaban por ahí. Regresé al lugar y fingí dormir, a las dos horas una mujer bastante extraña se acercó, llevaba una especie de capa sobre toda la ropa que tenía puesta, se recostó a mi lado y al rato se quedó dormida, olía a flores, a hierbas, a tierra húmeda, a lluvia ¡lluvia en el desierto!, mis ropas se saturaron del intenso olor a bosque, ella era el bosque que había venido a dormir a mi lado para alejar mis penas. No pude evitar el impulso de despertar a la mujer, la tomé de ambas manos y le dije que no se asustara, ella tenía los ojos de color violeta, su boca tenía sabor a canela, su piel tenía sabor a frutas, su entrepierna olía a flor silvestre. Apenas salían gemidos de su boca y eso me excitaba, ella abrió sus piernas como invitándome a deleitarme con todo aquello que guardaba dentro de su cuerpo, alcancé a percibir el ligero aroma de las amapolas y no pude resistirme a introducir dos de mis dedos para intentar alcanzar aquellas flores que crecían en su interior ¡algo tocó levemente mi dedo!, algo como un palillo palpando desde dentro lo que se aventuraba a molestarlo. Me asusté y saqué inmediatamente el dedo, estaba ennegrecido por alguna sustancia desconocida para mí, despedía un olor repugnante. La miré con desprecio y me levanté, desde su vagina se asomaba un dedo igual al mío, se movía quebrándose en cada falange ¿era acaso un dedo? ¿cómo era posible que una réplica de mi dedo se asomara por su vagina?. El temor se apoderó de mis piernas, no había nada más que hacer, dormí por dos días seguidos, todo aquello me había agotado.
14 de marzo de 2011
Los ojos tristes de mis compañeras de cama VI
La amistad jamás ha sido mi fuerte, mucho menos con mujeres ¡esas maravillosas fuentes de amor!. Resignada a perder un mes más buscando una pareja estable mi amistad con Carola, una rubia de proporciones mayores , avanzó más rápido de lo que había podido adivinar. Como por arte de suerte, todas las cosas se dieron para que le propusiera arrendar una pieza conmigo, la economía de ambas se iba a pique, nos convenía a ambas compartir habitación, y así convencí a Carola de que viviera conmigo. Los meses no favorecieron nuestra amistad, de hecho la complicó, no hay nada más desesperante que tener a una mujer a tu lado y no poder atreverte a nada por temor a perder su amistad -que es lo único que posees en los momentos de escuchar su pausada respiración por las noche-, no es agradable pasar los días esperando sucesos que jamás sucederán. Esa muchachas rubia, mí rubia, era una de esas mujeres con eternos problemas con los hombres, que uno, que otro, que dos o tres corriendo detrás de ella; el encanto de una rubia risueña es difícil de ignorar, yo ya había caído en sus redes cuando escuché ciertos comentarios de parte de gente que nos conocía a ambas. De estar loca ¿yo?… quizás, de ser de trato difícil ¡sí!, de ser una ebria malagradecida. ¡Ella y sus jodidos problemas con hombres!. Desapareció de mi vida como la última hoja de otoño, ella jamás dijo algo al respecto aunque yo la valoraba y la quería como una amiga.
Las sorpresas que trae el gato [I]
[Comienzo de la segunda parte] [A la primera parte]
El sujeto se despidió muy contento, sus palabras eran las de alguien que estaba seguro de lo que decía, se iba a paso rápido agitando su mano y calificando al muchachito de “poetiso” ¡y qué cara tenía el muchachito!, una débil risa se le escapó cuando dejó entrever sus dientes, así decidió no darle importancia al sujeto que minutos antes le había ofrecido vino y una manta para el frío que comenzaba a afectarle las articulaciones. La palmera bajo la cual se cobijaba le permitía admirar el extenso terreno cubierto de césped, algunas otras palmeras disminuían la panorámica que tenía del cielo, sus manos comenzaron a entumirse. Guardó el cuaderno que siempre le acompañaba y se alejó a paso lento, a esas horas de la noche y después de haber pasado varios días a la intemperie lo único que necesitaba era una cama para descansar; se decidió a caminar al oriente.
El sujeto se despidió muy contento, sus palabras eran las de alguien que estaba seguro de lo que decía, se iba a paso rápido agitando su mano y calificando al muchachito de “poetiso” ¡y qué cara tenía el muchachito!, una débil risa se le escapó cuando dejó entrever sus dientes, así decidió no darle importancia al sujeto que minutos antes le había ofrecido vino y una manta para el frío que comenzaba a afectarle las articulaciones. La palmera bajo la cual se cobijaba le permitía admirar el extenso terreno cubierto de césped, algunas otras palmeras disminuían la panorámica que tenía del cielo, sus manos comenzaron a entumirse. Guardó el cuaderno que siempre le acompañaba y se alejó a paso lento, a esas horas de la noche y después de haber pasado varios días a la intemperie lo único que necesitaba era una cama para descansar; se decidió a caminar al oriente.
5 de marzo de 2011
De conversaciones inconclusas [XIII]
No quería recibir todo aquello. Esa visión del pajarillo posado sobre las ramas, casi oculto, jugueteando. El cielo que parecía abrirse para recibir todas aquellas miradas curiosas desde la tierra. El árbol de valvas con pequeños resquicios de flores moradas "árboles posados sobre pájaros".
La brisa se llevaba la gracia de mi atuendo, el mar sobre mi torso agitándose con cada paso, el leve cosquilleo del sol sobre la piel descubierta. Empuñé las manos sosteniendo las olas del vestido, él se fue.
Caballero vagabundo que caminaba en dirección contraria, le observé todo el tiempo, jamás miró atrás. Mirando su chaqueta negra pude adivinar el ancho contorno de su espalda, vi que balanceaba los brazos flojos, él siempre tiene actitud alegre y divertida.
La brisa se llevaba la gracia de mi atuendo, el mar sobre mi torso agitándose con cada paso, el leve cosquilleo del sol sobre la piel descubierta. Empuñé las manos sosteniendo las olas del vestido, él se fue.
Caballero vagabundo que caminaba en dirección contraria, le observé todo el tiempo, jamás miró atrás. Mirando su chaqueta negra pude adivinar el ancho contorno de su espalda, vi que balanceaba los brazos flojos, él siempre tiene actitud alegre y divertida.
2 de marzo de 2011
De amor y paranoias [XIX]
El muchachito loco y borracho se levantó porque intuyó que el tren pasaría frente a él, se acercó a las líneas y cerró los ojos para sentir en sus entrañas el golpeteo de un orgasmo ¡el sonido cosquillear a través de sus pies!.
El joven rostro de facciones tranquilas esperando el paso del tren, con los brazos extendidos al cielo, respirando cada vez más rápido y el tren a pocos metros de su cuerpo; el árbol quieto, el árbol joven, el árbol acariciado por las brisas anuales.
La hambrienta tierra gemía por recibir un nuevo hijo...
El muchacho loco y borracho saltó esquivando por poco el paso del tren, su rostro estaba húmedo por el sudor, sus piernas temblaban. Bajo la protección de quien le observa se queda dormido ¿en realidad duermes mi querido caminante?.
Las calles estaban vacías, en la madrugada sólo los suicidas cruzan los puentes.
[Final de la primera parte]
El joven rostro de facciones tranquilas esperando el paso del tren, con los brazos extendidos al cielo, respirando cada vez más rápido y el tren a pocos metros de su cuerpo; el árbol quieto, el árbol joven, el árbol acariciado por las brisas anuales.
La hambrienta tierra gemía por recibir un nuevo hijo...
El muchacho loco y borracho saltó esquivando por poco el paso del tren, su rostro estaba húmedo por el sudor, sus piernas temblaban. Bajo la protección de quien le observa se queda dormido ¿en realidad duermes mi querido caminante?.
Las calles estaban vacías, en la madrugada sólo los suicidas cruzan los puentes.
[Final de la primera parte]
19 de febrero de 2011
II. Café azucarado con cabellos canos
Un segundo encuentro fascinante -esta vez con una mujer medio hippie- me hizo recordar que en el momento que menos lo esperas las agradables sorpresas del sexo femenino te hacen estallar de emoción. Tenía un vaso blanco en la mano izquierda, se acercó lentamente a saludarme, nos besamos las mejillas y ella tenía la punta de algunos de sus cabellos humedecidos con café, lo vi y de inmediato le dije que su cabello estaba sucio, quité el café con los dedos de la mano izquierda, arrastrando la espuma del café hasta las puntas de su cabello castaño cobrizo. Ella miró a otro lado y yo me fui a un lugar solitario a oler mis dedos, a lamerlos, a disfrutar del café azucarado de aquella mujer medio hippie.
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