Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

26 de mayo de 2015

Pequeño apunte sobre un apunte sobre un recuerdo.

"En algún tiempo lejano, mis textos incendiarios eran tomados como un ejercicio de inconformidad ejecutados impecablemente, en donde la crítica ardía como quemadura con ácido, permaneciendo la marca en carne viva; tiempo después, cuando quienes comentaban ya no eran cercanos, el único calificativo para los mismos ejercicios era "esto denota un estado de ego creciente, con tintes megalómanos, eres inmaduro y te comportas como un pobre desgraciado pataleando por atención". Acabó cuando todos dejaron de leer y escuchar, si lo piensas, todo termina cuando cierras tus sentidos al mundo exterior y las opiniones dejan de ser un aspecto relevante en lo que escribes".

Cesare D´Amico (1987), de su diario. 

18 de abril de 2015

Encuentro crítico con Abel (Reseña del comic "Bodeguero" de Visceral)




            Abres los ojos, un precioso sol te acaricia y comienza a quemarte subiendo la temperatura de la habitación. No vives solo –tu madre permite que te quedes mientras ganas un poco de dinero–, tampoco tienes pareja. Sales de tu cama pensando que un buen día comienza con una buena ducha. Te secas y, al mirarte al espejo, te encuentras con el recuerdo de la tarde anterior, una bestia, el dueño del infierno te habla de un trato, te deja boquiabierto el fuego acariciando el pelo en tu cara, medio en broma alguien sugiere un calzón a cambio de la vida, de la libertad de todos estos seres peludos, únicos y especiales que no pueden ver el peligro latente en sus narices; ganan a cambio de un calzón, salvan sus colas de caer en un pozo lleno de muertos vivientes violadores. Escribo del paciente Abel, escuchando a diario críticas por sus gustos nerds y su novela de Ci-Fi “Zozobra estelar”, malintencionadas palabras de su amigo Javier/Leoncio, quien nunca se calla.
            Los diálogos absurdos y el non-sense distorsionan el día de la mano de un peludo de cabellera alborotada; Javier/Leoncio salta frente al paciente zorro, le interrumpe y siempre tiene en la punta del hocico algún comentario que “suelta” sin más, juega constantemente con sentencias ilógicas, un comentario fuera de lugar en cada situación. Te ríes sin querer, provoca tu simpatía porque no piensa antes de hablar, manipulador y desvergonzado; tan simple como un niño, tan absurdo como un niño. Vive el día a día hostigando a su amigo Abel, haciéndole creer que nada de lo que hace tiene valor, que su vida es una mierda, que debe estar agradecido de tener a un amigo “con onda” a su lado; acabas creyendo que sin Javier/Leoncio, nuestro paciente Abel no sería más que un infeliz animal cualquiera. Dependen uno del otro, aunque con una dinámica extraña: el león (que, fácilmente se asocia al concepto de “valentía”) no puede hacer nada sin Abel, siempre le hace actuar para validar sus decisiones. Y el zorro (un animal de naturaleza astuta) deja que el león le influencie y manipule constantemente.   
            Judith y Melisa, ambas mujeres/animales empoderadas, ambas supervisoras de estos desastrosos trabajadores, aparecen para salvar el día; con espadas, inteligencia o sólo tomando la iniciativa para resolver la situación. De algún modo también aceptan la grosera, pero encantadora personalidad de Javier/Leoncio, dejando que deambule provocando desastres en cada capítulo. Ambas demuestran un trato amable con Abel, ambas aprecian su paciencia, sus gustos, confían en él; una contándole el quiebre con su “ex” y la otra leyendo su novela (encontrada en un basurero). 

Puedes ver demonios, puedes ver humanos y pareciera que estos cuatro peludos trabajadores ocultan su identidad del mundo con cabezas y colas furry, dejando que sus frágiles cuerpos de adultos jóvenes sean maltratados por situaciones que hieren su forma de ser, su forma de presentarse ante el mundo y enfrentarlo. Pensando en Abel, viñeta a viñeta te preguntas cómo es que aguanta su vida, cómo es que soporta –como tú, como todos– insultos, malos tratos, un eterno disturbio a su alrededor, la tortuosa provocación de un día que se repite, se repite, se repite y se repite. En fin, puede que todos estemos atrapados en nuestra propia «Bodega S.A. Guardamos su porquería», escondidos dentro de adorables máscaras peludas, agitando nuestras colas para agradar al mundo.   

*¿Quieres un ejemplar del comic “Bodeguero”?
escribe al autor: fcoriverarivera@gmail.com


Publicado en Escarnio Nº50 - Especial Trenes

Botánicaviesa


«¿Si dejas de escribir qué harías? 
Un jardín, fue su respuesta.» 
Cesare D´amico

 
Tengo el recuerdo intacto de mi padre enseñándome a recolectar semillas de cosmos, en las manos juntas formando un cuenco, soplábamos los restos de flor que se mezclaban con las semillas, éstas, pequeñas agujas negras, quedaban en mis manos, mientras los restos florales saltaban fuera, escapando con un ligero soplo, huyendo livianas, cayendo en mis ropas como alargados copos de nieve que jamás se derretían.      

Se parte un macetero, estalla dejando expuestos entramados caminos subterráneos, blancos, abultados, tan apretados que no conseguiría una hormiga introducir una de sus  patas. ¿Qué es eso blanco? –pregunto–, ¿dónde está la tierra? ¿qué rompió el macetero?. Las respuestas son obvias, aún así mi madre las relata como si de un cuento se tratara. Un día la vi impregnando un paño negro con cerveza, limpiaba cada hoja del gomero; de pequeña, me quedé con la idea de que mi madre emborrachaba a los bichos para que cayeran de las hojas, tambaleándose, desorientados, ya no volverían.  

Paseando por los parques de la universidad, una amiga cortó una espiga de entre muchas otras, de color azulado, la colocó entre sus manos suavemente, acunando la oruga de hierba que apuntaba recta a los soles al final de sus manos, las juntó y comenzó a frotarlas, con mirada expectante observé lo que parecía un ser vivo deslizarse de entre sus dedos, librándose del suave agarre, asomando una cabeza puntiaguda.  

Desafié a un joven a cortar un cardo mariano con los dientes, lo intentó, su éxito le provocó varias heridas que colorearon sus labios, mientras un rubor de orgullo se asomaba más arriba; de donde tomé el cardo, también sentí acalorada sangre pegarse a mis dedos, las puntas de las hojas se aferraron a su piel y tocarle dañaba mis dedos; decidí aliviar su malestar besándolo, acabé ruborizada y herida por un desafío.   

            Quisiera recordar a mi abuela caminando jardín abajo, entre frutas y flores, observando atentamente cuál ha de servir para mermelada y si alguna es perfecta para dejarla en mi boca mientras me pide que cierre los ojos. Quisiera recordarme pidiendo dulces infusiones o té amargo y cargado, un menjunje para la pena u otro para olvidar, incluso una hierba para provocar en otros un intenso enamoramiento, recordar también su respuesta “lo único para enamorar es ser sincera y esperar”. Me gustaría recordarla porque no la conocí, murió en agosto, nací en septiembre. 

Publicado en Revista Escarnio Nº48 - Editorial Especial Botánica
        

5 de marzo de 2015

Mi pan, el pan de todos.

Penúltimo día de la Feria del Libro de La Serena, decido junto a Daniel hacer algo para despedirme de nuestros amables colaboradores -amables es decir poco, se han portado excelente con nosotros: respetuosos, confiables, cariñosos, preocupados y valientes-, un jugo de duraznos salidos de un árbol de mi jardín, pan amasado casero y pebre estilo japonés, todo hecho en casa, durante la jornada de la mañana. Empaqué todo cariñosamente, me preocupé de que las cosillas estuvieras ricas, sabrosas, lo llevé a la Feria con cuidado, lo cuidé hasta que la jornada casi finalizó. Estaba contenta de todo, por todos nosotros, por aquella mesa que había preparado para MIS amigos/colaboradores, para los que casi a diario pasaban a saludar, se sentaban con nosotros y reían con nosotros, para los que confiaron en nosotros. Me dedico quince minutos a desarmar el local y viene una vieja de mierda con uno de mis panes en la mano pidiendo comida para personas que JAMÁS se acercaron siquiera a saludar.

-¿Les puedo dar pan a los viejitos del Círculo Carlos Mondaca?
-No, no puede.
-¿Ah no?
-No, este pan yo lo hice para nuestros colaboradores, mis amigos; no para el Carlos Mondaca o quien sea, no para personas que ni saludan ni son amables con nosotros.

Se da la vuelta y camina a la mesa, recibo sonrisas de los muchachos que fueron testigos. Supongo que está bien lo que le dije, me quedo tranquila, pero pensando en el incidente.
Me cuentan después que la loca ésta igual se comió uno de mis panes, además llamaba a los viejitos del Círculo Carlos Mondaca para que fueran a sacar pan. Dejó tres mendrugos de pan en la mesa y le dijo a un amigo mío "cuídamelos" ¡¿qué chucha está pensando?! ¿por qué no le quité el pan y la eché a patadas de ahí?.

Alguien podría decir "ey, es un pan, sólo un miserable pan que se niega a una pobre mujer loca y hambrienta" y yo les digo ODIO QUE LAS PERSONAS QUE YO NO APRECIO NI QUIERO COMAN LO QUE YO HE PREPARADO CON MIS MANOS (Jamás cocinaría para alguien que no conozco, menos para alguien a quien no le tengo cariño). Será un "miserable" pan o lo que sea, podría ser sushi o paella, pero me revienta que extraños se sientan con los cojones de pedirme comida siendo que ni me miran cuando pasan a mi lado, ni les preocupa que yo esté cansada o irritada, ni se detienen a curiosear en espacios en que ellos no participan y menos conocen lo que uno hace. ¿A pedir pan la weona? ¡la próxima me tendrán que detener para no pegarle una buena "patá en la raja" a esa o cualquier otro!

30 de enero de 2015

Invitación a Feria del Libro La Serena 2015

Buen día a todos:

Mis sinceras disculpas a las personas que fueron a la Feria Puerto Libro Coquimbo buscándome, abandonamos la feria durante la mañana del día 24 de enero, problemas con el módulo y otros asuntos que luego resolveremos.

Mañana a las 11:00 comienza la Feria del Libro de La Serena en su versión N°30; Taller Me pego un tiro y Revista Escarnio estarán en un módulo (al fondo de la feria, junto a autores y agrupaciones locales). Se realizará la Feria desde el 30 de enero al 15 de febrero, de 11:00 a 14:00 y 19:00 a 00:00.

Taller Me pego un tiro tiene presentación el día 10 de febrero a las 20:00.
Además acompañamos al autor Samuel Núñez en una lectura poética hoy (30 de enero) a las 20:00, 30 años de trayectoria poética.
Acompañamos también a Vómito Gráfico con el lanzamiento del comic "CyberFolk", el día 2 de febrero a las 22:00.

Estarán disponibles las ediciones de Revista Escarnio publicadas durante el 2014 y 2015; encuadernadas en Taller Me pego un tiro.

Se encuentra también disponible el libro "De bares y vagones. Antología de la obra poética 1986-2014" del autor Samuel Núñez, también encuadernado por Taller Me pego un tiro.

Para consultar más información sobre los autores que colaboran con Escarnio y Me pego un tiro:
Información de autores

Libro "Teleidoscopio" y plaquettes varios (publicaciones entre el 2011 y 2014), encuadernación y reparación de libros.

4 de diciembre de 2014

"Odiadores" / Pequeñas afrentas [Parte I]

-Buenas tardes, son publicaciones de autores de La Serena.
-Ah, de La Serena ¿conocen al escritor Manuel Cabrera?
-Creo haber escuchado su nombre ¿podría decirme el nombre de algún libro de su autoría?
-Uy, tiene muchos libros, no sabría mencionarte uno...
-¿Podría decirme entonces si estuvo en algún grupo, taller o relación con alguna revista literaria?
-Era director de la revista Lapislázuli.
-Sí, conozco la revista, pero es difícil conseguir un ejemplar, los directores de revistas literarias no se encargaron de dejar ejemplares en las bibliotecas, casi no hay registros y, en La Serena, si no te mantienes vigente, desapareces.
-Él era muy conocido, entregaba un buen trabajo porque seleccionaba a los que publicaban en la revista, se preocupaba de entregar buena literatura.
-¿Usted no es de la idea de que cualquiera puede escribir?
-¿Sabes? tú no me entiendes así es que me voy, dame la mano, me voy.
-No, no la entiendo, reconozco que no entiendo lo que me quiere decir y quiero comprender, por eso le pregunto ¿en serio usted cree que sólo algunos tienen derecho a escribir y publicar?
-No, yo creo que todos pueden escribir.
-Ahora me dice que todos pueden escribir, pero recién me dijo que la selección del señor Cabrera aseguraba la entrega de una revista literaria de calidad, o sea, él tenía el derecho de escoger quien escribía bien o mal y usted avala esa decisión calificando su trabajo como "bueno"; por lo tanto, usted está de acuerdo con la idea de que no todos tienen el derecho de escribir.
-No, tú no me entiendes, me voy...
-Algo que puede ser bueno para mí, quizás a usted no le guste. Algo que para usted puede ser muy bueno, a mí me parece pésimo.
-No pienso seguir hablando contigo, sé como eres, te conozco, de negro... ya me voy, me voy.

2 de noviembre de 2014

Nuevas aventuras en la Laguna de Pía



*Relacionado con entrevista a Claudia Hernández*

            Nos juntamos para apoyar a Geko (un dibujante autodidacta), nos reune la idea de entrevistar a Claudia, una mujer considerada por nosotros interesante. Voy con mi hermana, pienso que es importante que ella tenga la oportunidad de escuchar cómo se lleva otro tipo de vida, una ocupación independiente, poco común entre los adultos que ella conoce; Claudia es actriz, dramaturga, directora de teatro y poeta. Ya estamos ahí, nos sentamos cerca de ella mientras responde las preguntas, para mí fue interesante escucharla sin apuros, diciendo todo lo que tenía que decir. Yo iba de “apoyo”, digamos “oyente”; quedé muy satisfecha con todo, aprendí muchas cosas de esa mujer que a menudo saludo, pero que no conocía. De ahí, tomamos unas cámaras de neumáticos y fuimos a inflarlas en la bomba bencinera, caminamos mucho, un niñito en bicicleta nos regaló una tapita para que no escapara el aire de la cámara. De regreso fuimos caminando por las vías del tren que unen el camino del puente Libertador con el camino del puente Zorrilla. De ahí a la estatua de “La Flor de Gabriela”. Bajar hasta el lago. Yo me tiré de inmediato, me encantó el lugar, es hondo y está limpio, oscuro y grande. Mi hermana sabía nadar, se tiró detrás de mí. También Daniel y Geko (había escuchado que era un poco loco, pero no creí que no se tiraría), ninguno sabe nadar. Claudia se subió a la cámara pequeña y remaba con las manos, se fue flotando detrás de una isla de pastos largos en medio del lago. Decidimos seguirla empujado a Geko dentro de la cámara grande. Mi hermana se cansó al asomar de regreso, le dije que se tomara de mi cuello, se cargó tanto que comencé a hundirme. Yo fumo y mucho, a pesar de eso tengo mayor resistencia al agua que mi hermana, no me cansé en todo el rato, incluso empujé a Geko hasta el lugar donde comenzamos la aventura. Me reí mucho, en serio, me encantó compartir ese momento con personas que jamás había visto divertirse en un lugar como ese. Mi madrecita comenzó a llamar “¿ya vienen de regreso?” caminamos hasta la casa, de camino nos invitaron un completo. Llegamos cuando oscurecía, mi madrecita tenía sobre la mesa un montón de panqueques, mi padre estaba enojado. Yo no podía dejar de reír en mi interior, mis padres creen que uno es totalmente dependiente de ellos, que no podemos ir a ningún lado más interesante que al que ellos nos llevan. Comí un montón de panqueques, me gusta ir a la Laguna de Pía.  

16 de julio de 2014

Laguna de Pía

*Relacionado con los “atentados” artísticos de F.A.R.C.*

            Fui a la hora acordada, en el lugar acordado. Me involucré sabiendo que no estoy del todo de acuerdo, lo hice de todos modos ¿por qué? Recibí una invitación nada formal, en una mesa con cenizas: había personas comprometidas y luego no quisieron colaborar (“no, yo no hago eso”). Llegué con un amigo, a ambos nos invitaron, yo no entendí de qué iba todo, era extrañísimo que nos invitaran, conscientes todos de que no teníamos mayor comunicación entre nosotros o amistad, compromiso, rabia, ideas; no supe la razón correcta, me invitaron e involucraron. Personalmente no siento pertenencia con un lugar, ni con el lugar en dónde nací, ni las ciudades en que he vivido. No tengo esa inquietud social por mi entorno –ni cuando era estudiante lo sentía–. Creo que soy la personificación del desinterés… creo que las personas, como último recurso, fingen estar informadas y hablan de todos como si sólo los demás cometieran errores. Mira ¿sabes? vamos a reclamar contra el festival de las artes, porque vienen puras personas de otros lugares, nadie de acá, nadie que valga la pena ver. Vienes el día x a las xx:xx, caminaremos por el puente, de negro, cargando bolsas llenas de bombitas de agua. ¿Un atentado inofensivo? Sorprendentemente se juntan tres personas que no se soportan, ni se hablan, ni se quieren. Veo y siento que todo es un error ¿rabia? Había que hacerlo, nada más. Tuve que enfrentarme, con miedo, a los recuerdos de la noche anterior, sangre y reclamos, caminatas interminables, tedio. Se veía pésimo, se notaba que quería largarse, yo no quería irme, quería vivir eso que parecía emocionante. Caminé, intenté hacerlo relajada, no pude. No recuerdo mucho de la caminata por el puente. Mis ideas vuelven claras cuando comienzan a gritar; yo no podía gritar, nunca me ha gustado gritar. Del lado opuesto escucho una sarta de garabatos “puta” “perra” “blablabla”. Nadie gritó más que él, nadie hizo las cosas con tanta rabia como él. Me sentí cansada, enferma. Creo que tiré mi bolso contra la escultura inútil. Fotografías, el centro de toda la atención aquellos gigantes contra los que peleábamos. Calor, sol, demonios escapando del hombre iracundo.
            Hora y tanto después. El lago, un pito, cigarrillos, vacas (sí, animales). Quiero tirarme al agua, cansarme más, olvidarme de todos esos insultos que escuché. Me saqué el pantalón, me dejé la camisa. Sólo un muchacho vio cuando me lancé. No quería comprobar qué tan hondo era, todo el tiempo me mantuve a flote, a duras penas. Era la primera vez que me atrevía a nadar, sin miedo, sin mayores esperanzas de avanzar. A medio lago me pregunté ¿puedo?... fui hasta el otro lado, ahí donde jamás había ido. Toqué las piedras, me devolví de inmediato. Nadé, el resto ya sabía que estaba metida en el lago. Me esperaba el muchachito, me preguntaba si estaba bien… ¿para qué? él no sabe nadar.        

[Advertencia: lazos oníricos incluídos]

9 de julio de 2014

Fósforo

   Encendía cerillos porque le parecía que la vida se iba en ello. Uno encendido, la llama que encendía el cigarrillo en la madrugada, cuando sentía ruido en las casas vecinas, cuando los automóviles comenzaban a encenderse para iniciar la huida de casa, nunca vio a las personas, nunca le importaron las personas, veía todo desde un lugar más alto, en donde también podían verla aspirar humo y botarlo despreocupada. El gato duerme, a veces, hecho un ovillo más negro que blanco. Tengo un palillo incendiario entre los dedos, una llama fuerte, amarilla. Deben mis ojos abrirse, mis pupilas dilatarse, quizás. Va por otro camino el asunto, recuerdos, recuerdos, "buen día" "mis disculpas" "gracias", miedo a que la vela, diminuta vela, se apague antes de tiempo. Maullido, mis dedos se tiznan, calor y una última llama azul eléctrico. Agito y boto. La próxima durará más tiempo entre mis dedos.