Antes de leer alguna entrada de "Cierto personaje acusado de alta traición":

3 de agosto de 2011

Pía, la encontrada

Me preguntaba si odiarse es algo bueno, después de todo estamos tan preocupados de los demás que pareciera que nos olvidamos de nosotros. Hago labores de reparación de libros estropeados. Me dedico a confeccionar muñecas de trapo. Me encanta estar sola cuando acabo de corregir algún texto a medias. Tengo tareas pendientes que quisiera hacer rápido y eficientemente, pero depende de otras personas lo expedito del trámite. ¿Qué les diré a las personas que hablan mal de mí cuando me vean sola? ¿que mi amante me dejó tirada por otra lesbiana?... [risas]. Intentaré subir entradas al blog aunque no esté preparada para retomarlo, creo que el "rosa" ya perdió un poco de brillo y es necesario un pequeño retoque.

PD: Señor Lector, si no le gustan estos arranques de sinceridad o tiene algo de qué quejarse, guárdese sus comentarios, no quiero comentarios, no quiero sentir que debo satisfacer a un extraño cuando apenas puedo satisfacer mis necesidades. Muchas gracias.

25 de julio de 2011

Pía, la perdida

Hace días espero que una persona me llame, así concluiríamos la conversación que dejamos a medias. Hace una semana que no entro a la ducha, hace mucho que dejé de preocuparme por la gente que mira mi cabello y se pregunta por qué está tieso, hace rato que no me interesa que alguien me acompañe a beber ¿necesito o no a esa gente que me agrada?.

5 de julio de 2011

¿Otro héroe? ¡no por favor!

Leí este texto en una red social y quise completarlo escribiendo un pequeño cuento a propósito del tema, completando los versos y transformándolos en prosa.

De: “El valor de los poetas” de Harry Gonzalo [en azul].
Mejora: “¿Otro héroe? ¡no por favor!” de Pía Ahumada [en amarillo y azul].

Hoy tuve una idea pues me sentía el jodido amo del universo, mi ego había aumentado 0,1%,
Y tomé valor, ya era hora de recordarle al mundo que soy el mejor poeta del mundo. En auto
Llegué a mi casa y afilé el cuchillo, uno de cocina que le regalé a mi mujer el día de la mujer
Caminé sereno bajo la noche empinando el codo, casi tropiezo con mis propios pies, en fin,
Pensando mi próximo movimiento miré al cielo y pensé que las estrellas son bellas luciérnagas
Y le robé el fusil a un milico pajarón que orinaba cerca -ambas manos en la pija ¡demasiado! -
Que hacía guardia en molinos viejos, tenía demasiado tiempo libre al igual que yo y mi poesía,
Hoy tuve una idea (¡una idea genial! como mi abdomen abultado de  mujeres  y buenvivir):
Una idea que a nadie más interesó o atrajo, una que no considerarían por jactanciosa, a nadie
Se le habría ocurrido ¡a mí sí! el escogido entre los mejores, el elegido entre los bendecidos,
Y salí a matar poetas, poetas jóvenes, poetas malos, mujeres poetas, homosexuales poetas,
Uno a uno fueron cayendo muertos, acribillados, con sus rostros ensangrentados, llorando,
Los “prolijamente” escogidos, los que se creían los elegidos, lo que disfrutaban como elegidos
Y luego amontoné sus ahora útiles cadáveres, me bajé los pantalones y me masturbé mirando
A orillas del rio Elqui como hacen los místicos y los verdaderos poetas y los famosos poetas.
Hoy tuve una idea genial: “me las mandé” “soy un geniecillo” “un pequeño Rimbaud”…
Y salí a matar poetas que publican en redes sociales, que hablan de la caca y de sexo malo
Ahora sí vale la pena leerlos, mañana me pegaré un tiro y seré famoso también ¡oh lalá!.

*No le he pedido permiso al autor, pues él tomó el riesgo de publicarlo en una red social. 
No tengo intenciones de quitarle el crédito ni la autoría.

25 de junio de 2011

Contando ovejas negras con poca lana

La última vez que fui a ver a mi familia (a mi ciudad natal) crucé algunas palabras con mi madre, ella revisaba un ejemplar de la revista Escarnio y me preguntaba quienes eran los editores de la revista, yo le dije sus nombres y los textos que aparecían de ellos publicados en ese número, ella los leyó y comentó: estos niños son intelectuales, escriben muy bien, con muchas cosas, y yo en tono gracioso le dije "son muy buenos, leen mucho... de los tres soy la oveja negra, lo más malo", a propósito de mi comentario ella sonrió dándome la razón; fue curioso porque ella siempre le dice a sus amigas que me apoya y siempre está atenta a lo que hago porque es mi "fan", sin embargo, cuando comencé a leer -y escribir- a ella no le gustaba mucho: perdí a mis amigos y mis enemigos perdieron el interés, además mi profesor le dijo a mis padres que yo me iba a suicidar. Muchas veces pienso que mi madre dice que me apoya o que es mi "fan" porque le corresponde como la madre responsable que es, no creo que entienda siquiera la mitad de los textos que lee. 
A propósito de estas sonrisas de poca confianza, hace algunos días escuché un comentario similar, eso sí, lo escuché por un cuarto sujeto que me transmitió la información, era algo similar al asunto de "la oveja negra", pero esta vez los descarriados éramos dos [risas], es gracioso porque un desconocido se siente con la autoridad de hablar de las capacidades de los demás sabiendo que sus "gracias" ya caducaron. 

PD: por favor no escriban comentarios, si llega alguno lo leeré, pero no lo publicaré.

13 de mayo de 2011

De conversaciones inconclusas [XV]

Los árboles parecen ser nuestros únicos testigos ¿qué insinúan? ¿cómo es que no alcanzamos a embriagarnos con el curioso ritmo de sus susurros?. Las estrellas, la luna menguante, Saturno. Pocas veces he deseado tanto, tantas veces y sigues diciendo cosas que harían estallar en llanto a cualquier otra mujer, respondo con la verdad o dejo que el silencio aleje tus sentencias, nada más. El silencio es algo que pocas personas quieren. El cigarrillo deja su marca en las ropas, en mi rostro hay siempre una sonrisa de medio lado. Perros cruzándose otra vez en mi camino, perros que muerden mis zapatos, perros que beben y se mojan las patas, perros que cantan, perros que caminan en tres de sus cuatro patas.  

11 de mayo de 2011

El insano ritual de cada noche I

*Cigarrillos liados a mano.
El humo de aquellos cigarrillos es particularmente denso. Siempre la mirada perdida intentando seguir el humo que sale de su boca. El contenido de cada inspiración debe llegar a tu boca, todo lo que alcances a guardar sin distorsionar para ello tus mejillas, el contenido debe introducirse a tus pulmones llenándolos, un resto quedará alojado en tu boca. La nariz permitirá que tus pulmones evacúen el humo, no sin antes botar el humo de tu boca formando círculos, rostros, mujeres; esta es la sustancia pura y densa con la que puedes jugar a ser un animal, las rutas que toma el humo te da una idea de la velocidad y dirección del viento. El humo que te conecta con el verdadero vicio se calienta en tus pulmones, queriendo salir por alguna vía produce un ardor en la garganta, detrás de la nariz. Un leve mareo llega a tu cuerpo en lo que el humo sale a través de la boca, las piernas temblando como a continuación de un orgasmo. La última calada más caliente que las predecesoras y con el sonido del papel quemándose dentro de la boquilla, la inquietante sensación de que necesitas liar otro. El silencio, la noche, la contemplación de todo lo que jamás habías notado.

De conversaciones inconclusas [XIV]

Los perros respiraban al compás del suelo, dormidos seguían los destellos verdes de las raíces que a momentos  se dejaban ver. Los árboles siempre presentes quizás quieran decirnos algo ¿cómo saberlo?. Necesitaba vomitar, vaciar mi estómago de los perros que respiraban unidos a mi vientre. El sonido de todas las cosas, de todos aquellos pequeños perros que intentaban llamar mi atención, las jugarretas y el forcejeo, perro durmiendo a mi lado, más allá y hasta donde podía ver.

IV. Las hojas aplastadas.

Larga avenida de semáforos en rojo, yo leía. El sonido de las hojas secas quebrándose se escuchaba a mi espalda, detuve mi lectura y esperé que el ruido cesara. Las personas caminaban por la acera cercana, a ambos lados, pocos automóviles. La errática caminata de una viejecita de falda larga, chamarra y gorro de distintos colores me llamó la atención, a cada paso intentaba pisar una de las hojas estrelladas que yacían en el suelo, a cada paso tronaba una hoja y si no lo hacía, la abuela movía su pie sobre la hoja hasta que lograba quebrar el delicado marrón que se había asentado en ellas. Sonreí, seguí leyendo mientras el sonido de las hojas aplastadas me hacía grata la visita a la avenida. Quizás algún día puedas escuchar los pasos de la viejecita.

10 de mayo de 2011

Los ojos tristes de mis compañeras de cama [IX]

En el balcón era fácil encontrarla mirando el cielo despejado del desierto, viví algunos años con ella, los tiernos años de su niñez. Una cuantas veces cerré la puerta para que nadie pudiera ver lo que hacíamos allí, los detalles de nuestras conversaciones las escribió en un diario que más tarde sirvió de prueba para que me alejaran de ella. La casa era grande, de dos pisos, un balcón con baranda de madera, ventanas grandes, todo estaba siempre limpio, demasiado limpio para una casa que debía soportar las inclemencias del desierto más árido del mundo. En aquel balcón tomé su mano y la besé con sentimientos de culpa pulsando en mi estómago. Yo bebía cerveza, ella jugo de naranja con algunas rodajas de plátano en el fondo del vaso. Su ropa era la de una niña, los detalles de la tela estampada con flores me provocaba abrazarla hasta que me pedía que la soltara, aquellas flores fueron testigos de tantas tardes de pequeños besos. ¡Ah! pequeña mariposa observando el cielo ¿cuándo emprenderás el difícil camino?. En aquella casa ya alguien sospechaba de algo extraño, los ancianos siempre saben lo que sucede a su alrededor o creen saberlo, da igual, la anciana completó la historia con cosas que no había visto, buscó alguna prueba y la expuso. Naturalmente me expulsaron de la familia, de la casa, todos me aborrecían. Le dije a mis amigos que me iba a estudiar a otra ciudad y tuve una coartada perfecta, nadie jamás volvió a preguntar. De vez en cuando le envío una carta y ella la responde con la frescura de los años de su niñez.

9 de mayo de 2011

De conversaciones inconclusas [XIII]

El cielo parecía fundirse con el árbol que jamás se movió, las hojas, el tronco. Las cenizas de una vieja fogata hacían que toda aquella visión fuera de un pasado duro. El fabuloso descubrimiento de algunas flores que conservaban su color aunque hace tiempo habían muerto. La soledad y el silencio que tanto me hacían falta me dieron una último respiro antes de regresar y de preocuparme, y de esperar, las últimas cartas o las primeras de otro tipo de misivas, ¿se podrían publicar aquellas cartas que ambos escondemos debajo de nuestras camas?.