Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

13 de mayo de 2020

Comprendí algo y lo tengo atravesado - Parte II

No soy extremadamente simpática, tampoco soy la reina de la amabilidad ni del compromiso, me apesta pensar que estoy dando más de lo que recibiré; debe ser bilateral y punto. Por lo mismo intento no mostrar interés en el momento en que se presenta, dejo pasar un poco el tiempo para pensar si sería -realmente- bueno que yo participara. Así y todo, muchas veces me pasa que al violar mis reglas -saltar de entusiasmo al segundo-, termino achacada porque me mostré honesta y ni "me mearon" (como dice un amigo). La primera parte se trató de algo muy terrible para mí, sentir miedo no es algo que a nadie le agrade; esta segunda se trata de cuando muestras interés, pero no es correspondido o te mienten en la cara o no son capaces de decirte "no me interesa lo que haces".

Dos veces conocí a chicas interesantes -para mí- por casualidad. Una de estas chicas estaba en un carrete y es amiga de un amigo. La vi con revistas geniales (que ella sólo distribuía) y algunas otras cosillas que llamaron mi atención; le dije que me interesaba mucho lo que hacía, su material, lo que tenía. La invité (más de dos veces) a compartir algún espacio conmigo en alguna feria o actividad, me decía que sí, que sí, que sí, que sí, que sí. Cuando la conocí no dio señales de que yo no le agradaba, de hecho fue amable conmigo cuando conversamos. Aún no entiendo por qué jamás pudimos compartir un espacio y por qué, a pesar de mis invitaciones, no estuvimos jamás compartiendo espacio aunque ella misma me miró y me dijo "me interesa". En ese rato, en que a mí me hubiera gustado compartir con ella, nos encontramos en la toma de la colina (año 2018, toma feminista); no porque hubiéramos concertado una cita, sino porque a ambas -de seguro- nos invitaron de modo independiente. Ahí se hizo obvio que yo le importaba un comino y que jamás respondería a mis invitaciones porque yo misma soy la representación de lo que odia: no tengo nexos políticos, de activismo, de feminismo, de lucha; vendo weás que no le sirven a nadie, literatura de ficción, cosas inútiles; no parezco la típica persona que está ahí por necesidad, al parecer yo no necesito estar ahí; no debía estar en esa toma feminista porque jamás he llevado pañuelo y jamás me verás con un parche -de cualquier causa-; tengo pocas amigas mujeres y me cuesta tener un trato cercano con ellas... son todas y es ninguna, las tiro todas porque son las que me ocurren, las menciono porque cada una de esas cosas se me pasaron por la mente. Concluí que, por mucho que intentara, ella jamás respondería a mis mensajes y tampoco me iba a decir por qué no los respondía. 

A la otra chica la oí mencionar en una conversación, me hablaron de ella y quise conocerla de inmediato; aunque me pareció extraño no habérmela topado antes. La busqué y me dio la dirección de su blog. Yo tenía muchas preguntas porque vi muchas cosas y sentía muchas ganas de conversar, en serio me interesaba poder tener y mantener un contacto con ella. Lo mismo: sin siquiera conocernos, jamás respondió a mis invitaciones. Me aburrí de insistir y dejé de sentir ganas de conocerla. ¿Por qué chucha jamás me dijo que yo no le interesaba? No me di muchas vueltas con ella, pero terminé conociéndola por otra cosa, una weá nah que ver. Cuando la conocí, se me encendieron todas las ganas; estaba al frente y era muy interesante, pero no pasaba de eso. Aquella vez comprendí que yo era una weona estúpida por mirarla con ganas de conocerla, jamás estaríamos juntas en algún lugar. Me pregunto lo mismo ¿qué tengo que me dicen "me interesa", pero no me contestan a las invitaciones? Mis respuestas y las cosas que se me ocurrieron: no tengo nexos políticos, de activismo, de feminismo, de lucha; vendo weás que no le sirven a nadie, literatura de ficción, cosas inútiles; no parezco la típica persona que está ahí por necesidad, al parecer yo no necesito estar ahí; no debía estar en esa toma feminista porque jamás he llevado pañuelo y jamás me verás con un parche -de cualquier causa-; tengo pocas amigas mujeres y me cuesta tener un trato cercano con ellas... 

 
Respira un momento. Antes de que te aburras con esto, intenta continuar leyendo. 


¿Por qué me (casi) enfado si, después de tanto tiempo, no debería importarme? Como a muchos, me pasó que El Estallido "me pegó" distinto a las cosas que había vivido hasta ese entonces; confieso que con La Peste me percaté de que soy muy mala adaptándome a los cambios bruscos. Ahora puedo definirlo bien y, en cierto sentido, es bueno; puedo poner en palabras lo que me incomoda y las consecuencias que trae en mi diario vivir (que sólo me incumbe a mí, por lo demás). 

Soy de aquellas que cree que no somos copos de nieve -único, auténticos, especiales-: soy de aquellas que cree que sólo le importas a quien te quiere -y el querer no es gratuito, se gana con sangre-; soy de aquellas que cree que ser amable es importante, pero serlo no te hace importante. 

Si no somos especiales, pues debieran existir muchas personas que son como uno; lugares comunes, gustos, tratos, gestos, causas, pensamientos, intimidad, amistades, objetivos, etc. ¿En qué punto llegas a un trato simétrico con alguien? en que el interés se devuelva con interés, cuando la palabra "me interesa" valga algo, cuando te digan a la cara que no eres de interés, que no les interesa juntarse contigo, que no cree que hagas algo bueno, que no les agradas. Me incomoda y llego a enojarme porque siento que fui estúpida, me siento muy estúpida. No somos iguales, estoy por debajo de todas esas chicas que hacen algo, que llevan bandera, que son esto o aquello, que reclaman, patean y gritan. Me siento estúpida porque no podría caer en ningún lugar, porque no estoy haciendo nada de lo que debería hacer. Algo sobre mí: aunque me esté muriendo, no pediría ayuda; aunque me estuviera muriendo no alcanzarías a escucharme. No me agrada que la gente sepa mucho de mí, me gustaría poder acercarme a alguien de interés y que -a esa persona- le sea imposible juzgarme por las cosas que he hecho antes. Estoy muy consciente de que muchas personas me odian por esto o aquello: especialmente por usar espacios municipales, formales, gubernamentales, oficiales, universitarios (no en toma) y así, pero ¿por qué no usarlos? ¿acaso digo que los odio, pero luego estoy ahí? ¿estoy siendo inconsistente y por eso soy molesta para ellos? ¿hay algún requisito que desconozco para que la gente pase por alto mi trayectoria y vaya directamente a mi trabajo (para odiarme con razones, por último)? ¿Por qué esas chicas estaban felices cuando mostré interés, pero no fueron capaces de ser honestas conmigo? ¿por qué no me dicen directamente lo que les causa rechazo en mí? Sé que una de ellas se siente perfectamente integrada en algún grupo de personas, en más de alguno de hecho; pide ayuda y ahí va la gente; dice algo y ahí le responden; alumbra todo lo que hace y ahí la leen. Yo no, yo soy una pobre weona que no dice "me muero" o "necesito equis cosa". ¿Las necesito? sí; ¿las pido? no. Ay, me fui a otro lado, lo siento. 

Sé bien que sólo puedo esperar que me quiera aquel a quien yo quiero: ojito, esto no va solamente para gente muy muy cercana. De todos modos me duele un poquito saber que me odian sin conocerme o sin indagar un poco en mi trabajo, mis labores y mis antecedentes literarios (por último). Siento que a veces mi corazón se agrieta cuando me pasa esto, cuando siento que no soy bienvenida, cuando la gente me miente, cuando la gente me invita y yo voy y después no se junta conmigo porque no (sin dar razones). A estas alturas y vomitando un poco todo esto, creo que esto va más como catarsis; no podría concluir nada más de esto.   

Siento que algo importante es tener un buen trato con quienes conoces, pero no es que tengas un buen trato con todas las personas que se crucen en tu camino. Si soy amable y siento interés es porque siento que debo ser amable con alguien que me provoca interés; estoy mostrando un lado amable y agradable que me cuesta mostrar... creo que me duele mostrar ese lado y no ser correspondida. Me duele invitar y no obtener respuesta, me duele que la gente me muestre un falso interés, que me mientan directamente y me hagan deshacerme en planes que jamás se concretarán. 

Lo tenía atravesado y, cuando me se atravesaba algo, lo escribía y se aliviaba un poco; espero que se alivie un poco.        

27 de marzo de 2020

Comprendí algo y lo tengo atravesado - Parte I

Nota: No puedo creer que mi entrada 300 (la entrada anterior fue la 300) fuera de algo que escribí el año pasado y que tenía guardado desde entonces, no terminado, posteado recién y que importa medio comino. Fue no más.

*Antes de leer esta entrada. Esto da para largo y puse los detalles pesados al final con numeritos: descripciones sobre el oficio de encuadernador.

El año pasado (2018) durante las tomas Feministas de la ULS, alguien (en ese rato no sabía quién) ofrecía un taller de encuadernación en Bongard. Yo muy guay decidí ir, pensé que podría conocer a otro encuadernador o proyecto editorial; me gusta probar suerte en talleres de encuadernación -especialmente cuando son gratis-, a veces conozco a gente interesante. Fui y llegué un pelín tarde (fue un cacho amarrar la bici afuera del campus en toma), cosa que cuando di con el lugar ya estaba la gente sentada y escuchando las primeras instrucciones. Comienzo diciendo que esta entrada será "aproximativa", mi memoria es pésima y algunas cosas que yo dije o que me dijeron no podrían ser exactamente las palabras que se dijeron o que dije; sin embargo, recuerdo la mayor parte de lo que sucedió. Creo que el tallerista me dijo que comenzara a doblar hojas, yo le dije que observaría ya que trabajaba todo el día con libros; sutilmente me declaré como alguien que tenía conocimientos previos. Pregunté qué tipo de encuadernación íbamos a hacer, el tipo me dice que "japonesa". Ya, ok, entonces ¿por qué porras doblamos hojas? Me pareció raro, medio me extrañé medio me puse a la expectativa ¿y si era algo que yo no conocía?1 La mayoría de las asistentes al taller eran muchachas (toma Feminista) y estaban bien emocionadas con el tema, como que a todas les hacía sentido lo que el tallerista les proponía. Desde aquí casi se me cayó el pelo y comencé a hacer caras raras; fue inevitable. Nos dijo que debíamos tener diez cuadernillos de cinco hojas cada uno (creo que es el número, pero no lo recuerdo bien). No se dio ninguna recomendación sobre el prensado de hojas antes de la encuadernación; detalle que hace que el libro tenga forma de ladrillo -ideal- o archivador-mal resultado, pero frecuente-.2 Yo me senté entre el tallerista y una chica que estaba un poco complicada, decidí ayudarla a doblar hojas. Algo que me pareció extraño fue que no dio ningún consejo para doblar las hojas para que quedaran medianamente alineadas, algo importante cuando uno hace una libreta o libro; es muy difícil cuadrar una tapa si el contenido está mal doblado o mal cosido. Con la chica a mi lado completamos los cuadernillos, yo había decidido ayudarla y no hacer el taller. La tercera cosa rara fueron las prensas chapuceras que había disponibles 3 y la alternativa a la prensa también se la pudieron ahorrar (eran estas "abrazaderas en c"), ofrecer apretadores y realmente enseñar a perforar/ranurar los cuadernillos -escribiendo esto no recuerdo si ofrecieron una sierra o un cartonero para ranurar; si fue cartonero, peor-; para un encuadernador es fundamental saber cómo perforar los cuadernillos y es algo muy útil para un principiante (lo ocuparás siempre). Hilo y aguja 4 a mano: el tallerista no recordaba si iba el hilo doble o sencillo, tampoco si debía anudarse al final. Ya, le di una mano recordándoselo. Después no recordaba como comenzar o por dónde, aquí debo hacer también una declaración: una vez me pasó que yo no alcancé a preparar un taller de encuadernación celta que tenía programado y confié en mi memoria; pésimo por mí, porque yo había aprendido y ejercitado esa encuadernación hacía más de un año y poco recordaba. Me disculpé apropiadamente con los asistentes y ellos comprendieron, creo yo porque llevábamos un par de meses reuniéndonos y jamás les fallé en cuánto conocimiento podía entregarles ("lo di todo", les dije todo cuanto sabía de lo que yo misma había aprendido trabajando en esto). Ya, igual le soplé cómo debía comenzar porque sentí un poco de empatía, aunque sólo intuía lo que quería hacer, ya que como mencioné antes, él anunció que era japonesa y eso no era ni de cerca japonesa. Ahí comencé a ver algo que no había visto hasta ese momento, pero que me he vuelto a topar: una maraña de hilos cruzados a lo loco 5. Me parece lamentable que habiendo tanto tipo de encuadernación fácil, bonita, sencilla y funcional, la gente me engañe diciéndome que esa weá es encuadernar y más encima, en este caso, me mienta diciéndome que es encuadernación japonesa. Patrañas, paparruchas. ¿Quién chucha le está haciendo tanto daño a un oficio tan sencillo? ¿con qué propósito inventarse una weá chapucera? ¿por qué los que aprendieron esa weá no corroboraron en manuales o libros su existencia o indagaron más acerca de su utilidad? ¿a nadie más le parece extraño?
===
Gente: si usted, sea quien sea, quiere aprender algo (cualquier cosa) es genial tener un primer acercamiento con un taller y si, de verdad, te interesa como oficio o algo que quiere hacer siempre también indague por su cuenta, lea, aprenda por usted mismo, pruebe, equivóquese, ponga en duda y resuelva la duda, complemente su conocimiento con varias fuentes fiables y póngalo en práctica, anote sus descubrimientos y compártalo después de haber confirmado su veracidad o efectividad. Para una persona que desempeña un oficio es abominable llegar a un taller con intenciones de aprender e irte de ahí deseando no haber ido porque te están mintiendo descaradamente. Si vas a un taller porque te interesa como un modo de quemar un par de horas, sinceramente da lo mismo: si aprendes de buen manera o si te mienten da lo mismo, quizás jamás en la vida vuelvas a hacer lo que hiciste en el taller. En ninguno de los dos casos desaconsejo o desapruebo ir a los talleres, cada uno sabrá lo que quiere hacer y cuánto provecho le quiere sacar.
===
Con la chica sentada a mi lado -la que decidí ayudar- hicimos una costura francesa; el resto hizo la chapuza esa del hilo y el nudo ciego. A mí me temblaba la ceja y eso no se detuvo ahí. El pegamento que había era NEOPREN. Ya reté a alguien por usar neopren y se preguntarán por qué me molesta tanto si la weá es barata y pega re bien (al parecer); la misma respuesta al amigo que había retado antes. Me interesa media raja la persona que compra un libro pegado con neopren, si lo compra no es por el neopren o por la encuadernación; te lo paga porque le interesa leer lo que estás ofreciendo y la exposición a ese componente tóxico es breve e inofensiva. Mi enfado va porque el que hace los libros, el mismo weón que compra y usa deliberadamente neopren se pega la feroz intoxicación por una exposición prolongada a un componente altamente nocivo.6 No había nada adecuado para aplicar el neopren, solo palitos y lápices, incluso los dedos; es muy probable que nadie saliera con su libreta indemne. Y vamos poniendo una tapa de cartulina que, por supuesto, quedó pésima con una costura  que ni existe. Yo estaba entre enojada y con ganas de conversar seriamente con el tallerista,decidí quedarme hasta el "final final" y lo esperé sin decir ni una palabra hasta que toda la gente se fue. Recuerdo una melcocha de cosas que dije, probablemente las mismas cosas que han escuchado mil veces cuando me encuentro con gente que hace libros, proyectos editoriales y encuadernadores. Ah! antes que todo, le aclaré que había esperado a que la gente se fuera para poder conversar con él a solas; que a mí me había pasado que se habían burlado de mí en un taller (una criaja de 16 y me sentí fatal) y que yo no lo avergonzaría con gente; que me parecía importante que nos conociéramos y colaboráramos pues éramos poquitos; que habían muchas cosas que quería aclarar con él y que tenía datos útiles para pasarle. Después comencé con el "interrogatorio". Amigo ¿de dónde sacaste que eso era encuadernación japonesa? ¿dónde lo aprendiste? -creo que comencé así-, me dijo que lo había visto en youtube, al parecer un tutorial de un mexicano. Le recomendé que no viera tutoriales y menos en youtube; lamentablemente ves a la gente hacer cosas y repitiendo las cosas que ves no aprendes, solo copias; no entiendes las bases ni el fundamento; no comprendes que algo no cuadra o que algo es sospechoso o, por último, verificar lo que ves (dudo mucho que todos los tutoriales en youtube de encuadernación sean malos, pero prefiero y recomiendo libros; yo he aprendido sólo de manuales y libros antiguos -la mayoría digitalizados-). Le recomendé en cambio que buscara manuales, específicamente el Musarra (excelente manual de encuadernación que pueden encontrar completo en pdf). Le pregunté por qué usaba neopren si era dañino y no era adecuado para encuadernar, me respondió que "eso encontraron"; le ofrecí que podía apañarlo con pegamento en otra oportunidad y le di la fórmula que yo uso para encuadernar; incluso le dije dónde podía comprarlo, el nombre y todo. Le pasé mi tarjeta, le dije que podía contactarme directamente para compartir datos y todo. Le dije que las prensas que tenía no servían para nada y que podía haberse ahorrado el material, incluso prescindir de hartas cosas que más que ayudar retrasaron el taller. Lo de prensar las hojas, nombres de tipos de encuadernación y todo lo que se me ocurrió pudiera servirle en el futuro. Quedó de contactarme y blablabla (más patrañas). Quería seguir hablando con él, pero algo me dio mala espina: una chica nos escuchaba un poco apartada de donde estábamos, pasado un rato se acercó al sujeto y le habló al oído, yo comprendí la "indirecta"; le dije que me iba y me fui de inmediato. Fui tres veces a la toma de Bongard: una para un conversatorio marika, otro para el dichoso taller que describí arriba y la última para una fiesta marika. La última vez yo estaba un poco apartada -de pie- medio apoyada en un pilar, vi al tallerista de frente y estoy segura de que me vio; yo preparaba mi mano para saludarlo (la iba a levantar y a decir "hola"), pero el tipo pasó de largo. Ok, me pasa seguido: cuando interpelo a alguien por la pega que hace -sólo libros- soy directa y me gusta preguntar de frente en vez de andar especulando weás, pelar o quedarme con la duda; y evidentemente la gente se enoja (tengo amigos que me han confesado que me odiaban apenas me conocieron, pero que han mejorado sus labores y finalmente les caigo mejor porque vieron que no los webiaba sin razón, sino que algo útil les dije, algo que les sirvió). Yo en fiesta marika me olvido de todo y me olvidé del tipo.
===
Meses después contacté con una amiga feminista y bien activa en La Serena. Me comentó de un "weón x" que estaba súper funado, un loco que había tenido cáncer o alguna enfermedad catastrófica, un tipo que estaba tan funado que no lo querían en ningún lado y que impedía que otros compas se movieran cuando se invitaba al grupo, pero a él no. Yo le comenté del loco del taller, que me había llamado la atención una cicatriz bastante marcada en el cuello -sólo la vi de un lado- y que yo suponía era de un intento de suicidio. No recuerdo bien en qué orden fue la conversación, pero llegamos a la conclusión de que era el mismo "weón x" y me alivió bastante no haber entablado ninguna conversación con el sujeto; de ahí pasaron algunos meses hasta el verano.
Ese verano me instalé con algunas amigas y amigues en la Plaza de Armas de La Serena, llevaba un paño y algunas cositas para vender. Unas amigas que también odiaban a este "weón x" me dijeron que estaba en la plaza, un poco más allá; estaba instalado con una mesita en medio de las ferias oficiales. Fuimos a mirar lo que ofrecía. [De repente podría parecerte que soy una pobre weona sapa sin nada que hacer, de repente podría parecerte que estoy puro weando y que me merezco lo que me pasa; desde acá juzga por ti mismo, no pretendo ganar tu comprensión.] Con las amigas fuimos a ver los libros del "weón x", yo tomaba uno y les hacía preguntas sobre encuadernación ¿qué encuadernación es? ¿a qué huele? ¿está seca o no? ¿es este un buen resultado? y además les pedía que me dijeran por qué era mala o buena tal o cual cosa. Cuando alguien crea o hace algo, siempre se queja de que nadie lo "mira" (nadie lo pesca) o que no conoce a otras personas que hacen lo mismo que él; yo no creo en que uno deba sentarse a esperar a la gente, sino que nosotros debemos buscar a los pares y aprender juntos. Una de las mejores vías para aprender es ver lo que hacen otros e intentar adivinar o, derechamente, nombrar lo que ves; evaluar con ojo crítico el trabajo de otro; felicitar una buena pega o hacer énfasis en alguna falla, dar consejos, contribuir al desarrollo de tus pares y enriquecer tus conocimientos con lo que te pueda decir o enseñar de vuelta; yo espero retroalimentación, pero he aprendido que si a alguien no le agrado yo, mi trabajo automáticamente se transforma en una mierda. Acabamos esa breve vuelta a la plaza y hablamos mucho de lo que vimos, de esos libros que vendía el "weón x" 7. Mi conclusión: libros mal hechos a precios exagerados. Les dije a las chicas lo que debían hacer para evitar todo lo malo que vimos y ahí quedamos con eso. 
===
Es probable que meses después -no recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó-, recibí una notificación por facebook a través de un escritor local de ciencia ficción; no me invitaban a mí, simplemente vi este anuncio que convocaba a las editoriales locales para que postularan a una feria del libro que se realizaría en Las Compañías. Yo no soy una persona confiada, tampoco creo que deba involucrarme con todo aquel que haga libros o ferias de libros; me gusta ir, me gusta mirar, me gusta tocar, me gusta saber lo que la gente hace y cómo lo hace, me gusta disfrutar de lo que otras personas hacen. Como no sabía bien quién organizaba no se me pasó por la cabeza postular; busqué la dirección y ¡sorpresa! era a cinco o seis cuadras de mi casa. Le avisé a un amigo y lo invité a ir, le dije que quería ir a mirar y le pedí que me acompañara. Acercándome algo no me gustó, estaba leyendo un compadre conocido por odioso (borracho y acosador). Luego me encontré con el escritor de ciencia ficción que había posteado en facebook; él me vio y me saludó. A los segundos de saludar al escritor, el "weón x" me interpela, hay una mujer a su lado -una chica joven, bajita, de pelo teñido-. Él se mantiene a cierta distancia, me dice que soy autoritaria y amarilla, me dice que debo irme. La chica también me dice que debo irme, que nadie me quiere acá, ella se adelanta con el pecho y tiene una actitud amenazadora. No recuerdo mucho más, pero estuvieron algún rato diciéndome que me fuera. Respondí que aún no había terminado de ver las cosas y que me iría cuando terminara. Tomé una libreta (muy mal hecha) y le pregunté si la había hecho él; no me respondió y me alejé hasta la última mesa que me faltaba por ver. Ahí había un chico, estaba muy callado por lo que había pasado o era muy tímido. Vi su trabajo y era hermoso (libretas y artilugios de madera), le dije que estaba muy hermoso lo que hacía, que era un trabajo bello y prolijo; le pedí con insistencia un mail o un contacto. Noté que el chico no se sentía cómodo, yo (la estúpida que no debía estar ahí) le pedía un mail mientras todo el resto de gente estaban a punto de abuchearme en masa; alcanzaba a escuchar el murmullo, las palabras, el odio y los insultos. Saqué un lápiz y el chico justo me extendió un marcapáginas (te agradezco mucho que me dieras ese contacto); le dije a mi amigo que mejor nos íbamos. Siento mucho no haber tenido el valor de quedarme a conversar con el chico de las cosas preciosas, siento también haberlo hecho sentir incómodo. Al alejarnos sólo un poco de la feria, ya me estaban gritando: ¡ándate! ¡nadie te quiere acá! ¡weona! Buscamos plata en bolsillos y mochilas, con suerte juntamos 3900 -monto mínimo para un Lucky Rojo de 20- y caminamos hasta un almacén; eran 4000 y estaba a punto de llorar, un viejito nos pasó los 100 que faltaban. Desde que el "weón x" y esta chica -que no recuerdo haber visto jamás- me hablaron, yo estuve conteniendo el llanto; me asusté, pensé que ella me golpearía, pensé que todos se me tirarían encima, sentí mucho miedo, casi terror, algo incómodamente cerca del pánico. Cuando le pedí el contacto al muchacho, yo no podía ni hablar bien, temblaba y poco podía contener las lágrimas; tuve que agacharme un poco e intentar controlarme. Ya de salida de la feria, iba con la cara congestionada y con un dolor intenso en el pecho: miedo, pánico, temor, asco, rabia, pena; todo a medio contener y a medio soltar; todo sin poder ni prender un jodido cigarro porque ninguno tenía en los bolsillos y apenas logramos reunir 3900.

***PAUSA***
[Estoy llorando ahora mismo. Lo recuerdo y siento mucha tristeza.]
***PAUSA***     

Ya con el cigarro prendido en la boca y caminando a casa, no podía dejar de llorar. Continué llorando hasta que pude contarle a mi amigo todo lo que acabas de leer hasta antes de ir a la feria. Él me pidió permiso para abrazarme, sabe que no me gusta que me abracen y a él tampoco le gusta que lo abracen. No pude calmarme, pero dejé de llorar al cabo de un rato. Durante las semanas que siguieron le conté esto a algunas amigas y me sentía mal al contarlo. La última vez que lo conté fue en el verano del 2020, en la feria del libro de La Serena. Espero jamás volver a encontrarme con este "weón x" en la vida. 

____________________________

1 Cualquier tipo de encuadernación japonesa (hay dos familias: plegadas y cosidas) por ningún motivo llevan cuadernillos -varias hojas dobladas por la mitad, dobladas de cinco o más constituye un cuadernillo-, me explico y justifico mi sentencia. En Japón el papel utilizado en el comienzo de la historia del libro en ese país es el papel de arroz (piensa en la textura y delicadeza de un papelillo para enrolar cigarros); ese tipo de papel se puede usar por un solo lado para escritura por lo delgado y frágil, además no se puede coser en cuadernillos porque se raja (las encuadernaciones occidentales fueron creadas para trabajar con papel a base de trapo, por lo tanto más resistente, grueso y es bastante más fácil el trabajo con cuadernillos; todas las costuras con cuadernillos son occidentales, la mayoría europeas). Así en las encuadernaciones japonesas plegadas, se pega una hoja con otra -y tienen nombre según dónde se peguen las hojas- y las cosidas juntan hojas separadas para coserlas en el lomo, por encima de la tapa.

2 Aunque me hace y me hacía sentido porque cualquier encuadernación con cuadernillos y costura en el lomo -insisto que eso no era "encuadernación japonesa"- se nota con un volumen así, con menos cuadernillos no vale la pena hacerlo (ni para aprender).

3 Para coser cuadernillos, cada cuadernillo debe tener agujeros y todos los cuadernillos deben tener los agujeros en el mismo lugar (de este modo se facilita una labor impecable aunque no tengas experiencia previa). Hay muchas formas de hacer estos agujeros y no hay necesidad de complicarse la vida, especialmente con un taller que duró ¿dos horas quizás? Vas descritas las alternativas y justifico mi sentencia nuevamente.
1.- Prensa y sierra: si la tienes, filete; aunque es un cacho tener una para un taller de muchas personas (entre poner un cuadernillo y enseñarle a alguien como ranurar, se te va el tiempo).
2.- Prensa y cartonero: no me gusta el resultado, lo he visto y me parece que queda extraño e incómodo para coser, además cuesta perforar todos los cuadernillos con la hoja de un cartonero (por dentro queda un agujero mínimo, pero por fuera tienes que lidiar con un tajo perpendicular al lomo que tiende a arruinar la costura, el hilo se desplaza a un lado u otro del tajo).
3.- Un "apretador" y una sierra: ideal para un taller de muchas personas. Se pone todo al borde de la mesa, basta apretar los cuadernillos por un lado con el "apretador" y la mano menos diestra por el otro, aserrando con tu mano más diestra.
4.- Una media prensa: un par de palos planos y de más de diez centímetros de ancho, con pernos uniéndolos y tuercas mariposa. Bien si tienes que ranurar algo voluminoso y un solo ejemplar. Si está bien hecha, es genial.
Esta opción escogieron y la media prensa que tenían era un aparato estúpido e inútil: palos gruesos y cortos -creo que cortados poniéndole la pata encima a un palo cualquiera-; el agujero por donde debían pasar lo pernos eran más pequeños que los pernos, por lo tanto apenas se abrían para introducir el cuadernillo; y para qué mencionar los pernos mariposa que, como todo estaba mal hecho, debías girar con fuerza para que un palo se juntara con el otro y ese rechinar no se me va olvidar. El conjunto era un despropósito. Fue un obstáculo más que una herramienta y evidentemente se pudieron haber ahorrado todo el show de hacerlos para que sirvieran de nada.
5.- Con un punzón: los agujeros pueden quedar chuecos si no pones atención, pues debes agujerear cada cuadernillo por separado. Con punzón los agujeros quedan grandes a veces y no tiene buena terminación.
6.- Con un punzón y una cunita: la cunita es una caja larga rectangular que tiene una figura triangular dentro, así colocas los cuadernillos abiertos dentro y los agujereas con más precisión, según las medidas que asignaste. Igual puede quedarte un poco grande el agujero, pero en conjunto todos los agujeros quedan mejor alineados sin tanto esfuerzo.
7.- A la mala con aguja: pucha que cuesta perforar cinco hojas con aguja, te dañas los dedos y tus manos son las herramientas más valiosas que tienes; es una opción, pero no se recomienda.

4 Para una encuadernación de buen aspecto no sólo hay que practicarlo mucho, también ayuda bastante saber escoger los materiales ideales para hacerlo y ahí entra la experiencia. Se recomienda evaluar el agujero que has hecho a los cuadernillos, la aguja y el hilo: los tres en conjunto. Si el agujero es grande se recomienda un hilo grueso y una aguja que no agrande más el agujero, pero que permita al hilo pasar sin dificultad y te permita coser sin forzar tu mano ni el material con que trabajas. Si el agujero es pequeño, usar hilo delgado y aguja apropiada. Si estás encuadernando algo "grande" no conviene usar hilo delgado ni hacer agujeros pequeños; si estás encuadernando algo "pequeño", hazlo con hilo delgado y aguja delgada. Un buen aspecto exterior e interior se consigue también evaluando la armonía de los materiales usados, es como combinar bien los colores en tu vestuario.

5 "Hilos cruzados a lo loco" es tal como suena: cosen a lo largo de cada cuadernillo zurciendo (adentro y afuera hasta el final) y pasan al otro sin encadenar con el anterior cuando salen de cada agujero, al finalizar le hacen un nudo ciego a todos los hilos y lo dejan así. El cosido de cuadernillos es algo imprescindible, es el comienzo de un libro o libreta, es lo que mantendrá -en primera instancia- unidas las partes del libro, lo visible, lo que determina si una libreta o libro durará más o menos tiempo, la labor que le da forma al contenido, el que le brinda una forma determinada al lomo. Una buena costura es difícil de obtener sin experiencia, sin embargo, una costura básica bien ejecutada sirve perfectamente al propósito de enseñar, crear y obtener un buen resultado. Esa maraña de hilos cruzados a lo loco no aporta a la rigidez que debe tener un libro o libreta, ni una capa brutal de pegamento puede reemplazar u ocultar una mala costura. Eso que vi alguien se lo inventó para joder, no se me ocurre otra explicación.

6 Eviten usar pegamento con algún componente volátil, especialmente si es tóxico; el daño neurológico no se les va a curar vendiendo libros. Si desea una alternativa probada y guay: una mezcla uniforme compuesta de una parte de cola fría de madera (tapa roja) y una parte de S-600 en proporción de 50/50. Preparar en pocas cantidades (un tarrito de crema) y usar toda antes de rellenar el tarrito. La S-600 sale $2.500 el litro y la cola fría de madera sale alrededor de $3.500 el litro: yo me demoro meses en gastarme ambas. El neopren además de ser altamente nocivo, es un pegamento de mierda para encuadernar: no puede aplicarse de modo uniforme por la consistencia gomosa, se demora un montón en secar, el color arruina cualquier terminación, es muy fácil mancharse y manchar lo que haces, apesta, te mareas y, créeme, no vale la pena.

7 A ver...
-Se notaba que seguía "usando" la encuadernación chapucera que enseñó en su taller, una tontera mal aprendida y mal ejecutada.
-No puedes hacerte llamar editorial si agarras un pdf y lo imprimes sin la hoja de "créditos"; lo que haces es un servicio de impresión. No estás editando, no estás transcribiendo, no estás diagramando, no estás corrigiendo, no estás ampliando, no estás traduciendo, no estás diseñando el libro; estás imprimiendo un pdf, nada más.
-Si haces el libro en la noche y lo vendes sin que se haya secado el pegamento, estás vendiendo un libro a medio hacer; estás vendiendo rápido algo que necesita tiempo y cuidado en su confección.
-¿Siete lucas por un libro que descargaste, imprimiste en hoja blanca corriente, mal encuadernaste y más encima no se ha pegado completamente? ¿en serio? *Un libro así de mal hecho no sale más de tres lucas (yo le daría dos quinientos y no más). Jamás compres un libro que no esté bien pegado o húmedo, te ahorrarás un mal rato.
-Sinceramente me importa medio pepino el asunto de la Propiedad Intelectual de autores muertos ¿quiere sacar libros sin pedir permiso a nadie? dele no más. Lo que me jode es el "weón x" desconozca el trabajo de las personas que salen individualizadas en la hojita que arranca (sacando esa hojita está diciendo "yo hice todo esto que ves en este libro" y es una jodida mentira)... pienso que está siendo totalmente consciente de que se roba un trabajo intelectual, pero también pienso que podría no entender lo que hace. ¿Entiendes por qué es un weón chanta y mentiroso? ¿entiendes que el precio que cobra por libro es exagerado para lo que entrega?

29 de octubre de 2019

La funa va o va.

Hay algo que quizás nadie imaginó cuando, ingenuamente, se hizo una cuenta en alguna plataforma de "redes sociales"; la facultad que le brindabas a TODO EL MUNDO de hablar lo que quieran de ti. La falta de privacidad (aunque tú no publiques cosas tuyas, ya habrá alguien que gustoso lo hará por ti), el cuidado superficial de una imagen que dista mucho de la real (todos mentimos: todos escogemos esa foto que nos favorece, ese mensaje que representa lo que creemos ser, esa frase alentadora que es la fiel definición de lo que creemos estar pensando en un momento, ese chiste que a todos hace gracia) y la maravillosa exposición pública. Hace muchos años, antes de que existiera siquiera el internet, la "funa" era un modo de denunciar un hecho particular y ahí quedaba: los que te conocían te apoyaban o no, a los que funabas podían defenderse o no; todo se basaba en que tenías que conocer a la persona que funaba y/o a la que era funada ¡y se acabó! La principal motivación de la funa en un mundo hiperconectado (en donde no se puede enviar un mensaje a las 3:00 am porque todos tienen el puto celular prendido y conectado a internet), es que todo el mundo se entere; del mismo modo en que se entera uno de que acaban de meter preso a alguien, de que otra acaba de parir, de que alguien se cercenó un dedo, de que decenas cumplen años e hicieron carretes, de que otra amamanta a un niño de cinco años, de que alguno se casó o divorció, de que el perro de alguien tiene diarrea, de que el hijo de alguno se graduó con honores... Entérate y apoya virtualmente (porque un apoyo presencial cuando a cada minuto pasan cientos de cosas, es imposible) algo que te parezca digno de apoyo, alguna causa o la denuncia de una amiga. Condena con todo tu arsenal de malas palabras cuando no te guste, cuando odies lo que escriben o no te parece la opinión. Nada, no pasa nada. ¿Entonces por qué estoy hablando de las funas? ¿pasa algo además de la funa?

A propósito de toda esta oleada de funas -en particular las funas a hombres que han perpetrado algún tipo de violencia-, me ha tocado conversar mucho con mis pares (más hombres que mujeres) sobre temas que, hasta hace poco, me eran ajenos; digamos que no nos habíamos visto en la necesidad de hablar de esto más allá que en tono anecdótico. En un primer momento, a finales del año pasado, sentí empatía con el miedo que sienten mis pares hombres sobre el hablar de x cosa, comportarse de x manera, reclamar x cosa: un amigo gay me decía que le daba un poco de miedo decirle algo a una escolar en una micro, otro que es hetero me contaba que no podía hablar como siempre lo hace porque unas chicas lo miraban muy feo en un bar, otro hizo referencia a una posible funa en su contra -hecho contra el cual no podía hacer mucho, ya que nadie quiso decirle quién lo funaba, tampoco pudo tener acceso al testimonio de esta chica-.

Primer acercamiento: empatía.
Ahora, cuando han pasado meses y ya la conversación se desvía de nosotros (lo que sentimos en nuestras vida diaria): leí el testimonio en donde se denunciaba a un escritor joven -muy bien valorado en el mundo literario y editorial chileno- de violación y recordamos a otro escritor bastante famoso que fue acusado de abuso sexual infantil y que fue condenado por eso (a modo de dato, ahora es difícil encontrar notas de prensa sobre este hecho, me dijeron que estaban borrando la información).

Segundo acercamiento: alerta.
Luego comencé a recordar mis experiencias al respecto, dándole una "vuelta" reflexiva a experiencias que viví hace años, dejando de lado el carácter anecdótico y poniendo énfasis en las decisiones que tomé cuando esto me pasó: dejar de frecuentar lugares en donde podía encontrarme a estas personas, dejar de relacionarme con esas personas con las cuales tuve experiencias desagradables y evitar incluso cruzarme en eventos con esas personas.

Tercer acercamiento: definición.
Hace algunos meses, alguien comenzó a hablarme del tipo acusado de violación: se llama Francisco Ide (el libro más conocido de él es "Yakuza"). Yo leí el libro y lo encontré genial, me gustó; eso fue antes de enterarme de la acusación de violación; el libro, para mí, continúa siendo bueno, pero no me gustaría conocer en persona al autor. Un sujeto -que consideraba un amigo hasta esa conversación- me dijo que invitaría a Francisco Ide a la Feria del Libro del próximo año. Yo, muy en mi volá, me puse a levantar los brazos y decir en voz alta "¡funa, funa, funa!". El sujeto con quien conversaba me dedicó una profunda mirada de desaprobación y comenzó la avalancha de basura acostumbrada (una avalancha de basura que me cae encima cada vez que nuestras ideas no concuerdan).

Cuarto acercamiento: recuerdos.
Mucho después de terminada la conversación, recordé que hacía harto tiempo que este sujeto quería invitar a Francisco Ide a La Serena. Ahora mismo me parecía imposible retomar la idea de invitarlo, todo le va en contra: lo funaron maratónicamente en facebook, le cancelaron contratos editoriales, asumo que muchas personas que lo conocían se alejaron, dejó de ser un personaje público "limpio"; evidentemente no quería venir a La Serena.
El sujeto retomó la conversación después de mi manifestación de "¡funa, funa, funa!". No recuerdo si me preguntó algo con respecto a la funa al escritor, pero recuerdo bien que me preguntó dos cosas que no he olvidado y eso que pasaron hace mucho. "¿Qué pasaría si yo te funara por morderme el dedo?" "¿Y si yo te funara por abuso sexual a un menor en una casa de Las Compañías?". Wooooooo. Me esperaba lo del dedo, pero no las palabras "abuso sexual a un menor", ese episodio tuve que desempolvarlo para recordarlo en detalle. Le respondí que en caso de que él me funara por el dedo, yo no tendría nada que hacer al respecto, excepto aceptar mi culpa de modo público: yo trabajo con muchas personas y algunas de ellas dependen de mí (en el sentido editorial), por lo tanto la reacción esperada sería postear una declaración pública aceptando mi culpa en todo este asunto. La condena, los insultos, los bloqueos, las malas palabras y, por otro lado, el apoyo, las buenas palabras, los mensajes privados y las opiniones de personas que no conozco es algo que se espera, pues para eso está la funa: para condenar pública y virtualmente a alguien. Es una marca que quedará en tu rostro para siempre.
Cuando sucedió este incidente con el dedo, yo estaba completamente dispuesta a asumir las consecuencias -fueran las que fueran-. Si me denunciaba por violencia ante carabineros y me citaban, yo iría. Si le había quebrado el dedo, yo correría con los gastos médicos. Si me pedía dinero o una disculpa pública, yo le daría dinero o me disculparía públicamente. Si me funaba por redes sociales, yo tendría que escribir una declaración pública asumiendo mi culpa: por mi parte, esto jamás estuvo en duda. Aprendí de mi familia que cuando uno hace algo reprochable, debes asumir las consecuencias sean las que sean y siempre estuve y estaré dispuesta a asumir lo que sea.
Como no sucedió el incidente con el "abuso sexual a un menor", mi respuesta fue la siguiente: no puedo aceptar o replicar con respecto a un incidente que no sucedió; sin embargo, si quisieras hacerme daño funándome por algo que es mentira, lograrías tu cometido.

Quinto acercamiento: poner la cara.
Si deseas funar a alguien, sea verdad o mentira lo que declaras, el daño será más profundo y duradero si lo haces por redes sociales: del mismo modo en que no puedes controlar lo que las personas postean habitualmente sobre ti, tampoco podrás controlar hacia dónde se dirige la vorágine de personas que creen o discuten sobre lo que dicen de ti. Las consecuencias son incluso, más profundas que en la "vida real": si te condenan por un delito, es fácil borrar u ocultar la información al respecto, aunque sea una acusación verdadera, falsa o salgas bien parado de la condena -independiente de si eres culpable o no-.

Sexto acercamiento: Actuar.
El objetivo de una funa es hacer daño público y nada más. Pregunté en alguna oportunidad a un amigo abogado qué pensaba al respecto, él me dijo que no le gustaba comentar (en las redes) nada al respecto y que recomendaba que las personas que deciden funar por redes sociales lo hagan después de haber denunciado formalmente lo que acusan públicamente, o sea, acompañar la funa con un documento que certifique que han puesto una denuncia en la entidad correspondiente.   
 

Ay, esto da para largo.


*Esta entrada la escribí hace bastante rato, el año pasado al parecer. Ha estado aquí guardada y como ya poco importa, pues va -aunque, al parecer, las reflexiones quedaron a medias-; a estas alturas ya poco importa. 

14 de septiembre de 2018

Yo, la oportunista y escaladora.

Alguna vez bloqueé a alguien de facebook por nocivo, me parece que pasaron -quizás- un par de años o algo así y este sujeto me comentó bajo una publicación... no sé con exactitud, el punto es que yo no podía ver la publicación, pues tenía al sujeto bloqueado, pero otros sí podían y me llegó el rumor. Abajo de ese comentario que contenía la palabra "oportunista", muchos de mis amigos -Los Viajeros-, "chuchetearon" al sujeto y de ahí no supe de más comentarios fuera de lugar -que provinieran del sujeto en cuestión-. Vamos por grados, algo así como del blanco al negro. La palabra "oportunista", está muy lejos de ser halagadora, ni siquiera se asocia a un concepto positivo como podría ser: "a raíz de una crisis, eres una persona capaz de ver en el caos, una oportunidad"; la RAE lo define como una "actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias que se ofrecen y sacar de ellas el mayor beneficio posible"; para mí la palabra "oportunista" se asocia más a esto: "cuando muere alguien, eres capaz de ir a robarte el ataúd con tal de ocupar el lugar del muerto". Tiene una evidente connotación negativa, te preguntarás el por qué y te respondo con otra pregunta ¿acaso has escuchado alguna vez que se le diga "oportunista" a una persona que ha concretado sus objetivos de modo "sano" (sólo con esfuerzo, trabajo, dedicación, sin echar mano de fondos externos al propio proyecto, sin quitar el espacio a otro, totalmente solo, etc.)? No, yo no por lo menos; siempre lo he oído como una especie de insulto elegante ¿es posible que sea uno de los pocos insultos "elegantes" que van quedando, digamos, un insulto que no es una grosería? Ve tú a saber, realmente me perturbó en el momento, pues me preocupaba lo que las personas percibían de mí; ahora mismo me importa un soberano pepino del planeta pepino.
Lo siguiente son las contradicciones: me joden los higadillos y punto... pensándolo mejor, me explico. Alguna vez, hace un par de años, decidí participar activamente en algo que se llamó "La mesa del libro y la lectura". De ahí, de lo que eran participantes activos y pasivos del mundo del libro y la lectura (lectores, profesores, escritores, periodistas, cuentacuentos, editores, blablabla), pasó a hacerse más específica; quedamos y seguimos yendo los que tenemos proyectos editoriales, el resto abandonó en algún punto entre las primeras reuniones y las últimas de hace dos años. Ahora mismo estoy participando activamente y, además, soy la coordinadora de dicha mesa. Cuento corto: el año pasado identificamos varios problemas comunes en todos los proyectos editoriales y decidimos trabajar en conjunto para intentar solucionarlos o, por lo menos, intentarlo. De ahí sale la idea del Boulevard del Libro 2017, de ahí mismo sale la obvia continuación del mismo (la segunda versión del Boulevard se realiza el otro mes); ahora, aclarar un poco que si bien la idea del Boulevard nace desde las necesidades de las editoriales regionales independientes, lo financia el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, no lo pagamos nosotros, las editoriales independientes de la región sólo participan. Como ahora soy una especie de "canapé de huevo noventero", o sea, estoy en muchos asuntos formales e informales en muchos sectores de la ciudad; he decidido usar mi súperpoder para invitar a otros a formar parte de lo que sea que se organice, siempre y cuando esté dentro de mis posibilidades hacerlo: llamo, aviso, "alumbro", "paso el dato", dejo mensajes, escribo mails informativos, grabo mensajes ultra largos, traspaso información de un lado a otro, intento involucrar a la mayor cantidad de personas.
¿Por qué participo en la mesa del libro? ¿por qué paso información constantemente a personas que no participan del Boulevard y de otras instancias que han salido desde la mesa del libro? Algo para comenzar a hablar del tema: me molesta bastante que, en general, los grupos formales de escritores (usaré la palabra "formal" para referirme a la SECh, SALC y Carlos Mondaca) no sean generosos con los autores que están en sus nóminas de "afiliados", que no se oriente adecuadamente en los asuntos de registro, publicación y difusión de sus obras, que sólo algunos (los mismos autores de siempre) viajen a encuentros varios y otros ni tengan idea que pueden acceder a estos viajes, que el acceso a los distintos fondos para financiar publicaciones sean datos que sólo algunos manejan y aprovechan, etc.; mientras más pienso en estas organizaciones formales y su trato con los autores, más me parecen semejantes a las famosas "estafas piramidales": los que están a la cabeza son quienes más se benefician, mientras los afiliados son los que avalan la organización (mientras más miembros existan, mejor, le da peso a la organización), pero jamás reciben nada. Hay otra cosa que también me molesta mucho: el trato asimétrico entre ellos. En estas mismas organizaciones en donde las personas hacen lo mismo -escriben- y en donde ninguno de ellos (ni nadie en Chile en realidad) tiene "cartón de escritor"; siempre hay "autores importantes" y "autores menores". Ojito, entiendo que hay algunos escritores que también cumplen roles de presidente, secretario y tesorero, mientras que todos los demás autores son participantes -miembros- de estos grupos; sin embargo, cumplir un rol dentro de una organización no te hace más importante que el resto, o en este caso: no te hace mejor escritor. Por una parte, quienes cumplen roles dentro de las organizaciones tratan a los autores como autores menores, menos importantes o derechamente se les ignora; mientras que los miembros sin cargos dentro de las organizaciones, tratan a los otros como si fueran pequeños dioses (no se cuestionan, no se critican, no se tocan).
Cuando comencé a conocer el "funcionamiento" del mundillo literario serenense, me enteré de muchas cosas que no me agradaron; principalmente porque abundan las historias en donde los autores han encontrado dificultades absurdas el momento de desarrollarse en el medio literario (ya sea en presentaciones, publicaciones, difusión, venta, viajes a encuentros literarios, etc.), obstáculos impuestos por quienes, se supone, deberían velar por los autores que adhieren a sus agrupaciones. En ese momento decidí no adherir a ningún grupo y, naturalmente, me quedaron como alternativa los "independientes"... al conocerlos ¡la misma historia! pero de modo informal, nada ata a los autores a continuar aguantando mal trato, pero lo soportan y esto es un desastre. Cuando no me quedaban más escritores con los cuales relacionarme sanamente, decidí volcar mis esfuerzos a relacionarme con autores emergentes, jóvenes (menores que yo) y con creadores en otras áreas artísticas. Después definí el trato que yo tendría con cada uno de ellos y lo que transmitiría: buen trato, de igual a igual, simétrico y siempre respetuoso: ahí apareció el término "par creador" (considerando no sólo a escritores, sino a creadores en general), así me gusta referirme a ellos y también me gusta que ellos se refieran a mí de esta manera.
Hace poco más de un mes, hablé con alguien -otro sujeto con el que trabajé durante mucho mucho tiempo-;  para resumir mucho, cuando le hablé de la mesa del libro y mi participación en ella, me dijo un montón de cosas desagradables, muchas de ellas eran bastante terribles. Aunque siento que participar de la mesa del libro es algo constructivo, también tengo mis notas al respecto (¡vamos, no todo puede ser bueno!); después de hablar con el sujeto, me sentí "sucia", sentí que él aborrecía lo que yo hacía porque tenía que ver con algo gubernamental... sí, me sentí mal porque su opinión me importa y participar de la mesa del libro es de las pocas decisiones que he tomado completamente sola. A modo de concluir el episodio con este sujeto, la frase con que me definió y resumió todo es: "eres una escaladora". Evidentemente me sentí fatal por harto tiempo, hasta que dejó de importar, como todo lo malo que me dicen. De ahí hasta hace un par de días: el mismo sujeto me dio a entender que quería participar en la próxima fecha del Boulevard del Libro -organizado y financiado por el Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio-; cuando hacía algunas semanas me había dicho que yo era una escaladora por participar de la mesa del libro, del Boulevard, de las reuniones... ¿acaso es pertinente desear participar de algo cuando NO estás de acuerdo, no te gusta, incluso insultas a quienes participan? Por lo demás, se viene algo grande: yo soy escaladora porque participo, mis amigos son tontos porque él lo dice, mis colaboradores abusan de mí porque él lo piensa, poner una bandera "gay" es sectario ¿de verdad quieres estar con esta sarta de gente abominable -nosotros-? ¿de verdad?

[¿Continuará?]

15 de agosto de 2018

Sólo las chicas populares leen en horario estelar.

Bien y tranquila, con trabajo y mala salud. Extrañando a las personas, y más que a las personas, extrañando la sensación de estar con una en particular. 
Hace una semana me invitaron al Festival Feminista Arrebol, se realizaría en el Campus Andrés Bello, en Colina el Pino, La Serena. Como la mayoría de las veces, dije que sí después de preguntar algunos detalles mínimos (fecha, lugar, horario). Si bien podía participar del evento, tenía un pequeño problema: todos los martes me reúno con Los Viajeros del Mary Celeste desde las 18:00 a las 20:00 -en la Biblioteca Regional Gabriela Mistral-, por lo tanto estaría en el Festival desde las 16:00 a las 17:45 y volvería a las 21:00. 
El evento se realizó ayer martes, desde las 16:00 a las 23:00, había un programa cultural con bandas en vivo, lecturas, intervenciones, feria y comida. Llegué a la hora, me instalé en una mesita y comencé a informar acerca de mi proyecto editorial y los libros que tenía a la venta. Pasó un rato y llegó mi hermana, mientras compartía con ella, llegó a hablarme la muchacha que me invitó al Festival y me preguntó si deseaba leer mis "poesías", pues la banda que continuaría animando el evento aún no llegaba. 
Hay dos cosillas que me molestaron bastante y que me vienen molestando hace bastante tiempo. 
Si me conoces y conoces mi proyecto editorial, a Los Viajeros o alguna de mis publicaciones; sabrás bien que jamás he escrito "poesías", sabrás también que no me interesa escribir poesía y no se trata de que odie el género -¿cómo podría odiar la poesía si trabajé durante seis años y un poco más en una revista literaria, en que la mitad de su contenido era poesía?-, sencillamente me agradan mucho más otros géneros, como cuento, novela, ensayo, epístolas; además de haber escogido ser narradora y disfrutarlo mucho. Un concepto más preciso para lo que hago sería "cuentista", pero mis escritos no sólo se remiten a cuentos, sino a otros géneros cercanos al cuento. En lo personal prefiero "narradora", pues todo lo que escribo cabe en el concepto. Una palabra que tampoco me acomoda es "escritora", pues un escritor es una persona que puede escribir y desarrollarse con propiedad en cualquier género literario, y el mío no es el caso. A propósito, el año pasado, en una conversación con una chica ariqueña, me preguntaron qué narraba, si hacía cuentacuentos o algo así; y recién ahí caí en cuenta de que el término "narradora" sirve tanto para quien escribe narrativa como para quien narra oralmente; sabiendo esto, el término "narradora" continúa gustándome. ¡Ah! alguna vez también me hicieron entender que denominarme "narradora" era algo malo, por una parte porque quien denomina es el lector (y, al parecer, el lector es el único con la facultad de determinar si uno es realmente un escritor, poeta o narrador), por otra parte por el ego que, se sabe, tienen mucho quienes escriben; para hacerlo sencillo: no es bueno autodenominarse, pues llamarse a sí mismo "esto" o "aquello", lleva también al problema del ego, de creerse algo o creer que hacemos algo cuando aún no hemos conseguido un sólo texto bueno. En particular me gusta que me llamen por mi nombre ("Pía", no "Piita", ni "Pía Loreto", ni nada parecido; es absurdo usar un diminutivo en un nombre tan breve y ¡me gusta mi nombre!), me gusta que me presenten o me conozcan como narradora y también que recuerden que además de escribir, trabajo con libros: estás características me definen, especifica lo que hago y me hace sentir feliz cuando la gente lo menciona y me trata tal como soy, después de todo escribir y encuadernar son las actividades que más he realizado durante la vida. Aquí va el segundo punto y mis disculpas si me excedí con el asunto de "narradora". 
Llevo mucho más años escribiendo que encuadernando, sin embargo, soy más y mejor conocida por mi labor en Taller Me pego un tiro -o sea, en trabajos de encuadernación, reparación y publicación de libros-. Llegó un alegre punto en mi existencia en que comencé a recibir muchas invitaciones a eventos de todo tipo, especialmente a ferias en distintos lugares y organizados por distintas personas; me encanta ir siempre que puedo, no tienes idea de lo feliz que me hace mi trabajo, tampoco podrías imaginarte lo que siento al pensar que practicamente toda mi vida adulta ha estado relacionada de alguna forma con libros. A pesar de todo lo dicho, prefiero que me inviten por ser narradora -que me busquen para leer- en vez de que me inviten a ferias -o sea, para atender público-. Tengo la misma buena disposición para ambas invitaciones y me preparo para ambas ocasiones, cuando me avisan con tiempo yo programo mis actividades y participo, me gusta ir a eventos, conocer gente y difundir lo que hago. El problema viene cuando no me avisan que leeré, o peor aún, cuando me preguntan "¿puedes leer? es que alguien viene atrasado y weno, tú estás acá". Repito y destaco: ME GUSTA LEER, ahora al punto. Para quien tenga la experiencia: sabrás que el hecho de leer en público es mucho más que tomar una hoja y leer, y si conoces a Los Viajeros, sabrás también que nos dedicamos tanto a la narrativa escrita como a la oral, nos preocupamos mucho de las lecturas que realizamos y siempre demandan preparación. Personalmente, leer en público me destroza los nervios, siempre comienzo a temblar, fumar y decaer en pesimismo, además me ha sucedido que he quedado "pésima" incluso después de hacerlo, hay textos que me han costado la salud de los higadillos y leerlos, significa que debo recrear ciertos estados catastróficos. Aquello que hace años me pasaba -amar leer, esa excitación particular, la emoción brutal, felicidad relampagueante- ya no lo siento, ya no me pasa de buen modo. Cada año me cuesta mucho más leer en público, pues mis textos se han transformado con el tiempo y, hasta ahora, han tomado un carácter desequilibrado. Por lo mismo, prefiero que me avisen si leeré durante la feria o, en su defecto, me inviten sólo a leer; así me preparo mejor, tanto en el texto en bruto como en estado anímico. Por lo demás, sólo hacer la acotación de que si eres "relleno", siempre leerás al principio del evento; mientras que los invitados a leer, lo harán en horario "prime". 
Me parece que en los últimos tres años, me han invitado a leer y me han avisado con tiempo en un solo tipo de evento: "marika/under con fuego y distorsión". Adoro, amo esas oportunidades, incluso la depresión anímica post-lectura, pues siempre es con amigos que me siento a fumar y beber un té, acompañada recupero el aliento y se calman los latidos furiosos de mi corazón.    

3 de octubre de 2017

Me mandé una de las grandes.

Hace algunos días -creo que más de una semana-, mordí a alguien. Me he sentido fatal todo este tiempo, he querido hablar con alguien para contarle, pero no se ha dado la oportunidad. Te preguntarás por qué quiero hablar, si está hecho y no hay nada que puedas hacer al respecto; deseé que alguien me dijera "Pía, lo que hiciste está mal, lo sabes, lo sé. Yo hubiera solucionado así o así el problema, quizás hubiera actuado igual que tú." Como te habrás dado cuenta, no busco empatía, comprensión o nada de nada; busco que alguien me escuche.
Dos o tres veces me he visto en la obligación de hacer daño: morder, patear y golpear con puños, cuando no fui escuchada, cuando intentaron hacerme algo sin mi consentimiento y acabaron saliéndose con la suya -las tres, en ese orden-. Cuando actué así, no sentí culpa, sino rabia, demasiada como para detenerme a pensar en lo que hacía o sus consecuencias. Aquellos animales (no son personas, son bestias) que actuaron porque se les antojó hacerlo, sin pensar en si yo quería o no, sin preguntar o respetar mis negativas, merecían ese trato violento; fue el único modo de quitármelos de encima porque nadie más me ayudó o me apoyó cuando sucedió.
Ahora siento que hice mal, siento que fue algo terrible. 

14 de septiembre de 2017

Prefiero dejar de sentir.

El lunes pasado, en Los Viajeros del Mary Celeste, comentábamos sobre la construcción de personajes dentro de un cuento: siempre decimos (y estamos de acuerdo) con que debemos saber el cómo y para qué hacer un personaje, brindarle vida y credibilidad; además de otros detalles que son importantes, pero no vienen al caso. 

Actualmente estoy trabajando en tres proyectos literarios propios: 
El primero -si bien no es el principal, es el que lleva más "vuelo"- y publicado bajo seudónimo, se trata del libro "Petricor"; desde que me decidí a escribirlo y comencé con el mismo, estaba planificado como una trilogía. Por el momento tengo publicado "Diarios Químicos" y estoy trabajando en "The Celestial Toymaker", además de acabar de "cuadrar" la trama de una tercera parte. En un par de fragmentos de "Diarios Químicos" aparece un muchacho de cabello muy largo, es una parte bastante triste y fue escrita con una mano muy temblorosa, sentía que estaba sola y que debía incluir un fragmento dedicado a esa persona de pelo largo. 
El segundo -detenido hace más de dos años- y también planeado como una trilogía, se llama "Carta". Con quien tuve el tiempo e interés de explicar un poco de qué trataba y cómo había sido el proceso de escribirlo, sabrán que califico esta publicación como una experiencia bastante fuerte, potente y devastadora; me dejó agotada y fue doloroso escribirlo, incluso leerlo me provoca cierto rechazo, me comporto reticente cuando hablo de aquello. En la primera parte -publicada- hay tres personajes que están todo el tiempo dañándose, odiándose, tanto al otro como a sí mismos. Uno de ellos también tiene el pelo muy largo. 
El tercero es una exploración en un género distinto, el referencial (que agrupa los géneros: biografías, autobiografías, diarios íntimos, cartas y memorias). Me decidí por escribir sobre mis experiencias literarias desde el 2004 a la fecha, poniendo énfasis en el maltrato a autores jóvenes de parte de autores conocidos en la ciudad, la hostilidad del mundo literario hacia los autores emergentes y nuevos proyectos, la violencia y el acoso hacia las mujeres, entre otros temas; en el libro escribo hechos y los complemento con opiniones, reflexiones y juicios al respecto. Me pareció relevante darle espacio a quienes me acompañaron literariamente en algún momento y quienes aún lo hacen; si me conoces, será evidente que el tema "Revista Escarnio" esté presente. Mi historia con la revista está narrada en tres partes no consecutivas: "Hijo de la ignominia", "La incómoda discordia" y "Me pego un tiro", cada una dedicada a los tres editores más conocidos de la misma, incluyéndome. El segundo, practicamente en su totalidad, agradece a una persona, un joven de pelo largo. 

Ahora te preguntarás a qué viene todo esto, aquí está la respuesta. Yo estoy muy conciente de que no fui fundadora de Revista Escarnio, también sé que mis textos jamás fueron los mejores (evaluando mis textos y comparándolos con las publicaciones de autores locales y consagrados), también sé que las revistas que diagramé no fueron las más bellas, ni las que tenían menos errores; pero debo decir que fui la única que se ocupó de la encuadernación de la misma y fui la mejor mientras lo hacía. No es secreto que en febrero renuncié a la revista, tampoco es secreto que ahora trabajo completamente sola en Taller Me pego un tiro. No estoy en labor de negar lo que ya pasó. 

Hace más o menos un mes, el único editor original que queda en Escarnio, negó que mi trabajo con la revista fuera un proyecto conjunto, pues yo no la había fundado; al otro día entendí que jamás fui un "par creador" de este editor, sino una subordinada que se encargaba de las cosas que daban "lata" (impresiones, encuadernación, mail, facebook, blog, etc.). 
Hace más o menos tres días, a pesar de decirle que él era mencionado o habían referencias de él en muchos de mis textos; dijo no sentirse identificado, negó que fuera él. He pensado bastante, me he dado vueltas en la conversación y puedo descartar fácilmente su aparición en "Diarios Químicos" y "Carta", pues todo está permeado de opiniones, es poco claro e incluso ficticio; aunque debo decir que su mención en "Aguas pesadas" es bastante fiel a la realidad, les dejo el texto en bruto (sin correcciones, el mismo texto que él leyó): 

"II – LA INCÓMODA DISCORDIA
En septiembre de 2009 conocí a uno de los tres editores originales de la revista (al que me refiero extensamente en el texto “I – Hijo de la ignominia”), hasta el verano del año siguiente conocí a los otros dos y uno más, uno que nunca se consideró editor, pero a quien se agradecerá siempre el préstamo de su habitación y un computador para editar los primeros números de la revista, y la desinteresada “liberación” de decenas de libros (desde esos años, hasta el día de hoy).
El segundo editor que conocí fue el que primero abandonó el proyecto, según recuerdo no participó en más de tres ediciones.
El tercero era un muchacho joven, salido apenas del colegio; me fue esquivo algunos meses, me pareció arisco y malhumorado, demasiado serio para su edad. Este muchacho ha sido el único editor que ha acompañado a la revista durante sus sesenta y dos ediciones, a lo largo de siete años.
En un comienzo y a causa de los pocos recursos con que contaban los editores originales, les pareció buena idea pedir ayuda a la municipalidad de la ciudad por medio de algunos interesados en la literatura; ayuda que les fue entregada oportunamente. Jamás creas que las revistas literarias de nuestra ciudad no han recibido ayuda de parte de la municipalidad, autores (ya sean pasajes, ayuda financiera, etc.) y proyectos (con insumos y fotocopias); exceptuando las revistas del circuito universitario, quienes han amalgamado los modos de obtener recursos y financiar sus proyectos, entre apoyo de sus preceptores, venta a estudiantes más jóvenes y de sus bolsillos. Menciono este punto porque es común que en tiempos de feria del libro, se critique duramente la instancia, incluso se boicoteen algunas presentaciones o se increpe a ciertos autores, criticando su presencia en la misma feria; “vendidos”, “conformistas”, “¿no les molesta tener pendones de la municipalidad en sus presentaciones?”, “¿van a participar todos los años en esta instancia?”, “¿van a seguir eternamente sacando la revista?”.
Me han herido de muchos modos, siempre aprovechando una inocencia propia de la juventud, confiada y ciega fui engañada, me mintieron y hablaron pestes de mí; me he retirado a mi hogar, a trabajar en la literatura, en mi carrera de narradora y el único ser humano que desde el principio ha estado a mi lado, confiando en mis capacidades y criticando mis desaciertos ha sido este muchacho delgado, el único editor original que queda.
Se me hace terriblemente difícil escribir sobre él, pues fuera del apoyo que me brindado, se ha transformado en un maravilloso compañero en la literatura; reconozco en esta parte que me es imposible hablar desde el recuerdo. Es el encargado de exactamente la mitad del trabajo editorial en la revista, encargándose de la selección de textos poéticos para la misma, escribiendo editoriales que representan lo que ambos pensamos sobre la edición en particular, aportando ideas que con mi experiencia encuadernando podemos llevar a buenos resultados.
Le conocí joven e indeciso, le conocí leyendo y perdido en tiempos remotos, aprendiendo solo, llenando tres cuadernos que luego se reducían a dos o tres poemas. Si bien la disciplina rutinaria no es su fuerte, dedica cada momento de su vida a la literatura. Cuando alguien le pregunta a qué se dedica, con orgullo dice: “yo me dedico sólo a escribir”, al ver los rostros inquisidores desvía la mirada y continúa en su lectura. Mantengo por lo menos metro y medio de libros apilados, todos dejados en mi casa por este lector obsesivo.
Cuando gané un concurso editorial, me felicitó sin más. Cada vez que envío algún cuento, me desea suerte y me dice “no importa” cuando no he resultado seleccionada (cosa que sucede siempre).
Me pregunta cada lunes si iré a juntarme con “Los Viajeros”, siempre respondo afirmativamente. A veces regreso a casa sin haber visto a nadie, por la tarde comparte conmigo un té y me dice que la próxima semana aparecerán.
Ya no me regala libros, pues sabe lo que pienso al respecto –un autor que me regala un libro, pensando que hará bien a mi literatura, me guía según sus gustos, sin respetar mi crecimiento personal, mi instinto y mi ritmo−, sabe bien que recomendándome un cuento basta, ya lo leeré y aprenderé cuando esté lista, cuando lo necesitara.
Escucha cada idea que se me ocurre y tiene el valor que requiere decir “no creo que funcione”, no es complaciente conmigo porque soy mujer. Ha sido siempre respetuoso, su decisión de apoyarme o discutir mis ideas se basa en que cree que yo soy igual a él, somos pares creadores, igual de importantes y sabe que juntos como editores podemos ir más allá que cada uno por su cuenta.
Cada vez que decido publicar un plaquette, me desea lo mejor. Siempre es honesto, sea buena o mala su opinión al respecto del texto, pues sabe que lo publicaré de todos modos.
Permitió que me ocultara durante media hora o más, bajo la mesa de exhibición un día de la feria del libro, me avergonzaba que alguien se burlara de mi estado deplorable, llorando de impotencia porque habían intentado robarnos. Lloré de nuevo al año siguiente, me quedé bajo la mesa otra vez, durante más de una hora; antes había descargado mi rabia contra un poeta absurdo, mentiroso, tonto y flojo, lloré iracunda y este muchacho dejó que mitigara cualquier mal sentimiento, encargándose de todo, diciéndome que fumara un cigarro si eso me hacía sentir mejor.
Podría escribir páginas y páginas sobre este muchacho, pero acabaré este capítulo diciendo: Este muchacho que ha continuado defendiendo con dientes y puños la revista, ha sido un ejemplo para mí de constancia −a lo largo de toda la historia de la revista−."
Quien le conozca, sabrá que todo esto es cierto; o lo fue, hasta el año pasado, hasta el punto en que yo estaba segura de conocerlo bien. Pensé bastante en esto y alcanzo a identificar algunas ideas que creo pertinente expresar. 
1.- Negar esta parte, la descripción de él que escribí en un libro que he calificado dentro del género referencial, más específico en el género de memorias; me convierte en una mentirosa, convierte mi narración en una absurda maraña de mierda. 
2.- Si esto no se corresponde con la realidad, si no describe a esta persona; no tiene que ver con las ganas intencionales de mentir, sino por el hecho de que jamás le conocí lo suficiente como para describirlo de modo satisfactorio, de un modo en que él se sintiera identificado. 
3.- Si lo que escribí sí corresponde a la realidad, la persona descrita no quiere reconocer que tengo razón, que la descripción es acertada. 
4.- No será la primera ni la última vez que alguien dice algo sólo para vengarse, cuando las personas se sienten felices siempre dicen "está bien lo que haces", mientras que si están enojadas dirán "todo lo que haces está mal". 
5.- Cree que lo que digo es insuficiente para el verdadero mérito que tiene, lo que escribo no le hace justicia. 
¿Alguna le parece acertada? no se me ocurren más. 

Ayer (donde se mencionó todo este tema) y a propósito de un mensaje que escribí en facebook, comenzó con una frase que yo terminé con un "...porque siempre estuviste solo", me miró y me dijo que sí, que siempre había estado solo. Mucho después de esto, le dije: "¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? Si dices, crees, piensas que siempre estuviste solo, me has reducido a nada". Respondió con un "No seas melodramática". Me pregunto qué significa entonces su sentencia de que siempre estuvo solo. ¿Acaso me imaginé todo? ¿acaso no vino a mi casa? ¿no se quedó jamás aquí? ¿no le apoyé? ¿no le "cubrí"? ¿no colaboré con sus proyectos? ¿no fui subordinada en la revista? ¿no trabajé con él? Lamento que, aún cuando he renunciado a todos los proyectos que amaba, él sienta la necesidad de negar que yo estuve a su lado en algún momento.  

Con esta entrada, prefiero dejar de sentir.  

1 de septiembre de 2017

Cuando la amapola yace mustia.

La noche que pasó, desperté varias veces. Algunas por situaciones aterradoras en mis sueños y otras por mi gato que exige que despierte y le atienda. Estoy pasando por algo bastante malo, me he visto en la necesidad de romper mi corazón, lanzanlo a una caja con cientos de cartas y quemarlo. Es normal vivir tristeza cuando sientes que te abandonan, aunque más de alguien pensará que seis meses es exagerado para seguir en la misma situación. Me dijeron algunas palabras bastante hirientes, frases que iban envueltas en hastío u odio -no lo sé-. Por bastante tiempo me he visto atrapada por el silencio, mentir para que las personas no perciban mi tristeza y no agobiarlas con mi ánimo; el "agobio" es algo que puedo leer bastante bien en el rostro de las personas que conozco. Confié en que una persona (que conozco hace bastantes años) pudiera escucharme, sin intenciones de que "resolviera" mis problemas -sé bien que no tienen solución, sin embargo, hablar hace bastante bien-, luego de cientos de palabras que se cruzaron entre nosotros, luego de abrir totalmente mi corazón y describir con detalle cada sentimiento, cada pena, cada dolor; me ha dicho algunas cosas que me han acabado por destrozar. Al terminar de conversar, decidí acabar -de una vez por todas- con todo lo que teníamos en común, renuncié a muchas cosas que amé, boté muchas cosas que adoraba y me desharé de otras tantas que ya no me corresponde tener. Hasta el momento en que me dijeron esas cosas terribles, pensaba que otros también serían crueles conmigo, que todos reaccionarían con hastío; no, me soprendió un rotundo no. Un muchacho (que yo y unos amigos identificamos con un gato), no dijo nada al decirle "me iré caminando contigo", tampoco me dijo nada cuando le dije que había peleado con alguien, que por eso me sentía triste. Me dijo "¿me invitas un té?" y llegamos a mi casa, le ofrecí un té y él habló mucho, me hizo saber que un proyecto que tenía en mente estaba avanzando, que se estaba involucrando más y más con sus intereses actuales. Yo hablé poco, escuchaba e intentaba aportar en algo -aunque no es un tema del que sepa mucho-, llegamos a la casa alrededor de las 22:00, se fue a las 1:40 am. Me dejó una sensación de calor en el interior, me sentía aliviada, querida, necesaria. No importó que me sintiera triste, porque llenó cada lugar vacío con su compañía; no fue necesario preguntarme y obligarme a decir algo, simplemente acompañar.
Una vez, hace bastante años, me sucedió algo similar. Decidí ir a ver a alguien a quien extrañaba mucho, me urgía verlo y conversar con él, aunque sabía que pelearíamos. Lo vi, pero estaba ocupado con un grupo de personas. Me senté algunos metros más allá, fumé un cigarro mientras esperaba. En un estado casi de hipnosis, metida dentro de mi cabeza, pensando de un modo extraño, llegué a decirme: "Ey, en algún tiempo él se acercaría apenas te viera, él dejaría todo por ti, él se interesaría por lo que tenías que decirle. Ahora no, ahora eres un animalito al que no se debe poner atención, estás triste y te sobrepasa todo, sientes rabia y sanarte incluye jamás volver a necesitarlo". Me subí a mi bicicleta y pedalee a casa, lento, lento, bajando por diez o veinte cuandras. Me tomó bastante deshacerme de ese sentimiento de vacío, han pasado tres años o quizás más, me ha llamado tres veces. Las primeras dos para "mandarme a reparar un libro", a lo que respondí "llámame más tarde" -la primera llamada- y "no tengo tiempo para reparar libros, tengo mucho trabajo" -la segunda llamada-; él respondió: "no creí que después de tanto tiempo siguieras enojada". Una tercera llamada -este año nuevo-, al preguntar yo quien hablaba y escuchar que se identificaba, le colgué sin más, no volvió a llamar. Agradezco que jamás me lo volví a encontrar de frente en la calle y que sea fácil disuadirlo de marcharse cuando lo veo en la feria del libro. Al comprender que yo era innecesaria, desistí.
Ahora, con todas esas malas expresiones, con tanto odio de por medio, con el hastío marcando su rostro; sentí que tampoco era necesaria. Me prometí no volver jamás, con el tiempo no contestaré sus llamadas, renunciaré a todos nuestros proyectos comunes (ya dejé la mayoría, sólo queda uno), dejaré de hablarle y agradeceré no volver a encontrármelo de frente en la calle. Matarlo en mi cabeza, pensar que ya no existe.

20 de julio de 2017

Radio Zigma

Hace ya dos semanas, estoy participando de Proyecto Radio Zigma, colaborando con un programa dedicado a la literatura: "Los Viajeros del Mary Celeste". Les dejo la plataforma en donde puedes escuchar online el programa o descargarlo como podcast.

Radio Zigma en Mixcloud: plataforma en donde puedes encontrar los programas de Radio Zigma.
Fanpage: para seguirnos, mantenerte informado y dejar comentarios.
Correo: contacto.radiozigma@gmail.com